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ADRIÁN LÓPEZ | Director general del Grupo Noroeste de Sinaloa (México)

"Agredir o matar a un periodista en México sale gratis"

"El 60 o 70 por ciento de las agresiones a la profesión vienen del poder político, no del crimen organizado; cuando se sabe que los ataques del narco no se investigan, resulta muy sencillo imitar su modus operandi"

Adrián López, en los jardines de la Casa de América, en Madrid.

Adrián López, en los jardines de la Casa de América, en Madrid. FERNANDO R. GORENA

Ya está confirmado antes de que termine: 2019 va a ser el año con más periodistas asesinados en México. Van trece y "nadie es inmune al miedo" cuando uno mismo ha sobrevivido a un atentado y elige seguir ejerciendo en el país más peligroso del mundo para ser periodista. Adrián López, director general de "Noroeste", un periódico regional del estado de Sinaloa con casi la misma antigüedad y asiento geográfico que el cártel más peligroso del mundo, empezará por normalizar en lo posible la imagen del periodista amenazado. Ni chalecos antibalas ni armas bajo las almohadas. Ingeniero industrial trasplantado en la industria periodística, sí cuenta que en México hay que esquivar las "balaceras" casi tanto como la impunidad de los criminales, pero se esfuerza por situar su guerra principal en torno a las complejidades del periodismo reinventado en el universo de la digitalización.

En ese contexto ensuciado por la retórica del narco y la libertad de expresión acorralada, "Noroeste" presume de ser el primer medio regional del país con edición digital de pago y a la vez de resistir, toca madera, sin compañeros asesinados. Y eso que en Google, al teclear Sinaloa sale antes el cártel, la organización criminal fundada por el "Chapo" Guzmán, que la referencia geográfica al estado mexicano. Esta semana, López ha contado su experiencia en las jornadas "Claves 2020", organizadas en Madrid por la Asociación de Medios de Información (AMI).

- Explíquele su entorno de trabajo a un colega que ejerce el periodismo en paz, o que al menos no debe temer por su vida.

-Me cuido mucho de no enviar el mensaje de que hacemos periodismo con un chaleco antibalas y un arma bajo la almohada. En parte, toda esa mitología no ayuda a comprender las complejidades de la situación. En México, la mayor parte de los medios lidian con varios grandes problemas, y el gran reto como organizaciones es el mismo que existe en todo el mundo, cómo transformamos nuestros modelos de negocio o qué hacemos con la digitalización. Luego está una de las particularidades de México y es el riesgo en el que se encuentra la libertad de expresión. Somos el país más peligroso para ejercer el periodismo en el mundo, y lo digo por el dato de periodistas asesinados, trece este año, que ya es el que más muertes ha contabilizado.

- ¿Qué está pasando? Porque no es solo el narco...

-Pasa que además la impunidad es prácticamente absoluta, del 99,9 por ciento. Agredir o matar a un periodista en México sale gratis. El país tiene una estructura para paliar eso, una copia del mecanismo de protección colombiano, pero con la gran diferencia de que en Colombia funciona y en México no. El sistema tiene muchos periodistas bajo su resguardo, pero cuando logra salvarles la vida los desplaza. Los saca de la ciudad en la que corren riesgo y ya no pueden ejercer su oficio ni tener una vida digna o satisfactoria. Pero hay aún otro problema para la profesión en el país, un contexto de censura indirecta que el sistema político mexicano utiliza para controlar a los medios a través de la publicidad oficial. Peña Nieto fue el presidente que más gastó, 62.000 millones de pesos en seis años -casi 3.000 de euros- asignados de manera discrecional, sin reglas claras, dando básicamente la mitad a siete medios del país, a los más grandes, y a pesar de ello terminó su mandato con la peor valoración de la historia.

- Tiene mérito...

-Y habla de que la ciudadanía no se tragó el cuento, y las benditas redes sociales, como las llama el presidente actual, contaron. Ahora, buena parte de ese dinero está yendo a redes, también de manera totalmente opaca.

- ¿Sinaloa es un entorno especialmente hostil?

