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JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ÁLVAREZ | Catedrático emérito de Mineralogía y Geología Aplicada en la Escuela de Minas

"La invasión soviética de Praga me pilló allí; tuvimos que pasar andando hasta Austria"

"En los primeros premios 'Príncipe', estábamos sentados en el Reconquista y llegó una avalancha de estudiantes gritando 'fuera' y diciendo que no querían aquello"

José Antonio Martínez Álvarez.

José Antonio Martínez Álvarez. MIKI LÓPEZ

José Antonio Martínez Álvarez, catedrático emérito de Mineralogía y Geología Aplicada de la Escuela de Minas, nacido en Oviedo en 1933, cursó sus estudios de Geología en Barcelona, estuvo de becario en el Centro Superior de Investigaciones Científicas y regresó a Oviedo para ser profesor en la Universidad. Tuvo tiempo

Praga. "Había un congreso internacional en Praga. Los rusos explotaban muchas minas a cielo abierto y tenían un gran desarrollo en lo que se llamaba la mecánica de rocas. Fui con mi mujer. Cogimos un avión, paramos en Belgrado, donde, por cierto, conocimos al mariscal Tito, y de ahí fuimos a Praga. Entonces vimos que el avión se retrasaba mucho. Llegamos por fin a Praga, nos metieron en un hotel y vimos al personal muy movido. Yo bajé a la entrada a preguntar y un hombre me dijo: 'La invasión de Praga'; me pidió que me asomase y me dijo: '¿Ve esa plaza de ahí? Pues son todo tanques rusos'. Metían mucho ruido porque los encendían y apagaban para mantenerlos".

Regreso. "Se suspendió el congreso y nos encontramos con un lío. Habíamos venido en avión y no sabíamos cómo salir. La única Embajada que nos acogía era la cubana, pero yo no quería ir a Cuba porque estaba el lío con Estados Unidos. Me moví un poco y acabamos con la Cruz Roja internacional, que se hizo cargo de nosotros y los estadounidenses. Estuvimos toda la noche circulando en un autobús con la bandera de la Cruz Roja encima. Pasamos mucho miedo. Cuando llegamos a la frontera, nos pusieron delante de un prado y nos dijeron: 'Si pasan ese prado, ya están en Austria, pero tengan cuidado no se queden a medio camino no vaya a ser que los atrapen'. El prado era muy largo, lo pasamos a pie corriendo, llevábamos maletas y no habíamos dormido en toda la noche. Y desde la otra parte haciéndonos gestos para que nos apresurásemos, no fuera a ser que vinieran los rusos por el otro lado. Son aventuras que uno preferiría no haber tenido".

Cátedra. "En los años setenta, cuando estaba de profesor, hice una oposición a catedrático para la Escuela de Minas de Oviedo. Hasta entonces, los profesores de las escuelas de Minas los nombraba el Ministerio de Industria, y, en un momento dado, se planteó la cuestión de que debían pertenecer al Ministerio de Educación, no al de Industria. Entonces, empezaron a sacar cátedras dentro de las escuelas. Salió una en Oviedo, me presenté y la saqué. Después, todavía, como pensé que la Mineralogía no interesaba demasiado a los ingenieros de Minas, salió otra cátedra de Geología aplicada a la minería y volví a opositar y la saqué. A partir de ahí ya me quedé en la Escuela de Minas de Oviedo. Entonces había un auge tremendo de las minas, y además aquella era una escuela de mucha exigencia. Los mejores expedientes de Bachiller iban a la Escuela de Minas, y era una carrera que duraba entonces seis años".

Estudios geotécnicos. "Años atrás me habían dado una beca para estudiar en Suiza, y allí me interesé por algo que empezaba a funcionar: los túneles. Ellos hicieron un túnel atravesando los Alpes, y yo, que viajaba de Cataluña aquí y tenía que pasar el Pajares, pensé que por qué no hacíamos en Asturias algo así. En Suiza me enteré de todo ese tipo de cosas. Después tuve la suerte de que el Ministerio de Obras Públicas hizo una oficina de proyectos con sede en Oviedo. Era para desarrollar proyectos en Asturias, Galicia, León y Zamora. Me pidieron que fuera asesor geólogo y geotécnico, y empecé a trabajar en esto también".

