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FERNANDO LASTRA | Consejero de Infraestructuras y el diputado más veterano, ayer puso fin a 32 años de intervenciones en la Junta

"Veo las series que me aconseja Emilio León"

"Valoro mucho en política lo que significa saber cosas: personas que saben cosas"

Fernando Lastra, ayer, en la Junta.

Fernando Lastra, ayer, en la Junta. LNE

Fernando Lastra Valdés (Cangas del Narcea, 1958) es licenciado en Filosofía, Ciencias de la Educación y Pedagogía por la Universidad de Oviedo (1981). Ingresó en la Junta General del Principado en 1987 en representación del PSOE. Ha sido diputado raso, portavoz de su partido y, en los dos últimos años, consejero de Infraestructuras. Acaba de ser incluido por el PSOE en la lista para el Senado. Ayer protagonizó su última intervención en la Cámara respondiendo a siete preguntas de la oposición. Acto seguido, en la cafetería de la Junta, mantuvo esta conversación con LA NUEVA ESPAÑA, en la que analiza una trayectoria de 32 años que ha marcado un singular estilo parlamentario.

- ¿Se acuerda de su primera intervención en esta casa?

-Sí, sobre un accidente que había habido en una atracción de feria. Un diputado del PP pedía al Gobierno de Asturias que tuviera control sobre ese tipo de actividades.

- ¿Estaba nervioso ese día?

-No, no. Los asuntos se distribuyeron en la reunión del grupo parlamentario una hora antes del pleno. Bernardo Fernández, consejero de la Presidencia, era el encargado de distribuir temas.

- ¿Ahora prepara las notas en papel o en una tablet?

-Siempre a bolígrafo.

- Ha sido portavoz del grupo socialista y consejero. ¿Dónde se siente más cómodo?

-De portavoz, sin duda. Mi satisfacción es el Parlamento. Aprieto el botón para activar el micrófono y me encuentro como pez en el agua.

- ¿La intervención más comprometida que recuerda?

-Hubo una especialmente negativa que comprometía a un cargo del Gobierno, un director general de Seguridad, que venía siendo denunciado por una represión policial en el régimen anterior. Se mezclaba lo cierto y lo falso en dosis similares. Yo no era portavoz, pero me lo encargaron para que hiciera una intervención suficientemente difusa (risas).

- ¿Cuántas veces llegó a su casa después de una interveción parlamentaria y le contó lo sucedido a su mujer?

-No soy muy de eso, de llevar los problemas a casa.

- ¿Cuánta importancia ha tenido el capote en su trayectoria en la Junta?

-El debate parlamentario tiene mucho de capote, sin duda, pero hay mucho estoque. Lo que debería haber menos es descabello. Estoque tiene haberlo, y que sea limpio.

- ¿La intervención en la que más haya disfrutado?

-Manifesté una especial satisfacción por un acuerdo comercial con Canadá, con el ambiente en contra de quienes querían confundirlo con Estados Unidos. Y otra discusión sobre la bondad o maldad del referéndum como instrumento de la democracia.

- En el pleno de hoy [por ayer] ha citado a un montón de autores: Hegel, Napoleón, Joyce, los presocráticos... ¿A quién ha citado más a lo largo de su carrera?

-A Ortega y a Platón. Y últimamente Churchill: es una debilidad.

- ¿Qué le seduce más de Churchill: su obesidad, lo mucho que bebía, los puros que fumaba, los 90 años que vivió...?

-Lo ingenioso que era. Debía de ser un "repunante" de mucho cuidado, pero hay piezas de su oratoria que son soberbias, lo mismo que muchas citas que se le atribuyen. Entre Oscar Wilde y él deben de repartirse la mitad de las citas célebres... Si no son verdad merecerían serlo, da igual, porque iluminan cualquier discusión.

- ¿Usted lee libros enteros o los picotea?

-Yo leo libros completos.

- ¿En este momento...?

-Novela negra, y la compagino con un libro de Mark Lilla, el politólogo norteamericano, sobre las razones por las que ha triunfado el populismo y las debilidades del discurso de la izquierda.

- ¿Ve muchas series de televisión?

-No, me estoy acostumbrando. Eso se debe a la relación de proximidad que he establecido con Emilio León [portavoz de Podemos]. Me ha transmitido un cierto interés y yo le hago caso. Descubrí tarde "El ala oeste de la Casa Blanca", una serie que no envejece.

- ¿Cómo compagina la politología universal con el compromiso por "su" Cangas del Narcea?

-Con Cangas no hay un compromiso, hay otra cosa, hay una identificación. Nos pasa a todos los cangueses. Para nosotros, Cangas es una especie de Macondo, un lugar de realismo mágico. Cuanto te sumerges en la realidad canguesa, el tiempo se para.

- ¿Cada cuanto hay que ir a Cangas para mantener ese vínculo?

-Aunque vayas de pascuas a ramos, lo vives con una intensidad tremenda, y te jode marchar.

- Tras 32 años aquí metido [en la Junta], cómo consigue mantener la conexión con la calle?

-Uno no está aquí metido. Uno viene aquí de la calle. No he dejado de ser una persona corriente.

- ¿Lo más llamativo que le ha sucedido en la calle?

-Lo más llamativo es cuando te felicitan. A mí ya me ha ocurrido: ya han llegado incluso a felicitarme (risas).

- ¿El oponente más correoso que se ha encontrado en la Junta?

-Tengo recuerdo de una cierta aspereza con un portavoz que tuvo el PP, Javier Amandi. Recuerdo también a Isidro Fernández Rozada...

- ¿El político de más talla que ha visto por estos lares en estas tres décadas?

-Tengo una profunda admiración por la representatividad política que ejerció Jesús Arango como consejero de Agricultura. Era representativo de un mundo. La capacidad de Tini Areces era desbordante. Y la templanza de Javier Fernández va a ser recordada. Y quiero destacar a Luis Martínez Noval porque valoro mucho en política lo que significa saber cosas. Personas que saben cosas.

- ¿La máxima política con la que más se identifique?

-Una de Aristóteles al hilo del conflicto de Cataluña: "Sin ley no hay república".

- Cree que el "fernandolastrismo" pasará a la historia del parlamentarismo asturiano?

-¿Es que no lo está ya?

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