12 de julio de 2019
12.07.2019
El inicio de la nueva legislatura autonómica

Barbón tiende la mano invitando a Podemos a asumir su pasado: "El bloqueo no da resultado"

El candidato socialista se abre a "grandes consensos" en retos "cruciales", habla en asturiano de buscar "un modelo propio de oficialidad" y promete ser leal a Sánchez "anteponiendo el interés de Asturias"

12.07.2019 | 01:07
Barbón tiende la mano invitando a Podemos a asumir su pasado: "El bloqueo no da resultado"

Adrián Barbón entusiasmó a los convencidos, a los suyos y a los afines, y decepcionó a los que ya venían recelosos de casa con un discurso pegado a su programa electoral y a su propuesta de acuerdo parcialmente fallido a la izquierda, no exento de gestos ni de soterrados reproches a los diputados de Podemos que pueden impedir que sea elegido presidente del Principado hoy mismo, en primera vuelta y con la mayoría absoluta de la Junta. El que será el noveno presidente de la autonomía, previsiblemente el lunes cuando la votación de hoy se repita con un requisito de respaldo menos exigente, tendió manos a diestro y siniestro, a todas partes menos a Vox, para grandes consensos amplios sobre grandes retos "cruciales" y a la izquierda para el apoyo estable, y repasó prioridades, habló un poco en asturiano y se ofreció sin muchos más detalles a "afitar un modelu propiu d'oficialidá basáu na proteición y el consensu".

También prometió leyes, acuerdos, mesas, consejos, protocolos de actuación, programas, estrategias, compromisos cívicos y planes de choque y se afanó en presentar su Asturias como una "aleación de continuidad y cambio", como un territorio al que le urge "una gran transformación" en la que líder se esfuerza, queda claro, por no molestar a su predecesor. Hace suyo el legado, los logros y hasta algunos de los grandes desafíos que enseña al salir el Gobierno de Javier Fernández, pero también marca algunas distancias en unos cuantos acentos, entre otros el énfasis y el idioma con los que defiende el asturiano o la modulación con la que exige atemperar el ritmo de la transición energética.

La triple palmada en el omoplato derecho con la que Barbón despidió ayer a Fernández en el hemiciclo vino precedida de un diagnóstico y propósito de una hora de parlamento que partió de un leve pero firme tirón de orejas a Podemos. Una de aquellas amonestaciones que tal vez habría firmado su antecesor, señal de que tal vez en el fondo aquí ha cambiado poco. Con "mi mirada dirigida a la izquierda", el agradecimiento de Barbón a la "audacia" y la "coherencia" de IU por el pacto que le permite sumar a su favor 22 votos insuficientes para la mayoría absoluta se volvió regañina a Podemos por no sumarse a la armonía. Consciente de que no los necesita para la votación del lunes, pero de que la legislatura se le promete larga e inestable sin apoyos, prometió no desistir en el empeño y requirió a las fuerzas de su izquierda para que "sepamos conversar, acordar, superar la tentación de bloqueo". Dijo sin cita expresa, pero enviando al aire un mensaje a nombre de Podemos, que "todos tenemos un pasado, aciertos y errores de los que aprender", "asumamos que el bloqueo no da resultado" y que "por no ser, ni siquiera ha sido electoralmente rentable". Era la advertencia sobre la factura que los morados han pagado por sus actos del pasado en las urnas del 26 de mayo, recurrente mantra socialista en su intento de atracción de Podemos para su causa.

Ayer, en todo caso, no hubo en el discurso casi nada que los morados pudieran reconocer de las propuestas para un pacto que han repetido hasta la saciedad esta semana. Los cinco "grandes ejes de gobierno" que Barbón dijo querer "compartir" cuando dirija el Principado están formulados casi exactamente igual en el documento remitido a Podemos e IU para tratar de buscar su respaldo. La ruta le empuja a crear empleo de calidad, a impulsar una industria competitiva, reforzar los servicios públicos, mantener la vanguardia en la defensa de la igualdad y afrontar el reto demográfico.

Será su primera tarea buscar "un amplio acuerdo político y social" para defender en Europa un "arancel ambiental" que proteja a la industria intensa en emisiones; el destino de su primer viaje, Yernes y Tameza, el municipio menos poblado de Asturias. Hablando de la industria y de la transición energética, el único candidato a presidente cuelga sus proyectos del arancel ambiental, una de las "ideas-fuerza" del último gobierno de Javier Fernández, y sin llegar a la vehemente exigencia de éste al Gobierno de Pedro Sánchez respecto a la moderación del ritmo del proceso de descarbonización se vuelve a proponer lo ya dicho sobre la exigencia al Gobierno de España del estatuto de la industria electrointensiva y, sí, también de la necesidad de "calibrar el impacto territorial y social de las decisiones y ajustar los tiempos, porque un calendario precipitado puede resultar insoportable".

