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Me quedo en el pueblo | Canto La Vara (Riosa)

El cero no existe para Sonsoles

“Nunca pensé en tirar la toalla”, señala la administrativa y auxiliar de veterinaria, con 20 vacas de asturiana de los valles que prevé aumentar

Sonsoles Alonso Álvarez, con algunos de sus animales en una finca de El Canto La Vara, en Riosa. |  | ANA PAZ PAREDES

Sonsoles Alonso Álvarez, con algunos de sus animales en una finca de El Canto La Vara, en Riosa. | | ANA PAZ PAREDES

“Tú vas a empezar de cero y no vas a llegar. Tú sabrás lo que haces. Es lo que me decía la gente cuando les contaba que quería ser ganadera. Bueno, pues a día de hoy tengo 20 vacas de asturiana de los valles y puedo decir con orgullo que

Fue cuando conoció a quien es hoy marido cuando se trasladó a vivir al pueblo del Canto La Vara, en Riosa. “Siempre me gustó la vida en el pueblo y aprovechando que encontramos una casa aquí, cerca del trabajo de mi marido, que es minero, nos instalamos. Durante un tiempo estuve trabajando como auxiliar en una clínica en Llanera, pero prácticamente me pasaba allí todo el día. Antes había trabajado un tiempo en seguros en Oviedo. Viendo las vacas de los vecinos me entró el gusanillo y me dije que por qué no podía yo ser también ganadera. Avisé a mi marido de que iba a pedir una subvención para la primera instalación y que iba a empezar por las vacas. En mi familia, salvo mi abuelo que era de Fierros y tenían algún ternero para cebarlo, nunca hubo tradición ganadera. Yo soy la primera”, señala con orgullo.

El cero no existe para Sonsoles

El cero no existe para Sonsoles

Con las ayudas fue comprando sus primeras vacas madre, pero, como ella misma afirma, no era suficiente. “También tuve que pedir préstamos. Algunos prados son míos y otros están en alquiler. Llevo tres años de ganadera con todo lo que conlleva y en ningún momento he pensado en tirar la toalla a pesar de que, aun a día de hoy, no me dan rentabilidad porque hay muchísimos gastos, porque las ventas están muy mal, porque las ayudas que recibimos son muy pocas. Este oficio nuestro está muy poco valorado, pero, aun con todo, cuando llegue a los cinco años que tengo por obligación no lo voy a dejar como hacen otros, seguiré adelante porque llevo la ganadería dentro. Si me he metido en esto es con todas las consecuencias. A mí el trabajo no me da miedo. En la vida hay que saber elegir, ser consciente del momento que vives y a qué te comprometes”, afirma esta mujer que, recientemente, ha terminado otro curso formativo en ganadería, en este caso de auxiliar de veterinaria de animales de granja.

Ella es partidaria de que la gente regrese al pueblo y que la zona rural recobre población con nuevos habitantes, aunque también habla claro al respecto: “Estoy muy a favor de que la gente vuelva pero también aviso de que cuando se viene hay que adaptarse a lo que hay en el pueblo, y no andar quejándote si una pita del vecino se escapa y te caga delante de la puerta o cosas similares. Voy a un pueblo, pero quiero internet de alta velocidad. Bueno, yo aquí tengo internet por satélite y me va de maravilla. Seguro que no soy la única”.

Sobre el sector ganadero en Asturias es clara: “Los precios están muy bajos. Para mí ha influido la crisis que se vive en el sector porque el mayor problema que tenemos los ganaderos es que pedimos una unión para luchar juntos y resulta imposible cuando unos van por un lado, otros por otro y algunos quieren destacar sobre los otros. Tenemos que estar todos al mismo nivel y no tan desunidos. Mientras esto no se solucione y no miremos en la misma dirección, no vamos a lograr nada”.

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