10 de septiembre de 2020
10.09.2020
La Nueva España
Me quedo en el pueblo | Fuentes (Parres)

Ganadero a contracorriente

En plena crisis, Julio Labra González, de profesión carpintero, asumió una explotación de asturiana de los valles en 2013 y hoy cuenta con 82 reses

09.09.2020 | 23:35
Julio Labra González, en una de sus fincas en Fuentes, en Parres.

Dice Julio Labra González que, curiosamente, fue en tiempos de crisis cuando decidió dedicarse plenamente a la ganadería. "A mí la crisis me afectó como a muchos, pero, si lo pienso bien, por un lado me hizo un favor porque, si no me aprieta la situación laboral, igual no habría dado el paso a convertirme en ganadero profesional", dice él, nacido Pola de Siero y que, tras cursar un grado medio en Carpintería, trabajó cinco años en una empresa como tal hasta que cerró, pasando luego al sector de la construcción, donde vivió una situación similar. "Yo entonces tenía unas vacas como afición", recuerda él.

En aquellos primeros años y por hobby, porque siempre le gustaron, tenía unas 10 o 12 vacas. "Una buena forma de que este oficio no se pierda es que los ganaderos, cuando se jubilan, puedan ofertar la posibilidad de continuar sus ganaderías a los jóvenes en vez de mandar los animales al matadero. Eso me pasó a mí. Yo tenía un vecino que se jubilaba, no tenía descendientes y su finca lindaba con las de mi padre, con lo que se lo compré. Teníamos amistad hace años. Luego con la ayuda como joven ganadero que se me concedió en 2013 empecé como profesional con unos 28 animales entre los suyos y los míos. A día de hoy tengo unos 82 entre madres, crías y un lote de novillas para reponer", matiza él mientras atiende a sus animales en sus fincas de Fuente, en la parroquia de Cayarga, en Parres. "El hecho de verme sin trabajo y tener unas vacas en casa me hizo pensar que podía vivir de ellas, me hizo dar el paso", explica.

Tiene 34 años y junto a su pareja son padres de un niño a punto de cumplir los 3 años. Viven en Arriondas y a diario se desplaza cuatro veces al lugar donde tiene el ganado para atenderlo. "Nuestra ilusión es tener casa propia en el pueblo en un futuro próximo", explica este joven para quien, tras cumplir con el requisito de los cinco años tras la subvención como ganadero, ha seguido creciendo en su ganadería. "Si quieres vivir de esto y evolucionar no te queda otra que ir aumentando el número de animales. Ahora necesitas un mínimo entre 40 a 50 cabezas, si no, no puedes", recuerda el poleso, para quien un buen número de profesionales del sector la ganadería es algo vocacional. "Este oficio tiene que gustarte, llevarlo dentro".

Julio Labra también habla claro sobre el tema de la concesión de las subvenciones y, al tiempo, pide que se siga echando una mano a los que cerraron el ciclo de los cinco años tras acabar la ayuda. "Está bien que se apoye la incorporación de gente joven a la ganadería, pero no siempre lo hacen por vocación y luego pasa lo que pasa. Creo que una vez que pasan los cinco años deberían de alguna forma seguir apoyando a los que seguimos con las ganaderías adelante, incrementando el número de animales y luchando por mantenernos. Yo creo que la gente pasa un poco de la ganadería porque aquí no tienes descansos ni vacaciones. Hay poca gente joven ganadera. A los animales hay que cuidarlos y, además, tenemos el problema del minifundismo, todo son finquinas por donde tienes que ir colocando los animales", recalca este profesional.

Importante para él es la unión de los ganaderos asturianos para luchar por un precio justo. "Tenemos la mejor carne del mundo. El coste está bajo, se gana muy poco. Estamos un poco con la espalda abierta a la hora de vender los terneros. Yo creo que deberíamos ir en conjunto a exigir una mejora de los precios porque calidad hay bastante", mantiene este profesional. Sin embargo, y hasta la fecha, dice que no se puede quejar: "No es que la cosa me vaya perfecta, pero vas pagando y vas viviendo".

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