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MANUEL PALOMINO | Escritor, autor del libro "Dramaturgia asturiana contemporánea"

"Asturias suele pagar a las gentes del teatro con olvido, desprecio e incomprensión"

"En la escena costumbrista han aparecido voces femeninas, algo inaudito hace unos años"

Manuel Palomino, con un ejemplar de su libro "Dramaturgia asturiana contemporánea".

Manuel Palomino, con un ejemplar de su libro "Dramaturgia asturiana contemporánea". LUISMA MURIAS

Manuel Palomino Arjona (Mieres, 1966) es licenciado en Literatura y aficionado al teatro desde niño, formó parte del grupo "Talía" en el Instituto de Roces (Gijón), es autor del ensayo "El teatro en Asturias 1975-1989" y premio "Padre Patac" por su "Bibliografía universitaria asturiana". En 2002 empezó una colección relacionada con las artes escénicas, que ya supera los cien mil objetos, y acaba de publicar "Dramaturgia asturiana contemporánea", editada por Lulu.

-Ha dedicado su nuevo libro a los dramaturgos en el olvido.

-He pretendido ser exhaustivo, aunque deben de haberme quedado bastantes flecos. A mí, personalmente, me gustaría que se rescatasen las figuras de Manuel Llaneza Iglesias, Felipe Emilio Villa, o Agustín de la Villa, pero hay otros muchos como estos.

-Asturias tiene tradición en monólogos y teatro costumbrista, ¿cómo han determinado el desarrollo de su dramaturgia?

-Así como las comedias de "sidros" o "guirrios", en proceso de declaración como bien de interés cultural, gozan de una relativa buena salud, el monólogo asturiano ha sido vilipendiado y denostado hasta casi su desaparición, por lo que se está diluyendo en otras propuestas teatrales más cercanas a la "stand up comedy" o a la narración oral. Entre otras manifestaciones teatrales típicamente asturianas habría que mencionar L'Amuravela y el Trato da Xata. El teatro costumbrista tuvo su momento más álgido durante la posguerra, pero ha sabido plantear nuevos temas, con el respaldo masivo de un público que busca la evasión y la cercanía. La perfecta organización de los grupos aficionados en torno a Feteas hace que vivamos un boom del teatro costumbrista en Asturias, siendo especialmente relevante la prolífica figura de José Ramón Oliva. Además, han aparecido, algo inaudito hasta hace pocos años, nuevas voces femeninas.

-¿Tiene futuro el teatro escrito en asturiano?

-El futuro del teatro en asturiano pasa por la relevancia que le quiera dar la sociedad asturiana. De momento, ha sido postergado al teatro costumbrista o al monólogo teatral, mientras nuestros dramaturgos más interesantes escriben, desde su diáspora personal, en español. Después de que Maxi Rodríguez nos incorporara a la generación del "Marqués de Bradomín", José Luis Busto se alzó con el mismo galardón, pero ya en pleno declive de dicho premio. A ellos les seguirán David Barreiro, José Manuel Corredoira, Ernesto Is, Jorge Jimeno, César López Llera, Marco Magoa, Sergio Martínez Vila, Lucía Vilanova y Néstor Villazón, y dentro de un ámbito más restringido y empresarial, estarían Jorge Moreno, Laura Iglesia, Sandro Cordero, Ángel Adonais, Rodrigo Cuevas y "Pelayo RoCal".

-El libro está organizado como un gran diccionario. ¿A qué periodo cronológico se ciñe?

-Parece haber un consenso en atribuir a Pedro Granda el origen del teatro asturiano contemporáneo, aunque, ya antes, Perfecto Fernández Usatorre le había dado forma, y llega hasta 2018.

-¿La creación teatral en Asturias vive un buen momento?

-Sí. Un buen indicio de su vigor y del rigor que lo sustenta es la aparición de innovadores y teóricos, como Lauren Atanes, Marcelino Camporro, Yoshua Cienfuegos, Mónica Cofiño, Rosario Hernández Catalán, Sofía Herrera y Juanma F. Pina. Además, hay muchos pioneros como Carlos Alba "Cellero" y Vanessa Peña, Irene Álvarez Coto y Lucía Bernardo Suárez, Nel Amaro y Eduardo Yagüe, Marisa Fanjul, Ángel Guache y Pablo Cortina, José Luis Montoya, Alicia Pilarte y Adriana Segurado, José Rico, Robert Taboada, Lucía Wegner y "Zig Zag Danza". Además de otros pedagogos como Lucía Bernardo, Carlos Fernández López, Isabel Tejerina, Manuel Valiente Artidiello y Etelvino Vázquez.

-¿Cuál ha sido el impacto de la Escuela Superior de Artes Escénicas de Asturias?

-Recuerdo que el ITAE consiguió ser un referente nacional, y en 1996 se certificó su muerte. He reparado en la gran actividad pedagógica generada en torno a sus nuevos titulados, lo que tal vez indique que su formación es insuficiente para enfrentarse a su futuro laboral. Otro aspecto a considerar sería qué encaje tiene en la Universidad de Oviedo, puesto que esta recurre a la ESAD en sus actos de Extensión Universitaria.

-¿Y el apoyo institucional a las compañías?

-Ante la ausencia de la iniciativa privada, el teatro en Asturias cuenta con una compleja organización asociativa. Al apoyarse en recursos públicos es muy sensible a los cambios administrativos, como ocurrió al ser modificado el modelo de financiación del Circuito del Teatro. El teatro en Asturias, como en todo el mundo, se sustenta en la vocación y la pasión de las gentes que lo practican, lo que implica darlo todo a sus espectadores, que son la representación de una sociedad. En general, dicha sociedad suele pagar con el olvido, la incomprensión, el desprecio. Hoy por hoy, la sociedad no puede exigir más a un teatro que hemos condenado a la periferia, porque está aportando mucho más de lo que recibe. La sociedad asturiana debería reflexionar sobre qué quiere que sea su teatro.

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