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Estrella Hormazábal | Letrada de la Administración de Justicia del Juzgado de violencia sobre la mujer número 1 de Oviedo

“El maltrato no entiende de estratos sociales, ni nivel educativo, cultural o económico”

“La sociedad está cada vez más sensibilizada y más implicada, y no solo denuncian las víctimas, también los vecinos y en ocasiones familiares”

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Estrella Hormazábal Villacorta (León, 1957) es la letrada de la Administración de Justicia del Juzgado de violencia sobre la mujer número 1 de Oviedo desde que inició su actividad, hace ya 14 años. Condecorada con la Orden de San Raimundo de Peñafort, es miembro del Consejo del Secretariado, órgano en

Estrella Hormazábal Villacorta (León, 1957) es la letrada de la Administración de Justicia del Juzgado de violencia sobre la mujer número 1 de Oviedo desde que inició su actividad, hace ya 14 años. Condecorada con la Orden de San Raimundo de Peñafort, es miembro del Consejo del Secretariado, órgano en el que fue reelegida hace dos años. A lo largo de su carrera profesional en el juzgado ovetense ha visto “de casi todo”, pero quiere lanzar un mensaje de esperanza a las mujeres maltratadas para que no se sientan solas.

–Se temía un incremento de casos de maltrato con el confinamiento. ¿Se confirmaron esos temores?

–Durante los meses de confinamiento se produjo un descenso de casos en este juzgado, pero durante el verano y hasta mediados de octubre aumentaron de manera exponencial. Llegamos a tener incluso hasta cinco detenidos en un día. Si el año pasado se vieron 700 casos, a estas alturas ya sumamos 200 más y estamos en 900, pese a los tres meses de “parón”. Ahora los datos revelan cierta ralentización, pero creo que en este ejercicio llegaremos al millar.

–¿Se repite en muchos casos el mismo maltratador?

–Muchos casos, el 40 por ciento aproximadamente, son quebrantamientos de condenas, condenados que incumplen la orden de alejamiento o que se ponen en contacto con la víctima. La primera vez se realiza un apercibimiento, pero la segunda ya se ordena su ingreso en prisión.

–¿Cuál es el delito más frecuente que se juzga en este juzgado?

–El de maltrato de obra, que son empujones, arrastrar por el suelo a la víctima, tirones de pelo, tortazos, mordiscos… y el delito de lesiones en general. También es muy frecuente el delito de amenazas, y está aumentando el de coacciones y acoso sobre todo entre los jóvenes, por el uso de redes sociales y las nuevas tecnologías. Pocos se juzgan como delitos leves, que son por injurias, vejaciones…, porque casi todos los supuestos ya están tipificados como delitos menos graves o graves.

"Aumentan las coacciones y acoso entre jóvenes por el uso de las redes sociales"

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–¿Y por maltrato habitual continuado?

–También los hay. Estos son los que más cuesta denunciar y también probar, porque los malos tratos se producen normalmente en el ámbito familiar y la mujer se ve en la tesitura de denunciar a la persona con la que ha compartido su vida, con la que tiene hijos.

–¿Por eso muchas se niegan a declarar contra su maltratador?

–Muchas mujeres tienen miedo y se acogen al derecho de dispensa. Algunas incluso retiran la denuncia, aunque el fiscal sigue adelante con el caso. El problema surge si la víctima es la prueba fehaciente del maltrato y lo niega, diciendo por ejemplo que los hematomas son porque se cayó por la escalera. En esos casos es muy difícil para la Fiscalía seguir adelante si carece de pruebas. La buena noticia es que la sociedad cada vez está más sensibilizada y más implicada y no solo denuncian las víctimas, sino también los vecinos y en algunas ocasiones los familiares. También se dan casos en los que son los propios hijos los que denuncian el maltrato que sufre su madre.

–¿Cuál es el perfil de la mujer maltratada que llega con su caso al Juzgado?

–El maltrato no entiende de estratos sociales, de niveles educativos, culturales ni económicos. Las víctimas son mayoritariamente mujeres de entre 40 y 50 años, aunque en los últimos años han aumentado de manera notable las denuncias entre jóvenes de 25 a 35 años por acoso, amenazas, revelaciones de imágenes a través de las redes sociales. Aproximadamente el 35 por ciento de las mujeres son de nacionalidad extranjera, y muchas de ellas carecen de trabajo o tienen ingresos muy bajos.

–¿No tienen casos entre la gente de edad más avanzada?

–Son muy pocas las personas mayores de 70 años, y también entre mujeres menores de edad.

–Muchos casos de denuncias por malos tratos están relacionados con la separación de la pareja.

–Sí, en la mayoría de las ocasiones la pareja está en proceso de divorcio y surgen problemas por la custodia de los hijos. Pero también se da la circunstancia de la separación provocada por la propia violencia. Muchas mujeres vienen aquí pidiendo ayuda, porque en una parte importante de los casos hay problemas de consumo de alcohol y las víctimas piden que la condena sea que su marido o pareja sea obligado a seguir un tratamiento. Eso no es posible, pero se les orienta hacia las organizaciones o instituciones en las que pueden recibir ayuda. Lo que sí conlleva cualquier condena es que el hombre debe someterse a programas formativos en violencia de género, una especie de programas de rehabilitación.

–¿Y son efectivos? ¿Los maltratadores se rehabilitan?

–La casuística es variopinta. Hay hombres a los que vemos con cierta frecuencia, pero denunciados por mujeres diferentes.

–¿Considera que la legislación actual es suficientemente dura con el maltratador?

–Depende del delito. Me explico. El origen en muchos casos es un insulto, un empujón en el transcurso de una discusión, y se puede condenar al autor a trabajos en beneficio de la comunidad y en el caso de juicios rápidos pueden ser de seis meses a dos años de prisión si hay conformidad. El problema surge con los quebrantamientos de condena, que les puede llevar a prisión. La ley orgánica de Protección Integral contra la violencia de género es muy completa, multidisciplinar y trata de luchar contra el empoderamiento de los hombres sobre las mujeres.

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