21 de julio de 2019
21.07.2019

Barbón promete "audacia", "ambición", "osadía" y ser "leal y exigente" con Sánchez

El noveno presidente toma posesión reivindicando la energía del relevo generacional y alentando un cambio de perspectiva para una región que "tiene más futuro que pasado"

21.07.2019 | 00:00
Un momento del acto.

Adrián Barbón no será el presidente más joven del Principado -Pedro de Silva y Antonio Trevín llegaron al cargo con tres años menos de sus cuarenta-, ni será solamente el primero que sólo ha vivido en democracia y con la Constitución en vigor, como él mismo se ocupó de volver a resaltar ayer. El noveno inquilino de la presidencia es además el primero nacido después de 1956, y ese aire de entrega del testigo generacional y cambio de paso, ese ánimo de ruptura de palabra amable y fondo demoledor recorrió por todas partes el discurso con el que ayer se acomodó en el cargo un lavianés de 1979 que cuenta que fue un niño de trece años que en una visita escolar a la Junta de los primeros noventa ya sabía el nombre del presidente o el lugar donde se sentaba cada grupo parlamentario en el hemiciclo. El "azar" de la edad "me hace distinto", advirtió a sus predecesores después de hacerles partícipes de su respeto. "Dejadme ser audaz".

Escuchaban a su derecha cuatro de los cinco expresidentes vivos, todos menos Antonio Trevín, que está de vacaciones y se disculpó ante el nuevo presidente, y dos ministros, casi toda la familia cercana y un amplio batallón de invitados de extracciones diversas. Es el acto solemne de la toma de posesión de Adrián Barbón, el noveno en la lista, el séptimo socialista. Asturias salta de una vez treinta años atrás en la edad del presidente y unos cuantos pasos adelante en la vivacidad de un propósito de enmienda pretendidamente enérgico que avanza que quiere transformar la región "con ambición e ilusión, con osadía". Sin "queja lastimera", sin "negación sistemática" o "resistencia numantina", sin "resguardarse en el temor" ni "atecharse a la sombra del por si acaso, que es la excusa del medroso". Para justificar esa mirada distinta y optimista, con "amor propio y esperanza", el nuevo jefe del Ejecutivo autonómico se anima a sí mismo abundando en su certeza de que Asturias tiene precisamente la virtud más evidente de la juventud, la única que nadie le niega: "Tiene más futuro que pasado".

La puesta en escena de la toma de posesión y promesa de fidelidad a los deberes del cargo, con los ministros Luis Planas y María Luisa Carcedo de testigos y varios centenares de invitados abarrotando los pasillos en torno al patio central del edificio de la Junta General, fue de hecho una representación más que aceptable del tránsito casi rupturista entre dos formas de relacionarse con la política y con el ejercicio del cargo. Barbón encabezó su parlamento garantizándole a su antecesor, Javier Fernández, que "siempre serás mi presidente", pero pidió permiso de inmediato, era una formalidad, para apartarse sin renegar de la herencia y hacer un camino propio. Las fricciones internas del PSOE, las afinidades erosionadas y las alineaciones en bandos opuestos cuando se partió el partido eran la música de fondo. Y para cuando el nuevo presidente pergeñó en su discurso sus propósitos de ilusión, tiempos nuevos y miradas al futuro, Javier Fernández ya se había despedido en el suyo con un canto de honra a los legados y en particular a la pertinencia del recuerdo del poso que deja aquella generación que hace cuarenta años "inició un camino distinto". La Transición, dijo el presidente saliente, "fue un suceso real que se convirtió en relato y procurar su voladura para hacer un vacío entre la generación que modernizó este país y la que ahora debe construir su futuro exigiría escribir otro relato muy difícil de convertir en real". Él, remarcó, se va de la política, "pero pertenezco a un relato del que no quiero irme".

Adrián Barbón se dirige a los expresidentes Francisco Álvarez-Cascos, Juan Luis Rodríguez-Vigil y Pedro de Silva, ayer, durante la toma de posesión.

En la harina del futuro, Barbón hizo bandera de una autoafirmación colectiva en la que Asturias debe "reivindicarse a sí misma" y alentarse a "volver a hablar de nosotros con amor propio y esperanza. Con una mirada optimista, consciente de las dificultades, sí, pero sobre todo de las oportunidades". Tratando de atajar las acusaciones preventivas de sumisión a su partido que ha recibido de la oposición, el nuevo presidente del Principado también garantizó ayer que trabajará "de la mano" con el Ejecutivo que presida en Madrid Pedro Sánchez y que se obligará a buscar el equilibrio que le permita, si puede, ser a su lado "tan exigente como leal". Apostó sin lugar a dudas, poniendo por testigos a María Luisa Carcedo y a la vicesecretaria socialista Adriana Lastra, allí presentes, a que "los problemas de Asturias estarán sobre la mesa del Consejo de Ministros" y "no caerán en el olvido ni quedarán orillados". Prometió a la vez que "será habitual mi presencia en Madrid" y que viajará tanto por la región que "mi despacho será Asturias entera".

En un incesante rosario de intenciones y proyectos ofreció "negociación" y "entendimientos", enfocó hacia el trabajo, la industria, el campo y el reto demográfico "el dietario de mi gobierno" y garantizó equidad en la sanidad y la educación, igualdad y atención a la juventud, y habló en asturiano de la necesidad salvar el asturiano. Otra vez, como en su discurso del debate de investidura, pero sin nada esta vez sobre la oficialidad, usó el bable para hacer ver a su auditorio, seguramente dividido al respecto, que "la llingua asturiana ye una seña d'identidá de les xentes d'Asturies. Nun la podemos dexar morrer, tenemos que facer lo posible pa que tenga futuru, pa que la podamos tresmitir a les próximes xeneraciones. Pa que los nietos nun escaezan nunca la llingua de los sos güelos".

Oía de fondo, mientras hablaba del empleo, el eco de los problemas que se le avecinan. Ese sonido se filtraba a través de las paredes del edificio en forma de sirenas y proclamas de los trabajadores de las empresas Telecable y Zener, concentrados ante la Junta en manifestación contra despidos y contratos en riesgo.

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