17 de julio de 2019
17.07.2019

El hermano del kamikaze pide perdón por lo sucedido: "Las víctimas se está recuperando y eso es lo más importante"

"Están siendo momentos muy duros", señalan los familiares de Juan Manuel Fernández, que se pone a disposición de los heridos

17.07.2019 | 14:10

Los familiares de Juan Manuel Fernández, el kamikaze valdesano de 52 años fallecido tras sembrar el pánico en la autovía "Y" el pasado lunes por la noche, aseguran que están siendo "momentos muy duros para ellos". A pesar de todo, con valentía y entereza, esta mañana sacaron un momento durante el velatorio en el tanatorio de Barcia para "pedir perdón" a las víctimas.

"Estamos contentos porque las víctimas se están recuperando y eso es lo más importante para nosotros ahora mismo", señaló el hermano de Juan Manuel Fernández. La familia, muy apesadumbrada por todo lo sucedido pero con el alivio de saber que la conducta del kamikaze no se cobró más víctimas inocentes, se pone ahora a disposición de los heridos y asegura que la familia quiere llevar estos momentos "en la intimidad" por ello han decidido no publicar ni tan siquiera esquela. El funeral por el fallecido se celebrará esta tarde.




Consternación en su pueblo

"Es imposible que lo hiciese queriendo. Era un hombre de lo más normal. Tuvo que equivocarse al coger la autopista". Los vecinos de la localidad valdesana de Villuir no salían ayer de su asombro. Nadie daba crédito a que Juan Manuel Fernández Fernández, su vecino, hubiese sido el kamikaze que perdió la vida en la "Y" tras recorrer más de 50 kilómetros de la A-8 en sentido contrario. "Necesitaba dos muletas para caminar porque le habían quedado secuelas de otro accidente de tráfico, pero no cogía el coche borracho ni hacía nada raro", señalaban ayer los residentes.

Según sus vecinos, Fernández era natural de Villagermonde, una pequeña aldea del concejo de Valdés. Había llegado a Villuir hace años, donde se casó con una vecina. Se divorció y se quedó a vivir allí. Residía en una vivienda de planta baja, "La Casina", detrás de la gasolinera del pueblo; una vivienda de alquiler a la que se llega por un una caleya entre maizales y que compartía con su compañera sentimental. Ayer la vivienda estaba cerrada a cal y canto. Las persianas estaban bajadas y en el terreno frente a la casa sólo esperaba un tendal con la ropa al aire. Ni rastro de coches.


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