24 de noviembre de 2019
24.11.2019
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Siete reservas para escaparse

El Principado cuenta con privilegiados parques naturales protegidos donde poder disfrutar de rutas llenas de cultura, historia, fauna y flora

24.11.2019 | 14:33
Siete reservas para escaparse

Si hay un territorio para perderse este es, sin duda alguna, Asturias. Paraíso Natural y "región verde" por antonomasia, el Principado cuenta con innumerables paisajes protegidos, entre ellos siete espacios donde la UNESCO ha puesto su sello con el fin de conciliar la conservación de la diversidad biológica con el desarrollo económico de las poblaciones asentadas en los mismos. Siete reservas de la biosfera donde llenar los pulmones de aire puro, practicar deporte, observar su flora y fauna o, simplemente, disfrutar de un retiro y alejarse de la rutina diaria en uno de sus alojamientos rurales. Asimismo,  permite también fabricar objetos de hierro utilizando fraguas y mazos movidos por agua en la zona de Oscos-Eo, conocer los entresijos de quesos milenarios como el Casín, conocer primitivas edificaciones con cubierta vegetal así como  los originales hórreos beyuscos, observar como el final del otoño y  la llegada del invierno viste a los árboles con líquenes formando estampas espectaculares..., y un largo etcétera.

Por todo ellos, escaparse, desconectar y adentrarse en la Asturias más auténtica es posible visitando cualquiera de las siete reservas de la biosfera con las que cuenta el Principado. He aquí sus principales propuestas:

1. Picos de Europa. Un destino perfecto para visitar en familia. Ofrece muchas posibilidades para descubrir aspectos de su geología, su fauna, su flora o simplemente disfrutar de sus espectaculares paisajes naturales. A escasos kilómetros de los límites del parque se encuentra Asiegu, aldea cabraliega  ubicada entre la Sierra del Cuera y los Picos de Europa, ha sido galardonada con el "Pueblo Ejemplar" en la última edición de los Premio  Princesa de Asturias. Privilegiado balcón de los Picos –la mejor vista se tiene desde el mirador Pedro Udaondo ofrece una vista impactante del Pico de Urriellu, también conocido como Naranjo de Bulnes–, en su entorno se encuentran  yacimientos arqueológicos como la cueva prehistórica de la Covaciella, descubierta en 1994 y declarada Patrimonio Mundial por la Unesco como parte del arte rupestre paleolítico del norte de España.

2. Redes.  Uno de los lugares más impresionantes del parque se halla en su zona alta. Se trata de la vega de Brañagallones, a 1.215 metros de altura. De fácil acceso desde el pueblo de Bezanes, cuenta con todas las especies animales características del norte peninsular –oso pardo, urogallo y lobo, así como rebecos y ciervos– y grandes bosques de hayas con arandaneras donde disfrutar de la naturaleza. Esta zona de Redes es cuna de uno de los quesos más antiguos de Europa, el Casín, que cuenta con Denominación de Origen Protegida (DOP). Hecho a base de leche entera, sin pasterizar, con abundante mantequilla y, si es posible, procedente de la raza bovina autóctona de la montaña: la vaca casina, su ancestral forma de elaboración destaca por su laboriosidad.

3. Ponga. Incorporado a la red de reservas de la  biosfera en julio de 2018, el parque natural de Ponga es una joya desconocida de la cordillera integrada por vastos bosques y numerosas especies animales, algunas de las cuales en peligro de extinción. Destacar que en el concejo pongués pueden observarse originales edificaciones tradicionales como los hórreos beyuscos, de los que se conservan muy pocos ejemplares. Alzados sobre terrenos muy escarpados, tienen planta cuadrada, tejado a dos aguas y carecen de corredor.

4. Las Ubiñas- La Mesa. Parque natural de gran riqueza ambiental que alberga el macizo de Peña Ubiña, la segunda montaña más alta de la región tras los Picos de Europa, con altitudes superiores a los 2.400 metros. En su entorno se haya una de las más ricas estaciones rupestres del noroeste peninsular –Abrigos Rupestres de Fresnedo, de representaciones pictóricas de la Edad de Bronce - Edad de Hierro, además de conservar restos de la época castreña. Uno de sus elementos más representativos es el Camino Real de la Mesa, calzada romanas tan antigua como los primeros indígenas astures, que comunicaba la región con la meseta leonesa. Otro de los atractivos de la zona es el Parque de la Prehistoria de Teverga.

5. Somiedo. Primer espacio de Asturias declarado reserva de la biosfera. Su espectacular paisaje cuenta con hayedos y lagos de gran belleza. Alberga uno de los principales núcleos oseros de la Cordillera Cantábrica, así como una abundante población de venado y rebeco y cerca de 120 especies de aves. Al adentrarse en Somiedo no debe dejar de visitarse La Pornacal, braña donde aún se rastrean las antiguas tradiciones de los vaqueiros de alzada en un marco de incomparable belleza. Formada por un conjunto de unos 32 teitos –casas que utilizaban y utilizan los ganaderos para proteger a su rebaño durante el invierno– agrupados en los barrios de La Prida, El Mediu, El Ríu y El Cabu, está situada en la orilla derecha del nacimiento del río Pigüeña, en la localidad de Villar de Vildas, galardonada en 2004 con el "Pueblo Ejemplar de Asturias" .

6. Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Tierra de abruptos valles y  bosques milenarios, adentrarse en sus dominios permite descubrir la fauna asturiana, en particular el urogallo y y el oso pardo cantábrico. La Reserva Natural Integral de Muniellos –una de las joyas de la corona de la naturaleza asturiana- es uno de sus atractivos. También aquí se encuentra el Bosque de Hermo, uno de los mayores hayedos de la región,  que en esta época del año ofrece al visitante una imagen de gran belleza gracias a los mantos de líquenes que cubren sus árboles.

7. Los Oscos-Eo y Terras de Burón. Primera reserva de la biosfera que es compartida por dos comunidades autónomas, Asturias y Galicia. En su interior se hayan frondosos bosques de castaños y robles, preciosas cascadas como A Salgueira y singulares conjuntos etnográficos y pueblos como Os Teixois, Esquíos, Mazonovo y As Veigas, inmejorables muestras de cómo el uso del agua en sus muchas variantes moldeó en gran medida la vida y el carácter sus gentes. Aquí se encuentra Taramundi, referencia y visita obligada para conocer los oficios artesanos, y donde a mediados de los años 80 se cocinaron a fuego lento y con mimo los inicios del turismo rural en España.

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