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Gimnasia mental para estudiantes inquietos

Cuarenta universitarios ejercitan el "pensamiento crítico" sin prejuicios en el primer torneo nacional del Club de Debate de Asturias

Pablo Revilla, de pie, a la izquierda, e Imanol Goicoechea, jueces del torneo, se dirigen a varios participantes. A la izquierda, en la fila delantera, Julio Díez Enguita y Ada Junquera; detrás, Marina Balsera y Lucía García. A la derecha, Lucas Moledo, Alba Cortés y Adriana Vence.

Pablo Revilla, de pie, a la izquierda, e Imanol Goicoechea, jueces del torneo, se dirigen a varios participantes. A la izquierda, en la fila delantera, Julio Díez Enguita y Ada Junquera; detrás, Marina Balsera y Lucía García. A la derecha, Lucas Moledo, Alba Cortés y Adriana Vence. IRMA COLLÍN

El tema es la "narrativa del elegido", la proliferación de las ficciones en las que el protagonista, Harry Potter, Luke Skywalker o Supermán, es el héroe ungido, el único capaz de resolver todos los problemas. Han preguntado a ocho universitarios por las implicaciones de la inoculación social de este tipo de relato, si es sano o no, si les agrada o no y por qué. Pero ellos sólo van a poder escoger los argumentos. La cuestión de fondo y la postura que deben defender les han venido dadas de antemano y sólo conocen uno y la otra desde hace quince minutos. En la clase de al lado está sobre la mesa una discusión sobre si convendría pagar a los políticos el equivalente a la mediana de los sueldos del país; después vendrán las relaciones de pareja o el "Brexit". Esto es el aulario del campus del Milán de la Universidad de Oviedo y ha comenzado el primer torneo nacional del Club de Debate de Asturias, gimnasia mental para unos cuarenta universitarios que buscan razones para apoyar o rechazar, según les toque, un asunto que han conocido hace un cuarto de hora.

El tipo de flexibilidad que se evalúa en esta competición es diferente, otra clase de contorsionismo que tiene más que ver, habla Pablo Molins, subcampeón del mundo de debate en castellano y componente del equipo que adjudica los temas en el certamen ovetense, con el sano ejercicio de tener entrenado el músculo del "pensamiento crítico". O con los beneficios de escapar de los prejuicios, de la propia ideología, para aprender a mirar la realidad poliédrica desde otros puntos de vista. Ayuda que la pauta de selección de temas los busque "equilibrados", con los blancos y los negros lo más difuminados posible y sin posturas claramente indefendibles? En la final del concurso mundial de 2017, ilustra el presidente del Club de Debate de Asturias, Imanol Goicoechea, el punto de partida pedía argumentaciones a respuesta fija sobre la hipótesis siguiente: "Donald Trump y Nicolás Maduro han sido envenenados y sólo se puede salvar a uno".

Las reglas del juego dirimen el debate en dos bandos de cuatro componentes, un "gobierno" y una "oposición" que se subdividen a su vez, por parejas, en una "cámara alta" y una "cámara baja" que dentro de la misma postura deben diferenciar sus argumentos para ganarse el favor de los jueces. La fase clasificatoria de ayer hizo la primera criba para elegir al dúo ganador tras las semifinales y la final de hoy. En la salida hay alumnos de Asturias, Salamanca y Galicia con una sorprendente primacía en algunos grupos de estudiantes de carreras científicas. Entre los ocho contendientes del aula 5 hay tres de Biología, una de Medicina, Enfermería e Ingeniería Informática, un estudiante de Filosofía y una de Magisterio. Los jueces que los evalúan son Imanol Goicoechea, que cursa el doble grado de Matemáticas y Física, y Pablo Revilla, graduado en Biotecnología.

Junto a Pablo Molins, ingeniero informático por la Autónoma de Madrid, diseñan los temas Alba Morán, Biología en la Universidad de Oviedo, y Carlota Noguerol, gallega, estudiante de Física y Filosofía. En la base de su gusto por la discusión está la saludable convicción de que "una misma idea se puede defender desde muchas perspectivas distintas", apunta Morán, que en las ligas de debate ha aprendido a no dar nada por sentado y a olvidarse "de defender las cosas sólo desde una óptica", a configurarse "una mentalidad abierta" y a comprender que esto no va de "cambiar de chaqueta. Casi nunca es necesario hablar en contra de tus ideas", dice conectando con su convicción de que la realidad deja que se la mire desde una múltiple variedad de puntos de vista.

Entrenar es estar muy al día, "leer mucho la prensa, ser crítico, comparar". Relativizar. Estirar el músculo de la tolerancia, poner a prueba los propios prejuicios y "cambiar la mentalidad", aporta Molins, convencido de que todo esto enseña a renunciar a ir de frente "hacia donde te llevaría tu ideología", a "pensar de forma crítica a favor y en contra" de todo lo que se oye o se lee y a estimular la capacidad del oído para identificar "posturas legítimas con argumentos razonables" en todas las banderías ideológicas.

Tal vez sea este pensamiento crítico desprovisto de apriorismos una actividad muy distante del modus operandi del político español contemporáneo, con su apego a los argumentarios predefinidos por los partidos, pero sucede que algunos de los dirigentes de la primera línea actual -véase Albert Rivera- empezaron a ejercitar el músculo de la oratoria y la persuasión en torneos como éste. Advertencia: "Aquí hay unas reglas que no existen en el debate político", afirma Noguerol. "Ellos tienen que conectar con la gente, aquí entran otros factores". "La gran diferencia es que aquí los jueces se esfuerzan por ser neutrales", remata Molins.

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