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Mario Díaz | Catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Oviedo, cierra hoy la Semana de la Ciencia “Margarita Salas”

“La transformación de residuos será un área de trabajo constante para la industria en décadas”

“En poco tiempo ha habido avances muy llamativos, incluso se generan subproductos que llegan a tener más valor que el material original”

Mario Díaz

Mario Díaz Mara Villamuza

Mario Díaz clausura esta tarde la Semana de la Ciencia “Margarita Salas” explorando modelos de conjugación para los verbos reutilizar, reciclar, revalorizar. Catedrático de Ingeniería Química en la Universidad de Oviedo, Díaz acerca al ciclo divulgativo que organiza LA NUEVA ESPAÑA los mecanismos en renovación permanente que permiten la transformación de residuos biológicos de desecho, en este caso los lodos que dejan las depuradoras de aguas, en materiales con un valor económico de gran virtualidad en un universo cada vez más consciente de su deterioro.

–¿Cómo es esa “segunda vida” que pueden tener los lodos que generan las depuradoras de aguas?

–Cuando se analiza la composición del residuo procedente de las plantas de tratamiento de aguas se observa que contiene componentes orgánicos e inorgánicos valiosos. El problema es cómo extraerlos y ponerlos en condiciones de mercado. En el fondo, lo que se debe hacer es un balance entre los costes de los procesos de separación y transformación que se requieren y el beneficio esperado. Al tratarse de residuos, se añaden además consideraciones sociales, de variabilidad de composición o de las impurezas que pueden contener materias primas tan complejas. Y al final, la puesta en marcha de los procesos es mucho más difícil por los problemas que surgen al considerar la variable clave, la competencia.

–¿En qué sentido?

–A veces, en la Universidad pensamos que simplemente porque se puede hacer algo, ya va hacia delante. Y hay que tener en cuenta muchos problemas que se pueden plantear para que un proyecto acabe siendo realmente competitivo.

–¿Hay ya ejemplos prácticos concretos del nivel de aprovechamiento que puede alcanzar la reutilización de estos residuos?

–Los lodos residuales tienen actualmente algunos usos que buscan sobre todo “quitárnoslos de en medio”. Esencialmente, mediante su deposición en vertederos, donde puede aprovecharse el biogás que se genera y además se le puede dar un uso agrario controlado, sin tratamiento o previo compostaje, o una utilidad energética a través de la producción de biogás combustible o mediante incineración. Estos usos son los tradicionales. Pero no ha habido un intento claro de diferenciar los componentes de la mezcla para su aprovechamiento específico. Quizá los primeros procesos en esta dirección sean los que tienen que ver con el aprovechamiento del nitrógeno y el fósforo presentes en los lodos. Por ejemplo, para la obtención de estruvita, que es un fosfato hidratado de amonio y magnesio y se utiliza como fertilizante. Básicamente, en todo proceso de reutilización se establece una especie de pirámide que tiene en la base las aplicaciones energéticas y de ahí hacia arriba fertilizantes, alimentos para animales, plásticos… Productos cada vez más sensibles, que necesitan cada vez más desarrollo, o más pureza.

"Las administraciones deben estar continuamente en contacto con las necesidades del tejido industrial"

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–¿Es la bioeconomía, con su apuesta por reutilización de materiales biológicos, la forma más perfecta de la economía circular?

–Los conceptos de bioeconomía y de economía circular han evolucionado en paralelo. La bioeconomía hace mención al uso de recursos renovables en lugar de fósiles, y la economía circular a la hipotética eliminación total de residuos. Por supuesto, en la situación industrial actual, ambos enfoques en forma radical son inviables, pero se han elaborado estrategias europeas a 2030 y 2050 que nos indican que estos movimientos van a influir en los desarrollos industriales futuros. En ocasiones se habla también de bioeconomía circular. Los cambios que se están produciendo en periodos de tiempo limitados son muy llamativos, y numerosos los casos en que se muestra que los subproductos llegan a tener más valor que el producto principal.

–Ha analizado la segunda oportunidad que se puede dar a otros residuos biológicos, como el suero de los quesos. ¿Cuál es el límite?

–El lactosuero es un ejemplo de cómo un material que era un residuo hace unas décadas se ha ido valorizando de forma continua. Esta revalorización no es uniforme, los avances se van ajustando a la existencia de mercado y no es de extrañar que continúen realizándose separaciones adicionales o que se vayan a obtener productos en menores volúmenes, como antioxidantes, bioactivos, aromas o colorantes. Suelen resultar críticos los costes de los procesos de separación, pero también de las biorreacciones que se requieren para obtener nuevos productos. En relación con todos estos temas, tenemos que reconocer el trabajo puntero durante décadas de la empresa asturiana ILAS, transformando materiales que eran residuos en productos de un gran valor. En todos estos casos resulta imprescindible un mercado que se ajuste a las características de los productos.

–¿Queda todavía mucho camino y mucha investigación para sacar partido a todas las posibilidades que se abren en este ámbitos?

–La transformación de residuos y subproductos en nuevos recursos será sin duda un proceso de mejora continua para todos los sectores industriales en décadas. Y será, en consecuencia, un área que requerirá mucho trabajo futuro continuado. También contribuirá en este objetivo un mayor control de residuos, que parece inevitable si se mantienen abiertos los mercados. Un ejemplo lateral es el Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM), que pretende unificar las formas de producción en todo el mundo en relación con la magnitud del CO2 generado, que está en fase de consulta pública en Europa.

–Todos estos procesos conectan con el salto del laboratorio al mercado, con la gran asignatura pendiente de la transferencia del conocimiento al tejido empresarial. ¿Tiene alguna receta para acelerarla?

–No la conozco, y quizás no la haya, salvo trabajar mucho todos en ese objetivo. Puedo dar una opinión. Para la empresa, si es posible, conviene empezar ya, con un responsable y con visión a largo plazo. Para las instituciones públicas, valorar la transferencia que haga su personal. Y para las administraciones, tener un enfoque continuado y muy en contacto con las necesidades del tejido industrial. Todo ello es arduo, sin garantías, pero es imprescindible. Si habla en términos de receta médica, diría que estaríamos curados cuando se vaya viendo la utilidad de esa colaboración y la sociedad perciba que esta función es absolutamente necesaria. Una vez realizado este esfuerzo de acercamiento, cuando estemos en ese otro nivel… se precisará “seguir con una vida saludable”.

–¿Queda mucho trecho para que la apuesta colectiva por la innovación y el conocimiento pase de las palabras a los hechos, o más bien a los euros?

–Sin duda, falta mucho. Habitualmente, para meter algunos goles hay que tener muchas ocasiones. Y nosotros necesitamos crear oportunidades. En el fútbol, los goles los meten los jugadores, pero hace falta fichar buenos jugadores, desestabilizadores, jugando con estrategia y con un proyecto de equipo. Y claro, para obtener euros habrá que invertir euros.

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