05 de junio de 2019
05.06.2019

La contaminación en el embarazo afecta al desarrollo genital de los niños

El estudio, con una relevante aportación de investigadores de la Universidad de Oviedo, alerta de los efectos de los plaguicidas

05.06.2019 | 00:52
La contaminación en el embarazo afecta al desarrollo genital de los niños

La exposición a contaminantes orgánicos persistentes durante el embarazo, aunque sea a niveles bajos, puede afectar al desarrollo genital de los niños y ocasionar alteraciones del tracto reproductivo con importantes consecuencias en la madurez.

Investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Instituto de Salud Carlos III de Madrid han demostrado ahora que la exposición ambiental a ese tipo de contaminantes, como plaguicidas o retardantes del fuego, afecta al desarrollo genital de los niños. Aunque la fabricación de esos contaminantes está en la actualidad severamente restringida o prohibida, todavía persisten en el medio ambiente, y diversos estudios han asociado la exposición durante el embarazo con distintos efectos adversos en el desarrollo y la salud de los niños.

La investigación, cuyos resultados ha publicado la revista Hormone Research in Paedriatics, ha sido liderada por Adonina Tardón, de la Universidad de Oviedo, y con el investigador predoctoral Miguel García Villarino como primer autor, ha concluido que la exposición prenatal a esos compuestos orgánicos está asociada a algunas alteraciones, como una distancia anogenital más corta, lo que puede tener importantes consecuencias en la madurez. El estudio se enmarca en el proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), que tiene como objetivo el estudio del papel de los contaminantes ambientales más importantes en el aire, el agua y en la dieta durante el embarazo y el inicio de la vida, y sus efectos en el crecimiento y desarrollo infantil. Estos contaminantes orgánicos persistentes que se han utilizado durante décadas (como el pesticida DDT o algunos retardantes del fuego), contaminan el agua, el suelo y los alimentos, y alteran las funciones del sistema endocrino provocando efectos adversos para la salud.

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