Fue una protesta festiva y alegre, en la que participaron familias enteras, desde abuelos hasta niños pequeños. La marea naranja de la concertada atronó durante dos horas el centro de la capital del Principado y de la ciudad de Gijón, provocando un auténtico caos circulatorio. Todo por la libertad de los padres a elegir la educación de sus hijos, que, según los convocantes de la protesta, está en peligro.

En Oviedo, la manifestación partió del estacionamiento del estadio Carlos Tartiere, cuyo acceso ya quedó colapsado bastante antes de las once de la mañana, hora de inicio de la manifestación. Los coches lucían sobre todo globos naranjas –debieron de agotarse, porque también podía verse alguno amarillo– y un lazo del mismo color con el lema “Stop ley Celáa”. Menos banderas españolas de lo que cabría esperar y muy escasos símbolos religiosos, aunque alguno sí se vio, como una bandera con el Sagrado Corazón. También participaron religiosos en la protesta, aunque muy discretamente. Como explicaba uno de los manifestantes, Jesús Cases, “este no es un tema de religión, se trata de que los padres podamos elegir la educación que queremos para nuestros hijos, venimos a defender ese derecho”.

Son 30.000 alumnos los que en Asturias están matriculados en centros concertados y que reciben clase de 3.500 profesores. Como explicaban dos de ellos, pertenecientes al colegio San Ignacio, “la ley Celáa pone en riesgo nuestros puestos de trabajo”. Otros iban más allá y justificaban su presencia en la protesta no tanto por esa ley que el Gobierno ha colado “por la puerta de atrás, con nocturnidad y alevosía, sin dar tiempo a discutirla”, como por “la pérdida de libertades que estamos sufriendo en España desde que este Gobierno legisla solo para una parte del país”, indicó Agustín Pedregal Canga. “Tengo derecho a elegir el colegio de mis hijos”, aseguró este padre, que iba acompañado de su familia.

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Protestas en coche contra la 'Ley Celaá' en Oviedo y Gijón IRMA COLLÍN | JULIÁN RUS

“Nos jugamos el futuro”

“Pedimos la protección y la continuidad de la pluralidad democrática de nuestro sistema educativo”, dijo Desirée Fernández, presidenta de la Confederación Católica de Padres de Alumnos (Concapa), encargada de leer un manifiesto en nombre de las familias y los profesionales de la concertada. “Ha llegado el momento de dejar claro que no toleramos poner límites y recortes a nuestra libertad de enseñanza, porque en ella nos jugamos el futuro de nuestra democracia”, añadió. Fernández defendió la “complementariedad” de la red pública y privada, y expresó el rechazo a que las autoridades educativas impongan la distribución del alumnado. “No aceptamos el modelo de inclusión radical que pretende la ley Celáa y que conduce a la progresiva desaparición de los centros de educación especial”, añadió. La ley, además, deja en la cuerda floja a los profesores, recordó. Fernández finalizó indicando que la concertada animará los recursos de constitucionalidad que se presenten contra la ley, así como cualquier recurso contencioso-administrativo contra la eliminación de aulas concertadas.

Los miles de participantes en la protesta no dejaron de tocar el claxon durante las dos horas que duró el recorrido circular entre el Tartiere y la calle Uría. Numerosos vecinos aplaudieron desde las aceras a los manifestantes y se sumaron al atronador grito de la concertada.

Una limusina rosa chicle de nueve metros de largo y con espacio para 15 personas fue el vehículo elegido por los profesores Irene Álvarez y Borja Orviz para acudir a la masiva manifestación motorizada en contra de la nueva ley educativa, la LOMLOE, conocida popularmente como la ley Celáa. Centenares de vehículos con sus lazos naranjas discurrieron por algunas de las arterias principales de la mayor ciudad de Asturias con el color naranja por bandera en apoyo a la educación concertada. Entre ellos, Álvarez y Orviz, profesores de los colegios concertados San Vicente de Paúl y Virgen Reina. Junto a ellos en el gigantesco vehículo iba Laura Ferreiro, madre de un niño de la concertada. “Queremos poder elegir cómo educar”, apuntaron.

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La enorme limusina fue una mota de polvo en comparación con la mayúscula hilera de vehículos que ayer se echaron al asfalto gijonés pidiendo la derogación de la reforma educativa del Gobierno de Pedro Sánchez por considerarla “un ataque” a la educación concertada. Se replicó en varias ciudades de España y en Gijón partió desde el estadio de El Molinón en una especie de circuito cerrado que discurrió por la calle Ezcurdia, la avenida de la Costa, Pablo Iglesias y la carretera de Villaviciosa para volver de nuevo al coliseo rojiblanco. “Hemos paralizado todo”, se vanagloriaban Antonio García y Manuel Fernández, dos abuelos cuyos nietos estudian en la concertada.

Manifestación contra la 'Ley Celaá' en Gijón