Duro Robert Diditel, el rumano de 24 años que presuntamente apuñaló mortalmente al artista ovetense –aunque muy vinculado a Gijón y residente últimamente en Lugones– A. F.-C. Á., de 60 años, en una vivienda de San Juan de la Arena (Soto del Barco), en la noche del miércoles al jueves pasados, ingresó en la tarde de ayer en la prisión de Asturias tras asegurar ante la jueza de Pravia, Tania Fernández, que no recordaba lo ocurrido porque “había bebido mucho”. Se trata de un joven que, como él mismo explicó ante la jueza, se dedicaba “a pedir limosna”, con algunos problemas mentales, según quienes le conocen, ya que padece un importante grado de inmadurez.

Virgil Memet, a la puerta de la vivienda. | R. Solís / I. Gago

Virgil Memet, a la puerta de la vivienda. | R. Solís / I. Gago

Diditel, que estuvo asistido por el abogado avilesino Juan Carlos Páyer Ramírez, no mostró remordimiento alguno por lo ocurrido, quizá por esa supuesta desconexión de la realidad que le atribuyen. Aseguró ante la jueza que era pareja de la víctima y que solía consumir hachís y alcohol. La noche del crimen había bebido vino y cerveza. No obstante, admitió una discusión entre ambos y que se defendió “como pudo”. La Guardia Civil cree que el motivo de la pelea que llevó a la muerte de A. F.-C. Á. fue que el joven rumano quería salir a comprar droga. Sin embargo, este asunto no quedó claro en la declaración ante la jueza. La Fiscalía interesó su ingreso en prisión ante el riesgo de fuga, ya que carece de arraigo en el país.

Agentes buscando el arma.| R. Solís / I. Gago

El rumano, de etnia gitana, lleva en España cinco años y ha vivido en la calle, hasta que le acogieron en la casa del Pico de San Juan de La Arena. Al parecer, conocía a Virgil Memet, pareja del propietario de la vivienda, un hombre mayor con ciertos problemas de salud. Memet, que es también gitano, y su pareja declararon ante la jueza, como únicos testigos de los ocurrido. “Fue una discusión de pareja”, explicó Memet. “Yo no vi el cuchillo, pero sí a Alejandro sangrando por el pecho”, añadió.

Tras el incidente, siguieron el reguero de sangre hasta el coche. Allí encontraron a A. F.-C- Á., quien les pidió que le llevaran al Hospital. Al final fue él mismo quien se puso en marcha a bordo de su Volkswagen Polo, pero se desvaneció debido a la pérdida de sangre y se salió de la calzada junto al Castillo. Allí murió.

14

El presunto autor del crimen de La Arena pasa a disposición judicial Ricardo Solís

“Nos da mucha pena, era una buena persona”, aseguró Memet. Robert siempre le pareció una persona con problemas mentales. “Siempre andaba buscando líos, estaba muy nervioso. Yo pienso que en la cárcel se va a suicidar”, manifestó Memet. Presumiblemente se le aplicará el protocolo antisuicidios en la cárcel asturiana. La Guardia Civil estuvo buscando ayer por la mañana el arma del crimen, posiblemente una navaja, por los alrededores de la vivienda, sin éxito. La búsqueda se reanudará pasado mañana lunes. La investigación corre a cargo de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Gijón. La detención de Robert Diditel se produjo a las ocho de la mañana de anteayer jueves, unas horas después de que se encontrase el cadáver de A. F.-C. Á. Los agentes lo encontraron en la vivienda donde se produjeron los hechos, donde había sido retenido por vecinos de la vivienda, según fuentes cercanas a la investigación.

Los vecinos desconocían lo que ocurría en el interior de la casa del Picu, en el número 104 de la avenida Río Nalón. Solo sabían que el dueño, que era de “La Arena de toda la vida”, “acogía” al presunto homicida. Ni Robert, ni Memet, mantenían una relación estrecha con los habitantes del pueblo. De hecho, había quienes decían ni los conocían.

A la puerta del “súper”

Robert comenzó a andar por La Arena de San Juan hace alrededor de cuatro años. Desde hacía tres años, aproximadamente, era frecuente que se le viera en la puerta del supermercado o “recogiendo chatarra con la bicicleta”, sin integrarse demasiado en los asuntos del pueblo. Se colocaba siempre en el lado derecho de la tienda, turnándose con su compañero para pedir dinero. Algunos domingos iba a la iglesia, a realizar el mismo oficio. “Yo le daba siempre cincuenta céntimos al pasar”, cuenta Elisa Menéndez, en la puerta de su casa. Vive en la misma calle, con una casa de por medio y el suceso le pilló durmiendo: “No me enteré de nada, pero dijeron que había un reguero de sangre bajando por la carretera y que el coche lo encontraron al lado del puente. El pobre hombre se desangró porque no podía más”, indicó.

Desde hace año y medio era frecuente ver a Robert en compañía del pintor fallecido: “Yo no sé qué era lo que tenían porque no estoy dentro de esa casa, pero esos dos estaban ‘arrejuntaos’. Lo sabe todo el mundo”, sostiene su vecina. Ni el presunto homicida ni la víctima habían dado problemas en la localidad. De hecho, dentro del supermercado, Robert ayudaba muchas veces a embolsar las cosas a los clientes, saludaba a las cajeras todas las mañanas y “no molestaba nunca a nadie”.

Los dos testigos del crimen, tras declarar Ricardo Solís

“Es un crimen que no tiene nada que ver con el pueblo. Pasó aquí, pero como podría haber sido en otro lado”, afirmó algún vecino molesto. No quieren que se relacione la pequeña localidad con ningún tipo de crimen: “Somos gente muy pacífica. Acogemos a los visitantes con los brazos abiertos”. Lo ocurrido “se veía venir”.