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La segunda ola es menor pero se ve más

Salud recalca que el aumento de test permite detectar casos que en marzo eran invisibles, pero avisa de un posible aumento de ingresos, casos en UCI y fallecimientos

El domingo, la Consejería de Salud del Principado reportó 133 nuevos casos de covid-19, la segunda cifra más alta desde el inicio de la pandemia. Ayer, el director general de Salud Pública, Rafa Cofiño, recalcó que no hay motivos para la alarma, pero sí para estar alerta: "El incremento de la capacidad diagnóstica, con pruebas PCR en casos leves, contactos estrechos y personas que cumplen los criterios para acudir a los estudios ampliados, se traducen en más test realizados y una mejor monitorización de la situación real de la pandemia en Asturias".

Cofiño confirmó algo que en la primera ola de la pandemia se intuía y motivó en parte que la propagación del virus pareciese imparable: en marzo, "la búsqueda de positivos y la realización de pruebas se limitaban, básicamente, a casos sintomáticos graves y no así a los leves".

El hecho de que los casos ahora registrados sean menos graves (incluso muchos de ellos asintomáticos) y la media de edad de los afectados se sitúe en los 42 años permite a Cofiño afirmar que la diferencia en cuanto a la gravedad en una y otra ola hace "que resulten difícilmente comparables". Cofiño advirtió, no obstante que "aunque no lo estamos viendo, podríamos comenzar a observar el incremento de ingresos hospitalarios, en UCI, y fallecimientos que ya se ha comenzado a observar en otras comunidades".

¿Ha cambiado el virus o solo nuestra capacidad para detectarlo? La metáfora del iceberg resulta muy acertada para explicar las diferencias entre las cifras de la primera y esta segunda ola. A causa de la diferente densidad del hielo y el agua, nueve de cada diez partes de un iceberg (enorme masa de hielo flotante) permanece sumergida y solo la décima parte flota. En la primera ola del covid-19 que azotó España en marzo ocurría algo similar: había diez veces más casos de personas contagiadas de lo que señalaban las cifras oficiales, como constatan ahora las estimaciones del Ministerio de Sanidad. Eso se debía a que únicamente se detectaban aquellos casos que por gravedad llegaban a los servicios sanitarios y a los que se realizaban pruebas. Además, en plena eclosión de casos graves, muchas personas que padecían síntomas compatibles con el covid permanecían en casa sin ser atendidos por los médicos. Por tanto, existía una gran parte de personas contagiadas que permanecía "sumergida" a ojos de los servicios sanitarios y podía ser transmisor.

Sin embargo, ahora, la imagen sanitaria es bastante aproximada a la totalidad de casos, de ahí que la gran mayoría sean leves (en marzo esos casos estaban entre los "sumergidos"), dado que se realiza un gran número de pruebas. De hecho, con niveles de contagios diarios comparables a momentos altos de la curva de casos en la primera ola, la ocupación en planta y UCI en Asturias es ahora mucho menor, según los datos facilitados ayer por la consejería de Sanidad. Sin embargo, ese hecho no debe invitar al relajo: una propagación descontrolada de los contagios podría llevar a otra saturación de los servicios sanitarios.

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