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Los llagares, al límite: "En vez de corchar, estamos devolviendo la sidra al tonel"

Los productores viven con temor una crisis que ha reducido las ventas a cero y que "no acabará tan pronto", pues "los bares van a tardar en abrir"

Trabajos de mantenimiento en el llagar de Cortina, en Villaviciosa.

Trabajos de mantenimiento en el llagar de Cortina, en Villaviciosa. FERNANDO RODRÍGUEZ

La sidra, uno de los pilares del sector agroalimentario asturiano, con más de 80 llagares que comercializan más de 45 millones de litros anuales, el 80 por ciento de la producción española, padece con especiales consecuencias la crisis provocada por la pandemia, debido a su alta dependencia de las

Así lo estima Celestino Cortina, presidente del Consejo Regulador de la DOP Sidra de Asturias, que también trata de ser moderadamente optimista: "Una de las ventajas que podemos esgrimir es que este año traerá una cosecha moderada de manzana, y esperamos poder asumirla". Los elaboradores también buscan proteger sus negocios con expedientes temporales de regulación de empleo (ERTES), a la que vez que intentan mantener la actividad realizando otras tareas en los llagares. "En nuestro caso estamos realizando reparación y cuidados que en situación normal harían otros profesionales".

"Las ventas a través de la alimentación no son significativas; el consumo de sidra en casa no está tan arraigado", señala Cortina, que ha logrado poner en camino un pedido de sidra de hielo para Hong-Kong y otro de sidra natural para la República Dominicana. "En estos casos hemos tenido suerte, pero no es la tónica general", señala el llagarero de Amandi (Villaviciosa).

El zarpazo del cononavirus ha entrado de lleno en todos los llagares y los ERTE ya se han expandido a la misma velocidad que la enfermedad, porque "estamos en crisis total, completamente parados", resume Raúl Riestra, de Sidra Riestra, en Sariego. En su caso será efectivo el próximo lunes, porque "hasta ahora estuvimos trasegando, haciendo alguna cosa de mantenimiento, pero ya no da para pagar a cuatro personas", apunta.

No se vende, no se corcha, y aunque siguen enviando "algo" a supermercados y grandes cadenas de alimentación, "no da ni para pagar un sueldo" y "hasta que vendamos a la hostelería va a pasar mucho tiempo", porque "la gente no se va a atrever a ir a los bares tan rápido", pronostica, antes de lanzar una crítica: "los funcionarios están en su casa cobrando el cien por ciento del sueldo, habrá que repartir entre todos".

La situación en Trabanco es, si cabe, peor. Además de paralizar el llagar, sus servicios de restaurante y eventos, en Gijón y Sariego, también han echado el cierre en plena temporada de bodas y comuniones. "Lo primero que estamos tratando de hacer es cuidar a nuestros clientes", asegura Yolanda Trabanco, porque "ellos son nuestro principal sustento y también para ellos está siendo muy difícil". Así que en la medida de lo posible "estamos cuadrando con ellos nuevas fechas, devolviendo todas las señales que nos han dado, llamándolos por teléfono, sobre todo cuando se acerca la fecha del evento previsto, para que sepan que estamos con ellos, para darles ánimos y que sepan que cuando todo esto pase sus celebraciones serán inolvidables". De hecho, Trabanco explica que hay clientes tan fieles que llaman "para reservar una mesa para venir a comer con la familia el primer día que abramos".

Y ante esta demostración de afecto, la casa acaba de poner en marcha el sorteo de una espicha en redes sociales para celebrar por todo lo alto el fin del confinamiento, cuando llegue ese momento. En cuanto al llagar, en Trabanco no quieren ser del todo negativos porque "nuestra sidra siempre va con un poco de retraso, solemos perder un mes o dos de ventas para tener una sidra de más calidad, y este año también iba un poco atrasada así que no nos afecta tanto", resumen. También son conscientes de que no va a volver la situación anterior "en un sector ya por sí tocado", y "habrá que ayudar a los clientes a volver a empezar de cero", con la esperanza de que el ERTE que ellos también tiene planteado dure "lo menos posible, porque nuestros trabajadores están muy implicados".

En Sidra Orizón, en Nava, no han optado por un ERTE de momento, porque en la empresa trabaja la familia y porque las dos personas contratadas "están haciendo labores fuera, de cuidado de las pomaradas", explica José Luis Vigón. En su caso quiere transmitir una imagen de positividad: "en un mes y medio estaremos todos tomando sidra para celebrar que esto se acabó", aventura, desde la perspectiva que le da además ser médico de profesión. Que las ventas están paradas y que la situación es mala no se le escapa a nadie: "no estamos corchando y tendremos que bajar la temperatura del llagar para conservar la sidra almacenada", explica, pero con la confianza de que "saldremos adelante, la sidra es un producto de la naturaleza y en sus manos estamos".

Manuel Riestra, de Sidra Muñiz, en Tiñana, no barrunta nada bueno para los próximos meses porque solo vende a hostelería. Tal y como está la situación hubo que mandar a la gente para casa y "tendremos que ir viendo cómo vienen las cosas". Al menos este no será año de mucha manzana, lo que supone un alivio para los productores con vistas a sacar todo el producto al mercado cuando sea posible, "veremos a qué precio".

En el llagar naveto de Fran Ordóñez, Sidra Viuda de Angelón, el ERTE alcanzará a un número más elevado de empleados, ya que en el negocio trabajan 14 personas. "Estamos haciendo justo lo contrario a lo que deberíamos estos días: en vez de corchar estamos recogiendo cajas de sidra que no se han repartido para que no se pierda, y vamos a tener que descorcharlas y devolver la sidra al tonel para que no se estropee", explica Ordóñez.

Una situación compleja porque "los chigres no van a abrir para que salgamos todos en manada, esto va a llevar mucho tiempo", vaticina. Todo un golpe bajo a un sector en permanente lucha por mantenerse a flote y que ahora ve cómo debe echar el pestillo de forma indefinida.

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