06 de septiembre de 2019
06.09.2019

Cerco al cáncer más agresivo

Los científicos investigan manipulaciones en la flora intestinal para combatir el tumor de páncreas, que ya causa más muertes que el de mama pese a ser mucho menos frecuente

06.09.2019 | 01:47
Núria Malats, ayer, en la Facultad de Medicina de Oviedo.

Los números son totalmente expresivos. El año pasado, en Asturias se diagnosticaron en Asturias 866 tumores de mama, cuatro veces más que de páncreas (221). Sin embargo, pese a esta gran diferencia, se registraron más muertes por cáncer de páncreas (211) que de mama (204). El tumor pancreático es el gran enemigo. "No logramos controlarlo a ningún nivel: ni con tratamiento, ni con un cribaje, ni identificarlo en fases tempranas... Cuando empieza a dar síntomas es demasiado tarde", explicó ayer en Oviedo Núria Malats, médica epidemióloga y jefa del Grupo de Epidemiología Genética y Molecular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

La doctora Malats expuso los últimos hallazgos de su grupo en el marco de la reunión anual de la Sociedad Española de Epidemiología, que se celebra en Oviedo hasta hoy viernes con la asistencia de casi 700 profesionales de España y Portugal. En la exposición también estuvo presente Esther Molina, colaboradora de Núria Malats en el proyecto colaborativo "Pancreatic Cancer Collective", de la Fundación Lustgarten y Stand Up to Cancer (SU2C).

En esta búsqueda de factores que permitan la detección precoz del cáncer de páncreas participan científicos de varios países europeos, entre ellos un grupo de la Universidad de Oviedo liderado por la catedrática de Medicina Preventiva Adonina Tardón.

Empecemos con unas pinceladas del panorama global. "La incidencia del cáncer de páncreas está aumentando en todo el mundo", indicó Núria Malats. En Estados Unidos va a convertirse en los próximos años en el segundo tumor con más mortalidad, después del cáncer de pulmón, aunque el número de casos es muy inferior. Y Europa va por el mismo camino: en 2017 originó más muertes que el cáncer de mama, que es tres veces más frecuente.

Detección precoz

"No sabemos qué está pasando, tenemos que investigar", precisó la experta del CNIO. En el momento actual, se están centrando muchos esfuerzos en la búsqueda de tratamientos más personalizados y mejores estrategias quirúrgicas. De hecho, las terapias han mejorado. "Los pacientes que reciben estos tratamientos más avanzados sobreviven más", señaló la epidemióloga catalana. Problema: que son muy pocos los pacientes que pueden beneficiarse de ellos, porque el 80 por ciento de los enfermos son diagnosticados cuando el tumor está demasiado avanzado.

En consecuencia, el objetivo está claramente trazado: "Llevar el diagnóstico a estadios previos para que una mayor proporción de los afectados pueda beneficiarse". ¿Qué se necesita? Programas de cribaje que -como los del cáncer de mama o de colon- anticipen la detección. Pero eso exige saber qué población es de alto riesgo y disponer de marcadores que hagan saltar la alarma.

"Hay muchos grupos de investigación trabajando en marcadores. Algunos podrán aplicarse en un plazo no muy largo. Pero por el momento no sabemos cuál es la población de alto riesgo", aseveró la experta del CNIO. Hasta la fecha, el riesgo se ha definido únicamente sobre factores genéticos: acumulación de casos en una misma familia, mutaciones heredadas... Sin embargo, estos marcadores identifican sólo al diez por ciento del total de casos.

Se conocen factores de riesgo del cáncer de páncreas: consumo de tabaco y alcohol, diabetes, obesidad... Sin embargo, no son muy aplicables para adoptar medidas preventivas. No son comparables a lo que, por ejemplo, significa el ser fumador a la hora de desarrollar cáncer de pulmón. "Su impacto en el riesgo es tan bajo, que cada uno de estos factores por separado no ayuda a definir a esta población", afirma la doctora Malats.

¿En qué línea está trabajando su grupo? "Nuestra idea es tomar todos estos factores de riesgo juntos y complementarlos con otros marcadores: genéticos, microbiómicos, de metilación, de metabolómica", explica la epidemióloga.

Modificar la microbiota

Hasta la fecha se han identificado unas 40 variantes genéticas heredadas que favorecen el cáncer de páncreas. "No lo explican todo, pero sí aclaran un poco las cosas", puntualizó Núria Malats. Una idea estratégica consiste en hallar marcadores del microbioma, conjunto de los organismos habitan el intestino de los humanos. Para ello se analiza el microbioma en la saliva y las heces. "Hemos presentado los resultados obtenidos de los microorganismos que aumentan o disminuyen el riesgo de cáncer de páncreas", indicó la epidemióloga.

Si estas conclusiones se confirman, "podremos incorporar estos marcadores a los algoritmos de la población de alto riesgo". Con una ventaja añadida, especificó Núria Malats: "La microbiota (también denominada flora intestinal) no es heredable y, por lo tanto, puede ser modificable". Eso requiere identificar los microbios que aumentan y disminuyen el riesgo y modificarlos en un determinado momento de la vida de las personas. "Por ejemplo, con probióticos o con antibióticos podemos disminuir o aumentar su presencia",

Una posible opción más concreta: "Dado que el lactobacillus tiene un efecto protector, pueden darse yogures con lactobacillus a las personas de riesgo", aventuró la doctora Malats.

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