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La cárcel de Asturias aloja a 4 etarras y prepara las celdas para otros dos

Los terroristas, alguno arrepentido, están encerrados de forma individual y acceden a buenos destinos, como la biblioteca o los perros de terapia

La prisión de Villabona

La prisión de Villabona Juan Plaza

Tras el traslado de las etarras Olga Comes e Idoia Martínez a cárceles del País Vasco, y la llegada al centro penitenciario de Tabladiello de Joanes Larretxea, uno de los asesinos del concejal socialista Isaías Carrasco –muerto a tiros en Mondragón en marzo de 2008–, la cárcel asturiana aloja a un total de cuatro etarras, una cifra relativamente baja, pero están previstos nuevos traslados en breves fechas. De hecho, en el módulo 6 de la cárcel se están acondicionando dos celdas en las que se instalarán otros tantos reclusos de la banda. Asturias sigue en el centro de la llamada vía Nanclares, que está permitiendo el acercamiento al País Vasco de los presos que deciden renunciar a la violencia y muestran cierto respeto por sus víctimas. Un claro ejemplo es Larretxea, que ha aceptado la legalidad penitenciaria e incluso ha escrito un texto en el que reconoce el dolor causado y renuncia a la violencia.

Junto a Larretxea, en Tabladiello también está Iratxe Yáñez, la única etarra en la prisión asturiana, condenada por los atentados de Burgos y Calvi, en Mallorca. Éste último causó la muerte de dos agentes de la Guardia Civil, uno de ellos Carlos Sáez de Tejada, muy vinculado a la localidad llanisca de Tresgrandas, de donde procedía su abuela materna. Yáñez está condenada además por montar una base de ETA en Portugal, donde la detuvieron en 2010.

Completan el plantel Zígor Blanco, que vino a Asturias en agosto de este año y cumple 22 años por atacar con cócteles molotov a una patrulla de la Policía vasca en Portugalete en 2001, y Jesús María Gómez, trasladado a la cárcel de la región en octubre de 2018 y que cumple 25 años.

La asturiana no es mala plaza para los etarras. Disfrutan desde hace tiempo de celdas individuales, tratan directamente con el jefe de seguridad y se les asignan los mejores destinos, como la biblioteca, el control de los vis a vis –ahora suspendidos– o incluso el cuidado de los cuatro perros de terapia psicológica. Los primeros beneficiarios de la vía Nanclares fueron los etarras Valentín Lasarte –asesino del inspector piloñés Enrique Nieto– e Ignacio Rekarte, quienes se encargaron del economato de la prisión y hoy están fuera de la cárcel tras cumplir una mínima parte de sus penas.

“Pago a Bildu”

Habrá más acercamientos, indican los funcionarios, y las víctimas del terrorismo no se sorprenden. “Sánchez ha acordado hasta ahora 115 traslados de etarras, dos de ellos con causas pendientes y delitos de sangre, cuando Marlaska nos aseguró que eso no se haría”, señala Ana Isabel Díaz, delegada de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Asturias. “En Logroño se está reconstruyendo el frente de cárceles. Todos estos acercamientos nos indignan. Todos los presidentes lo hicieron, pero con Sánchez hay un cambio de contexto político, porque esos acercamientos son el pago por el apoyo de Bildu a los presupuestos. Otegi, un terrorista condenado, está marcando la política de este país, algo que no ha ocurrido jamás”, añade. Y respecto al “arrepentimiento” de los etarras, no hay tal: “Ninguno se ha dirigido a sus víctimas. La única prueba de arrepentimiento sería que colaborasen para aclarar los 300 crímenes que siguen sin resolver”.

Tras el traslado de las etarras Olga Comes e Idoia Martínez a cárceles del País Vasco, y la llegada al centro penitenciario de Tabladiello de Joanes Larretxea, uno de los asesinos del concejal socialista Isaías Carrasco –muerto a tiros en Mondragón en marzo de 2008–, la cárcel asturiana aloja a un total de cuatro etarras, una cifra relativamente baja, pero están previstos nuevos traslados en breves fechas. De hecho, en el módulo 6 de la cárcel se están acondicionando dos celdas en las que se instalarán otros tantos reclusos de la banda. Asturias sigue en el centro de la llamada vía Nanclares, que está permitiendo el acercamiento al País Vasco de los presos que deciden renunciar a la violencia y muestran cierto respeto por sus víctimas. Un claro ejemplo es Larretxea, que ha aceptado la legalidad penitenciaria e incluso ha escrito un texto en el que reconoce el dolor causado y renuncia a la violencia.

Junto a Larretxea, en Tabladiello también está Iratxe Yáñez, la única etarra en la prisión asturiana, condenada por los atentados de Burgos y Calvi, en Mallorca. Éste último causó la muerte de dos agentes de la Guardia Civil, uno de ellos Carlos Sáez de Tejada, muy vinculado a la localidad llanisca de Tresgrandas, de donde procedía su abuela materna. Yáñez está condenada además por montar una base de ETA en Portugal, donde la detuvieron en 2010.

Completan el plantel Zígor Blanco, que vino a Asturias en agosto de este año y cumple 22 años por atacar con cócteles molotov a una patrulla de la Policía vasca en Portugalete en 2001, y Jesús María Gómez, trasladado a la cárcel de la región en octubre de 2018 y que cumple 25 años.

La asturiana no es mala plaza para los etarras. Disfrutan desde hace tiempo de celdas individuales, tratan directamente con el jefe de seguridad y se les asignan los mejores destinos, como la biblioteca, el control de los vis a vis –ahora suspendidos– o incluso el cuidado de los cuatro perros de terapia psicológica. Los primeros beneficiarios de la vía Nanclares fueron los etarras Valentín Lasarte –asesino del inspector piloñés Enrique Nieto– e Ignacio Rekarte, quienes se encargaron del economato de la prisión y hoy están fuera de la cárcel tras cumplir una mínima parte de sus penas.

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