20 de mayo de 2020
20.05.2020
La Nueva España
#juntosdesdesiempre

"Desde que tengo uso de razón, LA NUEVA ESPAÑA está en casa"

Pablo Fernández, de La Botella, en Avilés, recalca: "Somos una villa pequeña: nos acostumbramos a leer el periódico todos los días"

20.05.2020 | 00:33
Pablo Fernández Filgueira, con LA NUEVA ESPAÑA en La Botella, en Avilés.

En la sidrería La Botella, en el barrio avilesino de Sabugo, no solo mandan las botellas de sidra. "Somos una de las casas de comida más antiguas de Avilés", recalca Pablo Fernández Filgueira, cinco años al frente del local, a un paso del parque del Muelle, un negocio familiar desde hace un poco más de cuatro décadas. Fernández Filgueira empezó a trabajar allí, precisamente, detrás de esa barra en la que las botellas, sí, muchas, se juntan con el periódico, el marisco recién cocinado y las tertulias de actualidad. "Desde que tengo uso de razón, LA NUEVA ESPAÑA está en casa", subraya el hostelero avilesino, hijo de José Benito Fernández y María Dolores Filgueira.

"Siempre hemos sido una empresa familiar", apunta el hostelero, que trabaja estos días en el regreso a la "nueva normalidad" con los pies pegados en la tierra. "Queremos sacar del ERTE a cuantos más podamos", dice. Tiene seis trabajadores fijos y dos extras. "Tal cual están las cosas, con las limitaciones del estado de alarma, de momento no vamos a poder contar con estos últimos", se lamenta. "Más que de las instituciones, lo que necesitamos es ayuda de las pequeñas empresas, de nuestro entorno más cercano; por eso una iniciativa como la de regalar el periódico quince días no puede ser otra cosa que genial", destaca.

Considera Fernández Filgueira que "tener LA NUEVA ESPAÑA en la barra es un servicio más que tenemos que dar". Y esto lo tiene tan asumido que confiesa que estos días pasados de confinamiento "no ha faltado el periódico en casa". Quiere volver a ver a los parroquianos comentar esta u otra noticia, o que alguien lea en voz alta el titular de aquello que sucede en Avilés. "Somos una villa pequeña: nos acostumbramos a leer el periódico todos los días, a estar al día, a acudir a sus páginas para que te expliquen qué han decidido o qué no", cuenta. "Muchos días no le puedo echar un ojo porque no paramos. Por eso está bien que los de siempre, los que casi son familia, te señalen qué sucede", recalca.

Pablo Fernández Filgueira deja la apertura de su negocio para el 1 de junio. Las limitaciones no salen a cuenta. "Por eso hablo de los pequeños proveedores, de esos que te llaman y te preguntan cómo van las cosas, si te pueden ayudar en lo que sea. Nosotros somos más que un número en sus cuentas y ellos son mucho más que un número en la cuenta de resultados", subraya el hostelero avilesino, con carrera larga tras la barra. "Primero estuve aquí con mis padres, luego abrí en el Quirinal el café Arco. Allí estuve unos años hasta que hace cinco me hice cargo de La Botella".

Lo que echa de menos, después de sesenta y tantos días cerrado, "es el bar a primera hora". Entonces es cuando bajan los parroquianos "que dicen que van a tomar un café o una botella, pero en verdad lo que buscan es leer el periódico", apunta Fernández Filgueira. Echa de menos incluso ver "hacer cola para leer la prensa". La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha certificado que la acción de coger un periódico para leerlo u hojearlo por una o varias personas es segura. Además, esta crisis ha puesto en evidencia que periodismo es un servicio esencial.

Lo que piden estos días los clientes de Fernández Filgueira es la fabada con almejas. "Y, claro, también el pescado y el marisco", añade. Todo eso son señas de identidad de un local que lleva en el barrio de Sabugo un siglo, "43 años en mi familia". Casa de comidas a lo tradicional, cercana, donde cuando la cara repetida llega se gana un saludo o un chiste si su equipo cayó ese fin de semana. La Botella no es lo mismo "sin el periódico" en la barra, de mesa en mesa.

Cuando reabra será cuando más cerca esté "la nueva normalidad". Lo de ir a la regulación de empleo no fue cosa suya. "Nos dijeron que no podíamos trabajar y tuvimos que cerrar. Si cerramos fue por obligación", recalca. Ahora la obligación es hacer todo lo posible para empezar a ver los días como antes del confinamiento, cuando el presente todavía era ciencia ficción.

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