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SALVADOR ONDÓ | Campeón escanciador y cantante de tonada

"En Asturias me siento integrado, me saludan, y eso no se hace a un cabrón, sea africano o alemán"

"Mi error fue dejar Magisterio a los 19, tras año y medio; viviría con otro nivel, pero jugamos con las cartas que nos tocan"

Salvador Ondó, en Gijón, cerca de la sidrería donde trabaja.

Salvador Ondó, en Gijón, cerca de la sidrería donde trabaja. JUAN PLAZA

Salvador Ondó Bibang (Malabo, Guinea Ecuatorial, 1981) ha sido campeón de Asturias de escanciado en 2014 , 2016, 2017 y 2018 y es cantante de tonada.

-Estoy en muy buen momento de mi vida. Las cosas salen bien cuando se hacen bien y siguen un camino sin torcerse junto a gente que tiene proyecto de mejorar.

- ¿Va a ganar en el concurso de folclore de Oviedo?

-Es imposible. Soy el novato. Voy al concurso en Oviedo y me invitaron al del Caudal, al de La Nueva y a Sama. Voy a coger experiencia para soltarme.

- ¿Cuánto lleva en Asturias?

-El martes hará 25 años. Me trajo mi madre con 13 años junto a mi hermana, dos años y medio más pequeña. Vinimos a Pola de Lena por cosas de amores.

- ¿Cómo fue el contraste?

-Duro. La gente, la vestimenta y el clima son muy distintos y es más complicado ir del calor al frío. En casa hablábamos un dialecto de Guinea. Hablar en castellano mañana, tarde y noche me costaba la hostia.

- ¿Dónde empezó a estudiar?

-En el colegio público Elena Sánchez Tamargo. Me atrasaron un año en los estudios porque era imposible adaptarme. En diversificación demostré mi capacidad innata de adaptarme. Nadie le cae bien a todo el mundo, hay que asumirlo y seguir adelante con la gente que está contigo.

- ¿Sufrió con los cambios?

-No lo interiorizaba. Si veo una dificultad intento buscarle solución, sin consumirme psicológicamente. Si es difícil, lo aprenderé, aunque me lleve más que a ti. Cuando compito sé que todos son hijos de madre, como yo. No quiero un trato especial por no ser de aquí, como no quiero un trato especial para que ganen los de aquí. Hay que currárselo.

- ¿A qué edad empezó en la hostelería?

-A los 15 empecé a hacer extras los veranos pa ganar unes perruques, aunque gastaba para el pincho en el colegio y poco más.

- ¿Le enseñó a escanciar...?

-Mi primo Benjamín Sánchez, sobrino de mi padrastro. En el bar todo el mundo sabe de escanciar, pero uno te dice que es así y otro que no. No quería vivir en esa agonía, me informé con gente que entendía y a los pocos años apareció el decálogo del escanciador de Tino Ovín.

- ¿Ensayó con agua?

-No, en Casa Cholo, porque de aquella se vendía tanto... En mis descansos quedaba a practicar para no tirarlo en el suelo y no quemar a mi primo, el solicitado. El concurso de escanciadores de Asturias terminaba en Laviana y así conocí a grandes escanciadores: Laura y Susana Ovín, de La Barraca, de Nava; a Pablo Costales... Su precisión era imposible.

- ¿Trabajó en otra cosa?

-En la construcción. Fui palista cinco años cuando en España se podía ganar algo de dinero.

- ¿Cuánto lleva en Gijón?

-Cuatro años y medio. Conocí a Ernesto, mi jefe, en el concurso de 2014, cuando gané a uno de sus escanciadores, Wilkin Aquiles. Teníamos una guerra abierta muy sana porque hicimos cariño.

- ¿Les fichan?

-Los empresarios de verdad miran el escanciado como cualquier parte del trabajo. Los consumidores saben, pero al escanciado no se le da el peso que se merece. Hay unos medios que se interesan -la TPA, la RPA, alguna prensa- y tenemos que usarlos. Si cada turista tomara dos botellas imagínate qué cantidad de ellas se puede llegar a vender. Y el escanciado, atrae.

- ¿Se liga de escanciador?

-Mi mujer actual, Rosalía, es de Toledo y vive en Asturias. Venía al bar y dijo que quería conocerme porque le habían dicho que era el mejor escanciador. Nos dimos los números de teléfono y hasta hoy, casi dos años.

- ¿Sufre racismo faltosu?

-Nunca falta. Lo llevo bien. Soy más del 80% de la gente buena, no del 20% que viene a hacer daño. Muchas veces el amigo del que te está faltando al respeto se enfrenta a él porque sabe que estoy trabajando y contribuyo.

- Le gusta competir.

-Sí, pero nunca hago algo que no me gusta. Hice kárate, me gustaba y entrenaba día y noche. A los cuatro años, con 17, fui campeón del mundo en Cardiff (Gales) en la modalidad de cuerpo a cuerpo de la Japan Karate Association.

- ¿Qué tiene africano?

-La gracia y enfocar la vida con naturalidad y luchando, como me enseñaron de pequeño. No me presiono. ¿Cuándo has visto un psicólogo en África? Un tipo que camina todos los días y entiende las cosas no necesita un amigo que le diga que ese vaso blanco es blanco.

- ¿En qué ambiente creció?

-En 1985 Guinea estaba atrasada cien años respecto a España. No había tantas neveras y se buscaba la comida al día. La gente sabía que cuando salía el sol había que luchar para conseguir cosas.

- ¿A los 12 años?

-Estudiaba y hacía lo que podía, ir a buscar agua. Ahora pensamos que los niños son inútiles. Yo, no. Inculqué a los míos que, si caen, se levanten. Somos culpables de la sociedad que tenemos.

- ¿Cuántos hijos tiene?

-Dos: Jesús, de 13 años y Amanda, de dos años y medio. De madres distintas. La sociedad ya no es tan de núcleo como antes con la capacidad que tenían nuestros antepasados de hablar, cuidar las cosas y luchar por lo que se tiene. Ahora pensamos que para ser justos hay que ser perfecto y no tienen por qué ser así, porque todos cometemos errores.

- Un error suyo grande.

-Dejar de estudiar a los 19 años tras año y medio en Magisterio. Tendría otro nivel de vida y más tiempo para los míos. Pero jugamos las cartas que nos tocan.

- Conoce la presión de escanciar. ¿Cómo es la de cantar?

-Mayor. Con la sidra no estás afónico.

- ¿Empezó a oír tonada...?

-En los bares de Laviana se oían cantarinos. Ahora vienen cuatro a cantar y otros clientes dicen "qué pesados, metiendo ruido". Se pone el fútbol a todo lo que da y nadie se molesta.

- ¿Le gustó la tonada?

-Desde el principio. "La cabraliega" me llega como canción de amor. La tonada es una canción de fuerza, una exclamación, un deseo hacia algo. Es brava.

- ¿Quién le enseña?

-Ismael Tomás, una eminencia con más de 30 premios absolutos, un máquina de voz redonda.

- Su fonación es diferente.

-Si no me ves, no me distingues. Los giros y tonos se educan y ya tengo la suavidad asturiana.

- ¿Qué otra música le gusta?

-Etiquetarse es limitarte. Shumann, Schubert, Strauss, Vivaldi, Chopin, reguetón, Ed Sheeran, El Barrio, el flamenco.

- ¿Cómo está en Asturias?

-Integrado. Por la calle, la gente me saluda y eso no se hace a un cabrón, sea africano o alemán.

- ¿Volvió a Guinea?

-No. Soy muy despegáu, empieces uno, acabes otru y la de mi madre. Navidad, Nochebuena...

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