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Tresviso: confinados “a la fuerza”

Los habitantes del municipio cántabro tienen que atravesar Asturias para todos sus desplazamientos | “Nos hemos quedado sin turistas; no se arriesgan a venir estando las fronteras del Principado cerradas”, lamentan los vecinos

Simón Campo, ayer, en el corazón del pueblo de Tresviso.

Simón Campo, ayer, en el corazón del pueblo de Tresviso. Juan Plaza

En la teoría son cántabros; en la práctica son asturianos. Los veinticinco habitantes permanentes de Tresviso viven en la frontera, en territorio de Miguel Ángel Revilla, pero para salir del municipio tienen que pisar sí o sí suelo asturiano. Una Asturias que desde esta semana está confinada como medida desesperada

El alcalde, Javier Campo, en su quesería. Juan Plaza

El caso de Tresviso es peculiar. Solo seis kilómetros montaña a abajo les separa del pueblo de La Hermida, también cántabro. El problema es que no hay conexión por carretera y esos seis kilómetros se transforman en 63,7; o lo que es lo mismo, en hora y media de viaje en coche por un tortuoso camino aunque de vistas incomparables. Los vecinos de este municipio tienen que cruzar el oriente asturiano para llegar a cualquier punto de su comunidad, ya sea Unquera o Castro Urdiales. Y eso en tiempos del covid genera muchas molestias.

El alcalde, Javier Campo, que es quesero de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Queso Picón Bejes- Tresviso, insiste en que ellos pueden ir a Cantabria y los cántabros llegar a Tresviso aún pasando por la Asturias confinada. “La Guardia Civil sabe cuál es nuestra situación y que no tenemos otra vía de comunicación que no sea pasando por el Principado”, afirma. Pero lo cierto es que “la gente tiene miedo” y desde que el presidente Adrián Barbón ordenase el cierre de Asturias, Tresviso vive de rebote confinada. “Los clientes no quieren arriesgarse. Se me han caído todas las reservas. Hoy (por ayer) se marcharon unos turistas de Logroño y ya solo me queda un francés, que venía por quince días y que a lo mejor adelanta su vuelta a mañana”, dice apenada Santa López.

Los vecinos de este municipio tienen que cruzar el oriente asturiano para llegar a cualquier punto de su comunidad, ya sea Unquera o Castro Urdiales

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Esta vecina de 50 años y agente de seguros además de empresaria turística cuenta una anécdota: “Tengo ido a Arenas de Cabrales (25 kilómetros) a comprar y preguntarme la Guardia Civil: ‘¿De dónde es usted?’ De Treviso. Y contestarme: ‘Pues no puede estar aquí, tiene que ir a Unquera (55 kilómetros)’. Y estando en Unquera, me vuelven a parar: ‘¿No tiene sitios más cercanos que tiene que venir hasta aquí?’”. “¿En qué quedamos?”, se queja López, que por semana vive alejada de su marido y su hijo de 8 años, quienes residen en Santander al no haber escuela en Tresviso. “A ver el viernes cuando tengan que volver a casa y cruzar Asturias”, señala con preocupación.

Simón Campo prepara un café en la barra de su bar, el único del municipio. | Juan Plaza

Miguel Campo es otro de los habitantes afectados por el cierre de Asturias. Dirige el único bar del pueblo: “La Taberna”. Ayer por la mañana solo tenía la compañía de su perra “Chula”. “Hasta el fin de semana, bien. Pero ahora con las nuevas restricciones, pocos visitantes”, resume Campo, que es hermano del alcalde. “Ahora se paró todo de golpe: ¡Pum! Menos mal que hubo mucha gente en verano...”, sigue contando detrás de la barra del chigre, en el que pese a ser cántabro vende sidra asturiana.

–¿Se sienten más de Cantabria o de Asturias?

–De Cantabria, de Cantabria. La carretera con Asturias tiene 30 años, es muy reciente. Siempre bajamos andando hasta La Hermida (Cantabria) por el desfiladero.

Y ese desfiladero, ubicado en pleno parque nacional de los Picos de Europa, sigue siendo hoy la única alternativa si se quiere esquivar Asturias. Por supuesto, nadie se lo plantea.

“Es de sentido común que nos dejen entrar en Asturias, porque no tenemos otra alternativa. Nosotros lo vivimos como algo normal”, indica otro vecino del municipio, Simón, de apellido también Campo. “Aquí somos todos parientes”, aclara. Censados hay unos 60 habitantes, pero que vivan de continuo son unos 25. En verano la cifra supera el centenar. “Nosotros para ir a Santander, tenemos que pasar por Asturias. Y el suministro alimenticio lo tenemos también en Asturias. Hacer la compra en Cantabria es una kilometrada”, agrega Campo. Una situación parecida a Tresviso la vive, aunque en menor medida, el Valle del Liébana, como apunta el alcalde. Javier Campo huye de las polémicas y asegura que no es el momento de abrir el debate sobre si Tresviso debería pertenecer a Asturias en vez de Cantabria. “Estamos en España, el resto lo mismo da”, zanja.

Santa Lopez, delante de los apartamentos turísticos que dirige. | Juan Plaza

¿Y cómo se vive la pandemia en un pueblo de montaña ubicado a más de 900 metros de altitud? Pues con “normalidad”. La mascarilla es obligatoria, pero al aire libre y guardando las distancias nadie la lleva puesta. Se lo pueden permitir: son pocos vecinos para tanto municipio y desde que llegó el coronavirus llevan cero casos positivos. Eso a pesar de que “en verano los turistas llegaron en estampida”, comenta Santa López. “Al principio fuimos reacios, porque teníamos miedo a que hubiese contagios. Porque si entra el virus aquí, barre. La mayoría tiene 80 años o más. Así que tocamos madera para que esto siga así”, manifiesta. “Se ve que la brisa de la montaña se lleva el covid”, apunta orgulloso Miguel Campo, que en días despejados divisa desde la barra de su bar hasta las montañas de Burgos. Ayer había niebla.

Ningún habitante teme un nuevo confinamiento, porque, insisten, ya están entrenados. Lo experimentan todos los años por la nieve.

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