07 de junio de 2020
07.06.2020
La Nueva España

Briansó: "Somos sitios vivos, con amagüestu y recitales; no salir del pasillo no es la solución"

07.06.2020 | 01:24
Briansó: "Somos sitios vivos, con amagüestu y recitales; no salir del pasillo no es la solución"

Carlos Briansó, al frente de la residencia de Grado, una de las más castigadas por la pandemia, plantea como ideal del nuevo modelo una utopía en el recinto de la vieja fábrica de armas de Oviedo. "Quizá las nuevas residencias puedan ser más grandes, en su aspecto general, supongamos para 200 personas entre estudiantes, residentes, perfiles de otras capacidades? Pero organizado en núcleos pequeños de 6 u 8 residentes, con personal fijo y con las relaciones que así se establecen, que no son las de un grupo de 80 residentes. Yo lo veo en La Vega, por tanto cerca del centro, con sus zonas verdes, sus pabellones, sus zonas comunes que disfruten todos los ciudadanos, sus pequeños apartamentos que trabajan de forma independiente, su módulo de área sanitaria, sus servicios compartidos...".

Fernando Martínez Cuervo, director de la residencia del Cristo, insiste en la idea de esas "unidades de convivencia que permiten trabajar con perfiles". Porque uno de los problemas a los que se enfrentan ahora es el de acoger desde aquellos que hacen vida prácticamente autónoma, aunque vayan a dormir a la residencia, a los que están muy deteriorados en sus funciones psíquicas y físicas. Martínez Cuervo sintetiza la complejidad de la asistencia con la idea de los que pueden o no pueden hacer y los que pueden o no pueden decidir. Y todas las combinaciones posibles. "Puedo ser tetrapléjico y no poder hacer determinadas cosas, pero puedo decidir si quiero escuchar música o salir al jardín; o puedo ser un Alzheimer en fase intermedia con posibilidad de hacerlo todo pero mi cabeza no puede decidir, porque hace 40 grados y quiero ponerme el jersey de lana". Las residencias no están ahora especializadas. Se prima el arraigo del residente, que esté cerca de su familia, aunque ese planteamiento, en una región como Asturias, con buenas comunicaciones internas, se abre al debate. En todo caso, la solución parece la del trabajo con unidades más pequeñas. "Quizá hay que delimitar áreas de las residencias por zonas de atención distinta con personal adecuado, pero con 190 camas como tenemos en el Cristo, para poder mantener pequeñas unidades con usuarios similares no puedo tener tres o cuatro plantas con 40 residentes en cada una. Necesito unidades de convivencia más pequeñas que nos permitan trabajar con perfiles de usuarios", resume.

Que las residencias se puedan dividir en cápsulas más pequeñas haría también posible un control en situaciones de emergencia de zonas limpias o sucias más efectivo que el que se ha llevado a cabo en esta crisis. Hay un problema arquitectónico de partida. Las residencias proceden de los asilos, e incluso algunos edificios construidos hace 25 años, como puede ser el de Grado, ni siquiera contemplaban cuestiones básicas como rampas para sillas de ruedas. Muchas residencias de la red pública se han ido adaptando a las necesidades sanitarias con el pie forzado por las urgencias. Ahora todos tienen claro que las que se construyan en el futuro deberán poner en primer lugar estas necesidades y las de las eventualidades epidemiológicas en el diseño del espacio.

"Enfermeralizar"

Durante la crisis del coronavirus se ha hablado mucho de "medicalizar" las residencias, pero sus responsables rechazan la terminología y matizan esa idea que aproxima la idea hospitalaria a estos centros. "En realidad no hemos medicalizado ninguna residencia porque no se han puesto más médicos en ningún centro", resume Martínez Cuervo. "Quizá debemos de utilizar otra palabra. Lo que ha sucedido es que han entrado más profesionales sanitarios a los centros, más enfermeras. Se han 'enfermeralizado', porque lo que se ha puesto de relieve es que las residencias necesitan más profesionales de los cuidados, y ese profesional de los cuidados es la enfermera. La enfermera es una figura central en los centros de mayores si queremos potenciar unos cuidados de calidad".

Para explicar cuántas enfermeras necesita una residencia hay que hacer historia. Hace no tantos años estaba muy extendida la idea de que para cuidar a una persona mayor valía cualquier profesional con voluntad y vocación. Después se establecieron horas mínimas de formación y apareció el gerocultor. Con la siguiente regulación surgieron los grados de FP de técnicos de cuidados auxiliares de enfermería (Tcae), para hospitales y residencias. Esa es la formación exigida en las residencias públicas del ERA, que en el ámbito privado se amplía a técnicos de cuidados. Las enfermeras, grado universitario, serían el personal más cualificado. Su ratio, según la normativa regional, es de una profesional por cada 50 usuarios. Así que la crisis sanitaria ha señalado la necesidad de tener más enfermeras (en Asturias salen cada año dos especialistas en geriatría) y de que su presencia sea más constante. Briansó detalla cómo el día a día y la gestión del personal puede hacer desfilar 28 auxiliares distintos a lo largo de una semana. También, que los puntos que las enfermeras reciben por estar en una residencia del ERA están por debajo de los hospitales. Si la posición de estas profesionales no está reconocida y valorada en estos centros, se hace difícil seleccionar a las mejores y reducir la temporalidad de quienes ocupan las plazas. El coronavirus ha dejado otra enseñanza relativa a estas profesionales. "No existía le figura de una enfermera jefa", cuenta Carlos Briansó. "Una responsable asistencial que esté en el día a día sanitario, en todo esto que nos hemos aprendido ahora tan bien de cómo se ponen y se quitan los epis, los itinerarios seguros? Esa figura fue la que nos llegó prestada por el Sespa y con la que yo me quedaría".

Una residencia es una estructura abierta con sus medidas sanitarias donde hay intercambio y conocimiento entre los residentes y el resto de la sociedad. Así lo defiende Briansó. "Una residencia donde no entre nadie es triste y lúgubre. Si el aprendizaje del coronavirus es que no hagamos el amagüestu, ni los recitales, ni las exposiciones, ni vengan del colegio, que prevalezca lo sanitario, habrá sido un mal aprendizaje. La solución pasa por seguir siendo un espacio vivo, no que no puedan salir del pasillo".

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