-Nosotros jugamos en esos contextos, con gobernadores que usan sus presupuestos de publicidad oficial para premiar o castigar, y en nuestro caso con el agravante de que somos coterráneos del cártel más fuerte del mundo, con el que hemos lidiado prácticamente en lo que tiene de vida "Noroeste", que son 46 años. El cártel de Sinaloa se consolida tres años después del nacimiento del periódico. Lidiamos por un lado con los retos de cualquier organización mediana, con 350 empleados, que tiene que gestionar su cambio y transformarse, y al mismo tiempo tratamos de mantener el periodismo que nos gusta y nos distingue, un periodismo riguroso y de calidad en un contexto de mucha presión por "clickbait" -el "ciberanzuelo" o el "cibercebo"-, en el que el tema de los narcos y la violencia siempre es un recurso muy socorrido.

- Hay periodistas mexicanos que resumen la situación diciendo que en su país es más peligroso informar o investigar un crimen que cometerlo. ¿Sí?

-Lo que sí es cierto es que en México tenemos una libertad de expresión muy amplia en unos niveles y completamente acotada en otros. Todos podemos discrepar, decir o mentar madres en redes? Hasta que quieres hacer periodismo que realmente investigue y pise callos, y toque intereses. Ahí la cosa cambia, porque el agresor tiene todas las garantías de que no le va a pasar nada, sobre todo si es poderoso. Lo que nosotros hemos aprendido, y también está documentado, es que el sesenta o setenta por ciento de las agresiones viene del poder político, no del crimen organizado. Normalmente, quien te agrede es el político y en muchos casos imitando el modus operandi o haciendo un pacto con el crimen organizado.

- ¿Cómo es eso?

-Cuando sabes que los crímenes que tienen que ver con el narco no se van a investigar para nada, se vuelve muy fácil para un político agredir a un medio o a un periodista crítico, imitar el modus operandi. Esto es un valor mal entendido en México. El crimen organizado genera condiciones de inseguridad, ha agredido y matado a periodistas, pero no es el principal agresor documentado. Es el político, sobre todo en entornos rurales o en contextos donde un periodista tiene una pequeña radio y se pelea con un alcalde de una población de 10.000 o 15.000 habitantes. Si se revisan las estadísticas, se ve que los asesinatos se concentran en estados del centro o del Sur, que están en condiciones de fragilidad mucho más intensas que en el Norte, donde medios como nosotros hemos conformado empresas con una cierta fortaleza institucional, capaces de cuidar a sus periodistas.

- ¿Una empresa fuerte puede ejercer como paraguas protector, esa es una de las estrategias?

-A nosotros nos ha funcionado. En primer lugar porque si logras institucionalizar tu organización, independientemente del tamaño que tenga, hasta un punto en el que tienes claridad en tu propósito y en tu periodismo o referentes éticos de rendición de cuentas, eso queda claro para todos, incluso para tus agresores. Nosotros tenemos un código ético y una serie de instrucciones que dejan claro cómo tratamos los contenidos que tienen que ver con la violencia y el crimen organizado. Yo no publico los mensajes que el narco deja en las calles. No los transcribo. Yo no utilizo el lenguaje del narco, no digo "ejecutado", "levantado"?

- ¿El debate que tuvo España con la retórica terrorista de ETA?

-Así es. Y nosotros también nos preguntamos hasta dónde se debe informar, dónde parar... Son dilemas complicados. Pero tenemos claro que no queremos ser parte de esa narrativa, y de alguna manera ellos también lo saben, o lo han ido entendiendo. Hubo que socializar todo esto con la sociedad civil, le explicamos por qué íbamos a publicar qué y qué no. Y ahora, en épocas de clickbait, con mucho rumor, muchas noticias falsas y mucho material que circula con mucha facilidad vía redes sociales o whatsapp, tenemos un lema que dice "nosotros no publicamos primero, publicamos mejor". No vamos a divulgar de inmediato el vídeo que nos llega, porque antes tenemos que validarlo?

- ¿Cómo hacen que sus profesionales se sientan seguros?

-Hay otra vía que tiene que ver con esa fortaleza institucional y con cómo capacitas a tus periodistas, en qué condiciones los tienes, con qué salario y con qué capacidades legales los mandas a la calle. Nosotros hemos sido muy agredidos en algunas épocas, sobre todo en 2014, pero todas las agresiones las denunciamos ante la Fiscalía, las denuncias las puso la representación legal de la empresa para evitar presiones sobre la persona agredida... Todo esto podría parecer obvio, pero en México hay periodistas agredidos que tienen la valentía de denunciar y que cuando tienen que ir a declarar al juzgado tienen que pedir el día a cuenta de sus vacaciones porque el medio no les apoya o tiene que pagarse su defensa. No diré que es la fórmula, eso no nos ha blindado frente a las agresiones, hemos sufrido desde palizas y robos hasta balazos, pero hasta ahora no tenemos ningún periodista asesinado.

