- Aceptémoslo: hay gente que ante el arte rupestre solo ve garabatos.

-Cuando miramos algo, si solo vemos ese algo, esa cosa, la mirada se vuelve pobre. A veces la desconsideración es la coraza para obviar nuestro desconocimiento.

- ¿Y tras esa cosa, qué hay?

-Hay mucho. Está la luz, que es muy importante. El arte siempre está abierto e inacabado y, por tanto, admite cualquier interpretación. Y cuando alguien te dice "esto no lo entiendo, explícamelo", te expones a una pregunta trampa. El arte es emocional, pero también lo es el fútbol, por poner un ejemplo bien distinto. La gente entiende el simbolismo del fútbol y se emociona viendo a unos tíos en calzoncillos, entre otras cosas porque se pasa la vida yendo todos los domingos al campo.

Francisco Fresno nació en Villaviciosa en 1954. Artista polifacético, centrado en la actualidad en la escultura. Vive en Gijón y desde su ventana ve ese hito de acero que es su obra "Hacia la luz", plantada en 2009 cerca de Viesques. Desde hace cerca de cuarenta años tiene presencia -permanente y coherente- en certámenes y galerías. Fresno prologa el libro "Tito Bustillo, sueños en la roca", cuarta entrega del coleccionable de LA NUEVA ESPAÑA sobre "El Legado del Arte Rupestre Asturiano". "Tito Bustillo, sueños en la roca" llegará a los lectores este próximo fin de semana.

- ¿Y frente al arte del Paleolítico qué ve usted?

-Veo una confluencia de inteligencias, el gran salto evolutivo coincide con la llegada del arte. Una inteligencia técnica, el saber hacer, y una inteligencia social muy fluida. El arte rupestre es fruto de una planificación muy intensa, y en esto seguimos igual que hace veinte mil años, calentando motores, enfrentándonos a cosas que nos sobrepasan.

- ¿Pintan para el grupo?

-La creación viene de los demás y se destina a los demás. De lo colectivo a lo colectivo. El artista del Paleolítico podía pintar y grabar a solas, pero la presencia del grupo estaba con él. Es una presencia que guía. Cuando observo el gran dominio del oficio de esta gente me imagino que tiene que ver con la elección de espacios recogidos, por lo general en el fondo de las cuevas, y con la concentración. A mayor concentración, menor riesgo de error.

- Da la impresión de que nunca se equivocaban.

-Eran virtuosos pero también habría algún tipo de ensayo. A lo mejor esos trazos que nosotros vemos tan perfectos nacían antes en el aire. Pero el virtuosismo de los artistas del Magdaleniense no es solo producto del oficio.

- ¿Hay más?

-Claro. Hay comunión con muchas más cosas, y eso es lo que realmente nos sorprende. El trazo está fresco, fue pintado hace quince mil o veinte mil años pero está como el primer día. Eso no es solo oficio, hay detrás una capacidad extraordinaria para trascender, una energía un poco mágica.

- O sea, que quizá pintaban para trascender...

-Y para buscar respuestas. Llevamos toda la historia humana buscando respuestas y muchas veces solo encuentras nuevas preguntas. Supongo que el arte servía de nexo para el grupo, pero ni antes ni ahora hay nada absoluto. Cada persona construye la realidad de forma distinta, y esto vale para el que crea, pero también para el que mira.

- Pregunta juego. Viaje al corazón de Tito Bustillo hace 20.000 años y dígale algo al artista que pinta y graba en el gran panel.

-Disculpe, vengo a incordiar.

- ¿Y después?

-Estoy seguro que ya entonces los homo sapiens del Magdaleniense tenían sentido del humor y la ironía. Le preguntaría si en aquel contexto donde la supervivencia era tan dura y obligaba a tanto, también había "recortes" en cultura.

- Alguien del clan pensaría: yo jugándome el pellejo cazando y este viviendo de sus grabados...

-A lo mejor el pintor también cazaba. Desconocemos el reparto de especialidades. Seguimos sufriendo esos prejuicios. Nuestras cabezas son básicamente las mismas que la de los habitantes de Tito Bustillo. Somos hermanos.

- ¿En el arte rupestre está todo el arte del mundo?

-En cierto modo, sí. Dibujo, pintura, grabado, escultura... Hay algo de sombras chinescas en ese ambiente a la luz de las lámparas en el fondo de la cueva. Y seguro que cultivaban el "body-art". Tengo claro que en el arte paleolítico están todas las vanguardias y la paleta de todas las artes. Me asombra esa superposición de obras con miles de años de diferencia, ese regresar al mismo sitio, a la misma pared, que es una forma de afirmar tu paso por allí.

- Los expertos hablan de un concepto muy teatral de ese arte milenario.

-Por supuesto. Eche una ojeada al Camarín de Candamo con su caballo. Puro teatro. Y el juego del positivo y el negativo en las manos impresas en la pared no es otra cosa que un antecedente de la fotografía. Hasta las cuevas son auténticas cajas acústicas donde seguro que los sonidos tenían según en qué momento una gran trascendencia. Encuentro similitudes con nuestras catedrales; el sonido, la luz, la piedra...

- La religión.

-Sí. La sensación de provisionalidad que siempre acompañó al ser humano. Ves y escuchas una tormenta y quién no se sobrecoge. Ellos y nosotros pensamos exactamente lo mismo: qué pequeñín soy, qué fragil. Por eso siempre ha habido rituales en torno a las creencias pero también a los desconocimientos.