Grandes infraestructuras. "Allí hice el estudio geotécnico de la autopista del Huerna, y también de la variante de Pajares. Me tocó hacer los informes para el túnel del Negrón, y también para el puente de Todos los Santos, y otra serie de obras. La obra de la variante de Pajares dio guerra porque tenía que darla. Hay muchos materiales, muchos líos y era lo que tenía que ser. Y después había un grupo de ingenieros miedosos, y con miedo del terreno y de la gente que tiene que dar el visto bueno no se puede funcionar. En el Negrón nos dijeron que íbamos a encontrar metano, y yo les pregunté cómo se quitaba cuando se hacían galerías en las minas, para ir haciéndolo así. El primer túnel del Negrón no lo quería nadie porque tenía solo una dirección, y ahí yo me embarqué y propuse que pusieran un semáforo en cada lado, y me ponían la pega de si se estropea, y yo les dije que pusieran doble cable. Entiendo que la gente ponga esas pegas pero hay que buscar soluciones".

Fundación Príncipe. "Yo era representante de la Universidad en la Caja de Ahorros de Asturias. Entonces estaba de presidente Adolfo Barthe Aza, y ayudó a que se pusiese en funcionamiento la Fundación Príncipe de Asturias. Y entonces, como yo estaba ahí, me pusieron también. Graciano García planteaba casi una utopía y todos los demás decíamos que había que ir más acompasados".

Din ero. "El punto clave era el dinero. Para empezar, la aportación de Masaveu fue fundamental, y también la de Plácido Arango. Y también mi mujer tenía un tío portorriqueño que vino aquí y que tenía algo de dinero, y que contribuyó. Hizo una donación de una colección de sellos muy antigua que tenía, con piezas únicas. Además, algunas instituciones de aquí dieron algo de dinero".

Incrédulos. "Los principios siempre son incrédulos. Cuando empezamos con la Fundación y los premios, la gente no se lo creía, absolutamente. Incluso hubo quien escribió en contra durante un tiempo. Graciano García quería ir muy lejos, y costó un poco sacarlo adelante, pero al final salió todo".

Primeros premios. "El estreno de los premios "Príncipe de Asturias" de 1981 me trae recuerdos encontrados. Me acuerdo de estar sentado en el hotel de la Reconquista junto a Severo Ochoa para determinar el premio de Investigación Científica y Técnica y tener una avalancha de estudiantes de la Universidad que llegaban allí a chillar, a gritar 'fuera' y a decirnos que no querían aquello. Le dieron un susto. Él no era hombre de esa fusta, de esa dureza para esto".

Jurado. "Yo formaba parte del jurado del premio de Investigación Científica y Técnica. Recuerdo mucho a Severo Ochoa, que era muy modesto en el buen sentido de la palabra. Siempre decía que hay que tener suerte. Él mismo decía que había tenido suerte con su mujer, que era fuerte y animosa, y lo echaba para adelante. Y a la hora de decidir en el jurado para los premios era muy riguroso. Era el presidente del jurado".

Enrique Moreno. "Uno de los premiados que más huella me han dejado ha sido Enrique Moreno, que hacía trasplantes de órganos en el Hospital Doce de Octubre de Madrid. Era un fenómeno y le dimos el premio. Un tiempo después, mi mujer se puso enferma del hígado. Le hicieron un primer trasplante en Oviedo y no salió bien, y entonces yo lo llamé para preguntarle que podría hacer y me dijo que la llevara a Madrid. Le hizo un trasplante allí y estuvo casi cinco años bien, aunque acabó muriéndose; tuvo mala suerte. Mucho en la vida es cuestión de suerte".

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