07 de julio de 2020
07.07.2020
La Nueva España

El acusado de matar a un hombre en Villaviciosa: "Pido perdón a la familia"

"Me daba asco, no tenía ganas de vivir, ni familia, ni cariño, solo la droga desde los 13 años", relata, arrepentido, el joven Brayan Tuero

07.07.2020 | 00:56
Brayan Tuero, a la izquierda, durante la primera sesión del juicio por el crimen de Adrián Gancedo.

"Me daba asco a mí mismo; no tenía ganas de vivir, ni tenía cariño, ni una familia en la que apoyarme, solo la droga desde los 13 años y malas compañías. Quiero pedir perdón a la familia de Adrián". Estas fueron las primeras palabras pronunciadas por Brayan Tuero Cuesta, de 23 años, desde que ingresase en prisión preventiva el 26 de noviembre de 2017 por apuñalar mortalmente a Adrián Gancedo, que falleció a los 32 años y dejó una hija de diez, tras una discusión en una discoteca de Villaviciosa. Hasta ayer siempre se había acogido a su derecho a no declarar. Sus frases de arrepentimiento, pronunciadas entre sollozos, llegaron durante la primera sesión del juicio de este crimen que se celebró ayer en Gijón -en audiencia pública, pero entre estrictas medidas de seguridad por la pandemia sanitaria- y en el que el joven maliayés afronta 17 años de cárcel -veinte piden las acusaciones particulares- por un delito de asesinato.

El de Brayan Tuero fue el primer juicio por Tribunal del Jurado celebrado en Asturias tras el estado de alarma y en el que está al frente el magistrado de la sección octava de la Audiencia, Juan Laborda. Los integrantes del jurado popular, cinco hombres y cuatro mujeres, además de dos suplentes, fueron examinados previamente por las partes, un proceso que se demoró cerca de tres horas. Todos ellos ocuparon sus respectivos asientos, separados por paneles de metacrilato al ser imposible mantener la distancia de seguridad con el espacio existente en la sala. Serán ellos quienes decidan el jueves -el juicio está previsto que dure tres días- sobre el futuro de Tuero, que ayer, con camisa azul pálido, vaqueros y deportivas, siguió tranquilo el inicio de la vista oral. Por momentos, eso sí, se tapaba el rostro con su mano, especialmente si hablaban las acusaciones.

Desde la Fiscalía y las acusaciones particulares, que ejercen los padres y la hija del fallecido, hasta la defensa, dirigida por el abogado Luis Tuero, trataron de meter en el canasto a los componentes del jurado. Los primeros defienden que Tuero mató a Adrián Gancedo "a sangre fría", mientras que la defensa ahondó en la infancia difícil del acusado para trasladar la imagen de chico con posibilidades de reinserción y que todo ocurrió tras una pelea. Ninguna de las partes se quedaron cortas en meter carga emotiva a sus respectivos discursos para convencer. Todo sea por convencer.

El fiscal tiene claro, y así lo expuso tras definirse como "el abogado de los ciudadanos" y dar imagen de imparcialidad, que Brayan Tuero inició una discusión con Adrián Gancedo a las puertas de una discoteca de Villaviciosa por un cigarrillo. "La mayor tontería del mundo", definió el fiscal. Fruto de esa disputa, en la que intervino también una amiga del acusado, Tuero sacó una navaja y apuñaló tres veces en la espalda a su víctima. Luego parecía que se iba, lo que hizo que Gancedo se levantase, pero su agresor volvió y le asestó otras tres puñaladas más en el pecho. Una de ellas resultó mortal de necesidad. "Le cogió desprevenido, fue un asesinato a sangre fría, innecesario e incomprensible", valoró mirando al jurado.

En la misma línea se pronunciaron en sus exposiciones iniciales los letrados de las dos acusaciones. El más enérgico fue Rubén de los Dolores, el abogado de los padres de la víctima, que se quiso adelantar a esa imagen de chico de infancia difícil. "Una mala infancia no justifica quitar una vida, porque entonces habría muchos asesinos sueltos", espetó. Además, ahondó en la imagen bondadosa de Adrián Gancedo, que cuidaba de su hermano, minusválido desde hace años por un accidente de tráfico. No faltaron las menciones a esos padres que han perdido a su hijo o esa niña que crecerá sin su padre. El jurado popular no hizo pregunta alguna.

La defensa comenzó su disertación sin esconder la realidad. "No hay ninguna excusa, lo mató. Pero su reinserción es posible, es una persona distinta, ahora solo puede arrepentirse de lo que hizo", aseguró Luis Tuero. Eso sí, dejó claro que una cosa es que lo matase a puñaladas -solo reconocen las tres asestadas frente a frente en el pecho- y otra la alevosía que le atribuyen las acusaciones para justificar el delito de asesinato, que implica penas de cárcel mayores. E indemnizaciones. La defensa aboga por cinco años de cárcel por homicidio con la eximente incompleta por intoxicación, lo que motivó una merma de sus capacidades volitivas e intelectivas cuando ocurrieron los hechos.

La línea de Luis Tuero fue la hoja de ruta que siguió luego su cliente. Fue el testimonio de Brayan, por aquello de la novedad, el momento más interesante de un juicio que se prolongó hasta pasadas las dos y media de la tarde. El joven respondió a las preguntas de todas las partes. "Le conocía de vista, creo que por un empujón nos empezamos pelear y a insultar", comenzó diciendo. Brayan Tuero asegura que entró en el conflicto "a separar a mi amiga y a Adrián, pero yo también me caí al suelo". Allí relató que se pegaron y que luego les separaron, pero que al poco, la víctima "se vino hacia a mí, insultándome y me vi con una navaja encima, no sé de donde salió porque yo no llevba". "Solo le di tres puñaladas de frente, me entró miedo y me fui de allí; fue todo muy rápido", confesó llorando.

El joven relató los hechos con varias lagunas -el fiscal le reprochó incisivamente tener "memoria selectiva"-, pero aprovechó el día para pedir perdón a la familia. Aunque también se lo afearon. "Quiero pedir perdón a la familia de Adrián, pero me pongo en su lugar y yo no los perdonaría", reconoció antes de volver a llorar.

La otra parte del interrogatorio, con las preguntas de la defensa, sirvió para ver el lado más humano del acusado, consumidor de drogas desde los 13 años, un padre en prisión que "nunca estaba en casa" y una madre en la distancia y malas compañías. "No me reconozco, me daba asco a mí mismo, aunque ahora también me doy asco; pero antes no tenía ganas de vivir, no tenía cariño, ni familia en la que apoyarme, solo en la droga desde los 13 años", pronunció. A eso se suma que ahora en prisión "me saqué la ESO, estoy apuntado al grado de auxiliar en enfermería y hago talleres de carpintería". El juicio se retoma hoy.

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