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Tres asturianos, al borde de la muerte tras ser víctimas de ataques de insectos

La Policía de Candás evacua sin pulso a un bombero al que picó una avispa asiática, y un enjambre de abejas lleva al hospital a dos alleranos

Un operario retira un nido de velutina en Gijón.

Un operario retira un nido de velutina en Gijón.

Si algo ha dejado claro el covid-19 es que el bicho pequeño puede ser tan peligroso o más que los grandes. Un bombero, en Candás, y dos vecinos de la localidad allerana de Bustios han estado a punto de perder la vida esta semana tras sufrir la picadura de una

La picadura de una avispa asiática estuvo muy cerca de acabar en tragedia en Candás. La rápida intervención de una patrulla de la Policía Local de Carreño y del personal del centro de salud salvó la vida de un bombero al que picó una velutina tras retirar un nido. Los hechos tuvieron lugar la tarde del pasado jueves. Fue entonces cuando al bombero, que se encontraba recogiendo su equipamiento tras la intervención, le picó en el cuello. Cayó fulminado prácticamente al instante.

Al lugar de los hechos, en las inmediaciones del concurrido mirador de La Formiga, se desplazó una patrulla de la Policía Local. Ante la gravedad del suceso, con el bombero totalmente inerte, decidieron montarlo en el coche y trasladarlo a toda velocidad al centro de salud de Candás, adonde llegó sin pulso aparente. El personal sanitario inyectó adrenalina al bombero de inmediato, que respondió satisfactoriamente. Posteriormente, una UVI móvil trasladó al afectado al Hospital Universitario San Agustín (HUSA) de Avilés, donde estuvo ingresado hasta ayer, que recibió el alta.

En Aller fueron las abejas las que estuvieron muy cerca de desatar la tragedia. Dos vecinos de la localidad de Bustios están ingresados desde el pasado miércoles tras sufrir un ataque masivo. N. C., de 80 años de edad, permanecía ayer en la UCI del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) tras sufrir un infarto a raíz de la brutal acometida de cientos de insectos. M. F. O., de 73 años, se recupera por su parte en el Hospital de Mieres, ya en planta, de las graves secuelas que le han dejado las decenas de picaduras que sufrió.

"Ambos pudieron haber muerto", explicaba ayer la hija de M. F. O. El miércoles por la mañana los dos hombres estaban dando un paseo a pocos metros de sus casas. Justo a la entrada del pueblo, junto a la carretera, otro vecino no residente tiene varias colmenas que en ese momento estaba atendiendo. De improvisto, los dos amigos, que caminaban a pocos metros de los panales, vieron cómo un enfurecido enjambre se les venía encima. El dueño de las colmenas intentó ayudar, apartando las abejas con el cepillo, pero era tal la cantidad que el esfuerzo para librarse de los insectos resultó totalmente inútil.

En cuestión de segundos, M. F. O. se llenó de picaduras. El propio dueño de las colmenas, consciente de la gravedad y tras ver que el segundo vecino se refugiaba en su casa a la carrera, decidió bajar a M. F. O. al centro de salud de Moreda. "Le quitaron cuarenta aguijones, aunque aún le quedan otros tantos en el cuerpo, y al disparársele el azúcar y ser diabético, se decidió ingresarlo en el Hospital de Mieres", apunta su hija. Tras atender a una de las víctimas, el dueño de las colmenas acudió a la casa del segundo vecino, que vive solo, para interesarse por su estado. Lo encontró gravemente indispuesto y lo trasladó también al centro sanitario local. De ahí fue evacuado con urgencia al hospital. Tras estar en estado muy grave y sufrir un infarto, ayer se recuperaba lentamente en la UCI.

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