Los juanetes o Hallux Valgus continúan siendo la patología más frecuente en el día a día de las consultas podológicas. Es uno de los problemas que más limitan las actividades de la vida diaria de los pacientes. Debido a que es una deformidad crónica y progresiva, su etapa de aparición se sitúa en la edad adulta joven y puede progresar hacia deformidades más avanzadas con otras patologías asociadas, siendo su dominancia en mujeres.

La complejidad de esta deformidad radica en la biomecánica de nuestro pie, es decir, en cómo se mueven las articulaciones, ligamentos, tendones y musculatura de nuestro pie y tobillo.

Debemos imaginarnos nuestro pie como un puzle tridimensional de 28 piezas (huesos), a las que debemos sumar una compleja red estructuras blandas que relacionan unas partes con otras. De la misma forma que un puzle queda perfectamente ensamblado cuando las piezas están bien aproximadas, la cirugía exitosa del Hallux Valgus debe cumplir la misma premisa.

Es de vital importancia realizar una adecuada exploración pre-quirúrgica de cada paciente, de la movilidad del primer dedo junto con el primer metatarsiano en particular y del resto de metatarsianos con los huesos y articulaciones del mediopié, del retropié y del tobillo. Además, es necesario obtener una adecuada exploración radiológica en carga para observar cómo se comportan las estructuras cuando se someten a la tensión de nuestro peso corporal. Hoy en día, poseemos aplicaciones radiológicas que nos permiten valorar cualquier deformidad angular y simular virtualmente la corrección planificada, en relación a ofrecer al paciente expectativas reales de los procedimientos quirúrgicos necesarios en cada caso. Asimismo, debemos valorar el estado de salud general del paciente, ya que la idiosincrasia de cada paciente puede condicionar los procedimientos quirúrgicos.

La tecnología aplicada a los materiales de osteosíntesis ayuda a conseguir correcciones de los juanetes con un adecuado resultado funcional y estético, en ocasiones realizando la cirugía a través de incisiones muy pequeñas, similares a la artroscopia. Cuando la deformidad no es susceptible de ser corregida a través de la técnica percutánea o de mínima incisión, recurrimos a la cirugía abierta para realinear los segmentos óseos --con unos tiempos de recuperación similares- pero de nada sirve utilizar con todos los pacientes la misma técnica quirúrgica ya que eso precipitaría el fracaso quirúrgico a corto y medio plazo.

En ocasiones es necesario asociar otros procedimientos quirúrgicos en los dedos y metatarsianos contiguos, e incluso a veces corregir la posición del retropié, en relación a obtener un resultado funcional completo.

Por lo general es una cirugía ambulatoria, realizada con anestesia local y bajo riesgo ya que realizamos bloqueos nerviosos ecoguiados, sin ingreso hospitalario y que permite al paciente apoyar y caminar con un zapato o bota especial desde el primer día.

Del mismo modo que es obligatorio realizar una buena planificación pre quirúrgica para cada paciente, también lo es preparar al paciente para el periodo postoperatorio. Las curas postquirúrgicas son tan importantes o más que la propia cirugía, siendo realizadas por el mismo cirujano en nuestro caso, para identificar de forma temprana posibles complicaciones que pudiesen ocurrir, estableciendo así un control cercano y exhaustivo del paciente.

Es importante explicar al paciente, durante las consultas previas a la cirugía, cuál es la técnica más adecuada para dar solución a su problema, qué alternativas existen y cuáles son las complicaciones, consecuencias y expectativas reales para su pie, así como el manejo farmacológico postoperatorio.

La cirugía podológica une de manera armónica dos conceptos: la cirugía ortopédica y la cirugía plástica aplicada a las deformidades del pie.

Desde el Colegio de Podólogos de Asturias recomendamos a los pacientes que acudan siempre a establecimientos sanitarios debidamente certificados.