- Usted mismo sufrió un atentado.

-Sí. en 2014

- ¿Tiene miedo?

-Sí, obviamente. Nadie es inmune a eso. Pero incluso en ese año, que fue muy difícil para todos en la organización, intentamos aprender lo máximo posible como personas que habíamos sido víctimas y como organización que fue sumamente atacada desde el poder político y que también se asumía como víctima y estaba muy enojada. Tuvimos que trabajar mucho internamente en protocolos de seguridad y prevención y yo mismo me di cuenta, después de seis meses de terapia y recuperación, que también éramos un medio muy enfadado, y que eso se notaba en nuestros editoriales y en nuestro periodismo. El grupo de editores y directivos pasamos por una serie de talleres sobre el perdón y la reconciliación y sobre cómo digerir los traumas. Tenemos una responsabilidad y no podemos usar nuestra influencia para descargar nuestros rencores. Tratamos de ser parte de la otra narrativa, siempre sin dejar de informar.

- ¿Cómo?

-Consideramos muy importante tener una aproximación discursiva a la realidad que respete los derechos humanos o la presunción de inocencia y tratamos de no contribuir a la narrativa del narco, porque ese lenguaje construye realidades. Está muy bien para series de Netflix, pero nosotros hacemos periodismo. Y esa forma de actuar está muy imbricada con nuestro modelo de negocio. Somos el primer medio regional de pago del país porque si queremos seguir haciendo ese periodismo, la gente va a tener que pagar por él. Nuestra estrategia de negocio no está desligada del periodismo que hacemos o queremos hacer.

- "Noroeste" se ha lanzado al pago digital antes que casi nadie en su país. ¿Bien?

-Llevamos un año y tres meses, pero estamos contentos. Llevamos 3.000 suscriptores, la meta a cinco años son 30.000 y hemos aprendido mucho. La primera lección, que debimos haber empezado mucho antes, porque esto es un aprendizaje y una carrera de largo plazo. También porque alinea cosas dentro de la redacción. Cuando tienes la certeza de que no estás persiguiendo clics, likes o caras sonrientes a costa de lo que sea, sino suscriptores reales, empieza a quedar muy claro qué clase de contenido tienes que producir. Porque son los propios lectores los que te lo dicen, los que te dejan claro por qué sí pagan. Pero hay más lecciones.

- ¿Cuáles?

-Cada vez que tenemos un suscriptor nuevo en "Noroeste", yo le mando un correo dándole las gracias y la bienvenida y diciéndole lo que tenemos para él. Pero hay veces que cuando le planteo la oferta hay cosas que yo creo que son de valor y él me dice "no, gracias", y otras que para mí no eran buenas y que el lector agradece profundamente. Además, hemos visto que ser un medio local es una ventaja, nos permite tener muy claro a quién le queremos vender. Se vuelve más difícil definir el target para un medio nacional de interés general. También hay un valor intrínseco y un cierto orgullo en la redacción por saber que tu contenido no se regala.

- ¿También han aprendido cosas sobre su relación con su público?

-Hay algo que el periodismo perdió cuando nos volvimos una industria tan madura o tan poderosa e influyente, la convicción de que más que un cuarto poder somos un servicio. Estamos para servir a la gente, no para dictar la agenda. Y de pronto había una soberbia brutal dentro de las redacciones. Nosotros empezamos a hacer algo que llamamos "café suscriptor", donde sentaba a un lado de la mesa a mis editores de las secciones principales e invitaba a veinte suscriptores elegidos al azar. Les pedimos que nos dijeran lo que opinaban del periódico, y es genial ver cómo un lector despedaza a un editor diciéndole "tu sección es muy aburrida" o "le falta esto" o "repites aquello". Eso no lo teníamos, y es importante porque yo siempre digo que nuestros editores editan la realidad, pero no la conocen, se pasan veinte horas al día metidos en la redacción. Hay que sacarlos a la calle y con el digital tenemos datos precisos, porque el lector te los da.

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