Para entonces, Barbón había afrontado ya sin citarlas expresamente las acusaciones de sumisión a Pedro Sánchez que le llovieron en la campaña electoral. "Abogaré por la lealtad institucional", dijo antes de prometer "cooperación leal y respetuosa" con los socialistas que mandan en Madrid, pero "por si queda algún punto de inquietud" precisó que en caso de conflicto "nunca dejaré de anteponer los intereses del Principado".

Entre ataques preventivos a la derecha –recordándole sus dos convulsas etapas de gobierno en Asturias– y una línea trazada nada disimulada frente a la "extrema derecha", el próximo presidente fue dejando tendida la mano del pacto mientras desmenuzaba un programa con acentos intensivos en políticas de empleo, demanda de infraestructuras, lucha contra la desigualdad o protección de servicios públicos. Para el empleo quiere modernizar el tejido empresarial, dos planes de choque para el trabajo juvenil y femenino o el encaje de la oferta con la demanda del mercado laboral ampliando "la Formación Profesional dual hasta cubrir la mayor parte de la oferta en ramas industriales". Para la industria, eso que "pinza nuestra médula", ofrece aumentar la inversión en innovación hasta el dos por ciento del PIB "en las próximas legislaturas", su consabida Consejería de Ciencia y Universidad o una Ley de Ciencia, Tecnología y Educación.
Creará también, prometió, "un servicio de innovación turística". En la educación vuelve a hablar de duplicar plazas en escuelas infantiles y de extender e integrar la red –allí donde Podemos pide hacerla gratuita– y en sanidad, además de ampliar el hospital de Cabueñes, reformar íntegramente el Monte Naranco de Oviedo. A la propuesta de Podemos de incorporar 1.100 profesionales sanitarios adicionales ofrece sin cifras "la contratación de los necesarios en las especialidades deficitarias" para cumplir el decreto de las listas de espera y añade la garantía de "un dentista de cabecera para niños entre siete y dieciséis años".

Al llegar a las infraestructuras por la variante de Pajares, el presidente del Principado que debería inaugurarla pidió, sin demasiada exigencia respecto a los plazos, su puesta en servicio "en esta legislatura", detuvo su alternativa sobre el peaje del Huerna en la ampliación de las bonificaciones que lo rebajen e hizo al Gobierno saliente otro guiño de complicidad con el área metropolitana: "No nos rindamos a la tentación de la trinchera localista y continuemos desarrollándola con cooperación y consenso". En la misma línea va su intención de perseverar en la "aplicación exhaustiva" del plan del lobo, "incluida la eliminación de ejemplares" o el abordaje del severo problema del desafío demográfico asegurando sobre todo "la dotación de servicios y equipamientos en el medio rural", la eliminación de la brecha digital y la rentabilización del campo. Respecto a "las medidas de estímulo fiscal" en la Asturias demográficamente empobrecida, el compromiso sigue siendo "estudiarlas".

El discurso de entrada de   Adrián Barbón en la presidencia del Principado le concedió a Javier Fernández el reconocimiento del que el presidente saliente considera un activo esencial de su mandato, "afrontar la gran recesión sin sacrificar los mecanismos de protección", pero se apartó de su legado hablando en asturiano, como el primer candidato a presidente que lo utiliza en su mensaje de investidura. Advirtió, sí, que no puede garantizar la reforma del Estatuto de Autonomía por falta de votos –a la izquierda le falta uno para la mayoría requerida– y tras invitar a la derecha a abandonar su "fobia autóctona" a la llingua dejó su compromiso al respecto en ese "fijar un modelo propio de oficialidad basado en la protección y el consenso" sobre el que no explicó más.

La goma de las aproximaciones y las distancias con su predecesor les acercó por la promesa equivalente en sus términos de defender "un modelo centrado en las necesidades de gasto y el coste efectivo de los servicios, no en la capacidad fiscal de cada territorio", y en el compromiso de perseverar en la entente con otras comunidades autónomas de problemas y situaciones de partida similares. El futuro presidente defiende además "nuestra estructura tributaria y la justicia impositiva" como precio a cambio "de nuestro buen Estado de bienestar".
Empiezan, en fin, cuatro años "cruciales" para la Asturias de los grandes desafíos, y enumeró entre otros el demográfico, el energético, el de la financiación autonómica o las grandes infraestructuras. "Estamos ante una gran transformación y hemos de disponernos a liderarla", proclamó al final, después de ponerse a disposición de los "grandes consensos" –"ante desafíos semejantes, las posibilidades de entendimiento en esta Cámara salvan las distancias entre izquierda y derecha y superan la distinción entre vieja y nueva política, que ya caduca"– y retratarse por adelantado, remarcando el compromiso con dos sinónimos, como el presidente de un mandato marcado por "la proximidad y la cercanía". "No es una estrategia política; sencillamente, no sé ser de otra manera".

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