Lorena Gil activó su dimisión como portavoz en la Junta General y diputada autonómica en la noche del pasado jueves pero empezó a irse de Podemos bastante antes. Cuando el pasado 15 de julio se dirigía a Adrián Barbón en el último pleno de un curso político sacudido por el coronavirus, pocos, por no decir ninguno, acertaron a comprender el sentido de su discurso a medio camino entre el enigma y la sorpresa. Sincera y sobria lanzó un reto a sus compañeros de hemiciclo que, a tenor de los acontecimientos, ha demostrado bien podía tener distintos niveles de lectura, extramuros pero también puertas adentro de Podemos Asturias, como si de una dimisión en diferido se tratase. El presidente del Principado, Adrián Barbón, incluso llegó a bromear diciendo que aquella intervención le sonaba a dimisión.

Esta gijonesa de 45 años, uno de los currículum más solidos con los que Podemos se estrenó en el parlamento asturiano en 2015, dejó su sello personal en la que a la postre ha sido su despedida de la Junta General, su último cara a con el presidente del Principado. "¿Siguen animándonos los mismos motivos que nos trajeron a este Parlamento?", fue la pregunta que Lorena Gil lanzó a los otros 44 diputados regionales, incluido Barbón, para acto seguido lanzar una reflexión de calado acerca de la clase política de la que ella misma ha formado parte: "¿Por qué la ciudadanía sitúa la política en el primer plano de sus preocupaciones , alcanzando su desafección cotas históricas?", planteaba ante la atenta mirada de su compañero de bancada, Daniel Ripa. "Esperan que un representante institucional sea alguien más que quien repite mantras con tal de permanecer a flote", afirmó entonces. "Quiero hablarles de respetar y respetarse. Varias fueron las razones que me impulsaron a dar un paso más en mi implicación social y política: Acompañar las demandas legítimas, reconstruir el tejido de una sociedad herida, contribuir a que las personas tomen las riendas de sus vidas. En definitiva, vine para trabajar con rigor por el bien común, el que se decide democráticamente tras un debate profundo que no cabe en este hemiciclo ni en la sede de ningún partido". Defendió que esas son "las balizas para señalar cuándo las estructuras partidarias partidarias se ponen al servicio de ambiciones , cuándo se deja de buscar a la gente más capaz, cuándo se deja de empatizar con quien está enfrente e incluso con quien está al lado".

Lorena Gil puso el epílogo a esta etapa en la vida pública afirmando en aquel pleno de julio que "todo ha cambiado" y que la vida no puede afrontarse ya "como si nada hubiese pasado". En ese punto, empezó a dar las gracias a quienes la han respaldado, pero también indicó que estar en política suponía "una responsabilidad enorme, la de juzgar por nosotras mismas sin necesidad de esperar al siguiente proceso electoral, si estamos pudiendo cumplir con los que nos propusimos". Tal parecía una declaración de intenciones: "Señorías, en las próximas semanas piensen si las razones que nos trajeron aquí siguen estando plenamente vigentes (...) y si llegado el caso tenemos el coraje de dar un paso a un lado y colaborar allí donde seamos tan felices como necesarios, como hacen cada día tantos de nuestros conciudadanos", remachó seria.

La respuesta de Barbón entonces devino profética, tras la decisión anunciada por Lorena Gil este jueves. "Voy a quitarle dramatismo a la intervención con una broma: Pensé que iba a decir "y por este motivo dimito como diputada". Palabras que fueron acompañadas de algunas risas, tímidas eso sí.

Lorena Gil ha estado ausente desde septiembre de la actividad parlamentaria, por motivos médicos, pero en las razones de su marcha pesan la divisiones cada vez más evidentes en el seno de Podemos, donde su figura parecía ejercer de dique de contención como ha quedado patente en los últimos meses con las críticas cruzadas entre el grupo de los diputados Nuria Rodríguez y Rafael Palacios y la dirección que controla Daniel Ripa. Un enfrentamiento que llega en plena negociación presupuestaria para un año especialmente crítico por el impacto del coronavirus y que quizá escriba un nuevo capítulo con la elección del nuevo portavoz tras la salida de Gil, cuyo escaño podría ser para la siguiente candidata en la lista, Jara Cosculluela, la exsecretaria de Organización y persona del círculo de confianza de Ripa, también aragonesa como el secretario general de Podemos Asturias. Si no media un acuerdo salomónico, la votación en el seno del grupo parlamentario acabará en un empate a dos que presumiblemente acabe dilucidándose en el Consejo Ciudadano Autonómico, donde Ripa tiene una holgadísima mayoría, acentuada por la marcha de un buen número de críticos que habían ido en las otras listas como fue el caso de sus rivales en primarias Héctor Piernavieja y Vanesa Llaneza. Unas discrepancias a las que seguramente no es ajeno el proceso asambleario que, en principio y salvo cambio de planes de Ripa, tendrá lugar a finales de 2021, cuando vence el mandato interno de Ripa que no ha decidido si optará por tercera vez a la secretaría general. De momento, hay un hecho incontestable: Daniel Ripa es el único de los nueve diputados autonómicos logrados por Podemos Asturias, cuando su objetivo era el asalto al Gobierno autonómico, que conserva su escaño en la Junta General cinco años después.