El Gobierno del Principado “escucha”, quiere ser “sensible a las preocupaciones de la ciudadanía y los sectores” a los que perjudican sus decisiones y, más allá de las palabras, no descarta dar marcha atrás en las que atañen al cierre del comercio minorista. Lo que ha escuchado hasta ahora son las protestas de los comerciantes primero y las demandas de algunos grupos políticos de la Junta después; lo que hará al respecto sigue pendiente de la reunión que mantendrá el comité de crisis la próxima semana, y de su dictamen sobre la conveniencia de la reapertura a la luz de la evaluación de las evoluciones de la pandemia, pero la consejera portavoz del Ejecutivo adelanta que allí “estará sobre la mesa” “la reapertura del comercio minorista y sus condiciones”. Hasta ahí llegó ayer Melania Álvarez, una vez que dejó sentado que entiende que restricciones tan “drásticas” como la orden de cierre pueden resultar “dolorosas”, pero también que “no las habríamos adoptado si no fuesen estrictamente necesarias” para doblarle el brazo a una segunda ola que se encoleriza estos días más que nunca. “No responden a ningún capricho”, se justificó varias veces la Consejera en su comparecencia posterior a la reunión de ayer del Consejo de Gobierno. “Otras regiones y países están tomando medidas similares, si no más duras”.

La alternativa de aflojar las restricciones de la segunda oleada de la pandemia, de abrir la mano en lo que atañe a los establecimientos comerciales de proximidad, tiene, no obstante, al menos una opción de hacerse real después de la presión que ha recibido el Gobierno desde flancos muy diversos para que flexibilice la directriz actual que sólo permite abrir a los establecimientos considerados esenciales. A la expectativa de la decisión definitiva, se abre en todo caso “una esperanza” a la vista de Carmen Moreno, gerente de la Unión de Comerciantes del Principado, satisfecha de que el Ejecutivo no se apee de la línea de diálogo abierta con el sector esta semana y de que entreabra una puerta semejante a la que la Consejería de Industria dejó entornada en sus conversaciones con los representantes del comercio.

Cierre hostelero en Oviedo.

Sería una reapertura con condiciones, limitaciones estrictas de ocupación e higiene y para los comerciantes es de entrada “importante que se tenga en cuenta que hacemos propuestas razonables y compatibles con las medidas sanitarias de cuidado que todos necesitamos en una situación de pandemia con números extremos como los que se están dando”. Su petición de reapertura del comercio coincide, resalta, con lo que se pide en el resto de España, o “al menos en comunidades autónomas con la misma presión asistencial o número de contagios que Asturias”. En su encuentro con el consejero de Industria, plantearon varias alternativas, como la apertura de los locales de menos de trescientos metros cuadrados con limitación de aforo –como en la fase 1 de la desescalada– o incluso como en la fase 0, con cita previa.

Sin entrar en muchos detalles, por lo demás, Álvarez repitió que “en las próximas semanas” estarán definidas las ayudas compensatorias a los sectores afectados, prometidas para antes de fin de año, y que simultáneamente se trabaja en la inclusión de “un fondo potente de rescate” en el proyecto presupuestario para 2021 que el Ejecutivo tiene en elaboración y pendiente de negociación política.

Lo que sí parece más claro es que el toque de queda que limita a lo estrictamente indispensable la movilidad entre las diez de la noche y las seis de la mañana seguirá activo más allá del próximo lunes. A partir de la medianoche de ese día, los presidentes autonómicos pueden hacer decaer o modular la medida, que queda desde entonces a su criterio. El asturiano valora como “razonable” y “lógico” prorrogarlo “al menos durante dos semanas más”, anuncia Melania Álvarez, que aclara que todavía la decisión definitiva debe ser adoptada “teniendo en cuenta la evolución de la situación epidemiológica”, pero también que alargar la restricción tiene sentido.

