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La historia en medio de la tragedia

La historia de la paciente covid que se trasladó a la residencia más castigada de coronavirus en Asturias por su marido: "El jardín aún me recuerda a él"

Raquel Fueyo se contagió en la Canuto Hevia, donde no pierde la sonrisa pese al azote del covid

Raquel Fueyo, en la Canuto Hevia, con el dibujo del arcoiris.

Raquel Fueyo, en la Canuto Hevia, con el dibujo del arcoiris.

Dicen que el amor vuelve el mundo redondo. Y la mierense Raquel Fueyo es fiel creyente de esta teoría. Así que no quiso separarse de su marido, Agustín Casado, cuando él enfermó de Alzheimer. Juntos, se trasladaron a la residencia Canuto Hevia (Lena). Ella le recordaba su vida a diario, él le apretaba la mano. Hasta que una mañana, Agustín ya no abrió los ojos. Y Raquel, que antes no era partidaria de ir a la residencia, avisó a sus hijos de que quería seguir en el centro geriátrico: “Me quedo porque estos jardines son preciosos y me recuerdan a vuestro padre”.

“Ella, en la residencia Canuto Hevia, es feliz”, dice su hija, Ana Casado. Lo era antes del covid-19 y lo es ahora, a pesar de todo, porque allí tiene a su segunda familia. Raquel Fueyo está entre los 110 residentes contagiados en el geriátrico, en el centro del brote de covid-19 más agresivo de la región. Permanece asintomática pero aislada, en una cuarentena que sus hijos y la plantilla de la residencia intentan animar: “La llamamos todos los días, por videollamada o por llamada de voz. La vemos bien, y eso nos anima a seguir”, dice Ana Casado.

Ella les contesta siempre al “smartphone”, que ya usa con mucha soltura. La escuchan bien, si acaso la nariz un poco congestionada. Nada más. “El otro día nos dijo que quería salir al pasillo porque una compañera estaba cambiando los muebles de sitio en la habitación, estaba riéndose”. La avisaron de que no saliera, y Raquel les respondió con gracia: “Qué va, ye imposible. Estes vigilan todo el día”, en referencia a las trabajadoras de la planta.

La familia no tiene más que buenas palabras para la gestión y el personal de la residencia , en manos de un patronato que dirige el Ayuntamiento -en colaboración con la Sagrada Familia-.“Nos llamaron desde el primer momento para informarnos, nunca nos enteramos de nada por la prensa. Cuando supimos que era positivo en coronavirus nos preocupamos mucho pero ella se sigue encontrando bien y estamos más tranquilos. Esperando que pasen los días y que todo quede atrás”.

La plantilla de la residencia Canuto Hevia también ha sufrido el azote del virus. Hay un total de veintiséis sanitarios contagiados: “Es duro, porque la primera ola la pasamos ya con mucha tensión y ahora viene esto. Llueve sobre mojado, anímicamente yo me siento mal”, explicó una trabajadora que prefiere permanecer en el anonimato. No por ella, dice, sino por sus compañeros: “Al final, no ganamos nada quejándonos. Estamos en la situación que estamos y solo queda pelear”.

Pelear sin descanso. Del total de residentes contagiados, la mayoría permanecen aislados en sus habitaciones. Con síntomas muy leves o asintomáticos, como Raquel Fueyo. Cuando tienen “gracia”, se hablan a través de las paredes. Y miran al cielo por la ventana. Reciben periódicamente la visita de una psicóloga. El otro día, a Raquel le regaló una lámina con un arcoíris en blanco y negro. Y ella lo pintó con todos los colores. Por la esperanza y, sobre todo, por el amor. Porque vuelve el mundo redondo, y nunca hay que perder el eje: ya no está, pero el suyo siempre es Agustín.

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