Los testimonios

Teresa Fernández, Pola de Allande: “Creo que puede haber más peligro en los supermercados”

D. Á.

Indignada y cabreada es como se siente Teresa Fernández, al frente del comercio del Redondo en Pola de Allande, donde vende ropa y calzado. Teresa Fernández no entiende como una tienda como la suya puede considerarse peligrosa en la propagación del virus cuando asegura que los clientes solo acceden a su local de uno en uno y que como en el resto de lugares se respetan las distancias de seguridad, la desinfección y hay una continua ventilación. “Creo que puede haber más peligro en los grandes supermercados, donde se junta mucha gente”, expone. 

Teme pensar en cómo hacer frente a los pagos de noviembre y más aún que esta situación se alargue y afecte a la campaña de Navidad con la tienda llena de ropa y calzado de la nueva temporada de invierno. A pesar de estar cerrada no quiere quedarse de brazos cruzados y ha puesto a disposición de sus clientes su teléfono y las redes sociales para recibir pedidos, que ella se encargará de repartir o enviar.

María Blanco, Oviedo: “Es otro mazazo después de pasar casi cuatro meses en blanco”

C. L.

“Está claro que esto hay que pararlo, que la salud es lo primero; pero estas medidas no tienen razón de ser”, lamenta María Balnco junto a un mostrador lleno de mascarillas. La comerciante ovetense se dice “desesperada” por un cierre que, para el pequeño comercio supone un “mazazo gordísimo”. Primero fue el cierre y, ahora, cuando ya tenían “todas las medidas necesarias para poder abrir con seguridad”, les vuelven a cerrar. A cal y canto. En su opinión, sería mucho más efectivo tener “policías controlando que las tiendas no se pasen de un aforo reducido”. Porque, en un local como el suyo, pregunta señalando la extensión de la tienda, “¿qué aglomeraciones va a haber?”. Blanco alaba el “comportamiento ejemplar” de los clientes y cree que por permitir “unas horas de apertura” el golpe económico no sería tan acusado. Mientras tanto, dice, seguirá con la tienda online, pero lamentando que, así, ni cubre costes ni genera empleo.

Ruth Rodríguez, Carmen Suárez y Carmela Castelao, Gijón: “No es justo que haya locales con artículos decorativos a la venta”

S. F. L.

Como la pandemia lastró ya desde marzo la actividad de su agencia de viajes, las pequeñas empresarias gijonesas Ruth Rodríguez, Carmen Suárez y Carmela Castelao habían invertido mucho más de lo normal en la compra de artículos para su tienda de decoración, un negocio que compaginan con su agencia desde hace cuatro años. Intuían que, viendo lo animado que había estado su local este verano, la precampaña navideña de noviembre les haría saldar un mes también rentable. “Tener que cerrar ahora es un palazo tremendo, sobre todo, cuando vemos que hay otros locales abiertos vendiendo artículos de este estilo”, lamenta Suárez en referencia a algunas grandes superficies, franquicias y bazares que se ven todavía activos estos días en la ciudad. “Juegan con que una parte de su inventario sí entra dentro de lo esencial para vender todo tipo de cosas, pero no es justo. Si una tienda queda abierta porque tiene material de construcción, solo debería vender ese tipo de artículos”, critica la afectada.


Isabel Llaneza, Avilés: “Me parece lógica la reapertura porque aquí no hay aglomeraciones”

I. G. 

Un día les dicen que abren y otro que cierran. Y luego que vuelven a abrir. Lo que viven los comerciantes de tiendas de ropa, jugueterías y otras tiendas en Avilés es el más puro desconcierto. Por supuesto que ellos prefieren permanecer con la persiana levantada. Pero no porque sean unos temerarios, sino porque consideran que en sus establecimientos se toman las medidas de seguridad suficientes y en los locales nunca se producen aglomeraciones. 

Isabel Llaneza tiene su tienda de ropa en la calle Florida de Avilés. Ayer se levantó de su siesta y todos sus grupos de whatsapp decían lo mismo: era probable que les dejasen abrir la semana que viene. “Me parece lógico por cómo funcionamos. Hay mucha más gente a la vez en un supermercado que en el interior de mi tienda”, cuenta. Isabel no paró de trabajar pese al cierre, a puerta cerrada y con encargos. Y si saludaba a sus clientas era a través de la verja, sintiendose “como si estuviera haciendo algo malo”.