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¿Cómo funciona el BOPA? El boletín oficial de Asturias que antes miraban unos pocos y con la pandemia se consulta casi el doble

El continuo cambio de normas y restricciones revoluciona el trabajo de quienes elaboran el documento: los suplementos añadidos de urgencia a la edición diaria pasan de “uno o ninguno” al año a 59 en lo que va de 2020

De pie, José Antonio Dopico, jefe de edición, y sentado, Borja Vallina, maquetador, en la oficina del BOPA.

De pie, José Antonio Dopico, jefe de edición, y sentado, Borja Vallina, maquetador, en la oficina del BOPA.

De repente, en las oficinas del BOPA suenan mucho los teléfonos. “Estoy en Oviedo, ¿puedo ir a Parque Principado?”… “¿Sabe si puedo salir a hacer deporte?”… Hay incluso llamadas de socorro, de gente que pide ayuda, porque “no me llega para comer…” En esta Asturias incierta de los confinamientos perimetrales, el toque de queda y los establecimientos cerrados, aquí puede haber veinte llamadas en una mañana, y unas cuantas son de estas que confunden al mensajero con el emisor y el canal de comunicación de las administraciones públicas en el Principado con la fuente que genera las disposiciones que reordenan la nueva realidad cambiante de la pandemia. Los trabajadores del Boletín Oficial del Principado no les pueden ayudar, ya lo sienten, ellos solo transmiten, pero esta escena que últimamente se les repite mucho en la oficina ilustra la súbita sobrecarga del interés y del volumen de producción que ha experimentado una publicación que podía pasar casi inadvertida para el público y se ha vuelto de pronto lectura habitual, web de favoritos, de consulta y compartido cotidianos, visita obligatoria desde que las normas que rigen la vida de los ciudadanos cambian significativamente cada pocos días a golpe de decreto.

El BOPA es una ventana que enseña cómo ha ido cambiando todo esto. La lista de la producción normativa vinculada directamente con la crisis del covid, de resoluciones, decretos y acuerdos emanados de distintas instancias del Principado, va camino del centenar y medio de documentos desde marzo, incluso sin contar las de los ayuntamientos. Al ritmo de esta notable inflación legislativa y de su manejo de material sensible, desde la sede del BOPA en Oviedo sienten aumentar los ojos que están puestos a diario sobre un boletín que de un tiempo a esta parte ha cambiado mucho. En las visitas, en la presión del tiempo, en la forma de trabajar… En la edición electrónica, la única que existe desde que hace más de un decenio se abandonó para siempre la publicación en papel, la onda expansiva de la pandemia se percibe con una explosión insólita de las visitas. Desde el 12 de octubre al 25 de noviembre, tal vez la temporada más alta de actividad y repercusión que recuerda el BOPA, las entradas al portal digital casi duplican las del mismo periodo de 2019 –el incremento está por encima del 90 por ciento– y el pasado día 3, el martes de las resoluciones de cierre de la hostelería y el comercio, la página principal recibió 55.995 entradas que en el conjunto de las webs del boletín –posiblemente debido a los accesos directos a las resoluciones– alcanzó las 187.604. Para que se vea bien el cambio, el mismo día del año pasado la suma total no llegó a las 3.500. Crece el interés y aumenta y muda el volumen del trabajo: “En un año normal puede haber uno o ningún suplemento”, anuncios añadidos por circunstancias extraordinarias a la edición de un día después de su cierre. “Este año llevamos 59. Esta semana, dos”, cuentan Mercedes Álvarez y Lucas Fernández en la oficina de registro del BOPA.

Mercedes Álvarez Fanjul y Lucas Fernández Morán, del departamento de registro. Julián Rus

El canal del boletín en Twitter ha obtenido este año 1.616 de sus 5.829 seguidores, sus tuits llevan más de 274.000 “impresiones” desde mediados de octubre y uno del mentado 3 de noviembre sobre el decreto de cierres de establecimientos rozó las 20.000 consultas. Los suscriptores electrónicos del BOPA han aumentado un doce por ciento este año hasta 13.370… Se disparan las visitas y la producción y el trabajo crecen, sobre todo en días señalados, para los quince trabajadores de un servicio que desde enero de 2019 se presta íntegramente con medios propios de la administración autonómica. En esa fecha, y una vez que el BOPA dejó de publicarse los sábados, se prescindió de la empresa externa que hasta entonces se contrataba como refuerzo de personal para la confección del boletín.

Con esa plantilla de empleados públicos se hace frente a la inflación de actividad de la pandemia en este fin de año que se les ha vuelto más trabajoso que de costumbre. Los últimos meses de cada ejercicio siempre han sido el “pico estacional” de labor en el BOPA, sobre todo por las muchas disposiciones de administraciones que han de ser publicadas con plazos ciertos antes de que expire el año. Pero en este anómalo 2020, a los asuntos retrasados y acumulados por el parón del estado de alarma se añaden los sobresaltos de los días cada vez más frecuentes en los que la administración ha obligado a añadir a la edición del día un suplemento sobre la marcha. Es eso que antes era excepcional y que ya ha ocurrido 59 veces este año, que se materializa en la llegada de anuncios o disposiciones de publicación urgente en la edición del mismo día –los cierres perimetrales o los de los establecimientos, por ejemplo– que deben ser incorporados al boletín para su entrada en vigor inmediata. Normalmente, a las dos de la tarde se cierra el BOPA del día siguiente. Estos añadidos de divulgación inaplazable “suelen llegar a partir de las tres”, explica Miguel Peláez, jefe de servicio de Publicaciones, Archivos Administrativos, Documentación y Participación Ciudadana en la Consejería de Presidencia, y no les pillan por sorpresa. Normalmente les avisan con antelación, y queda dicho que suelen llegar a partir de las tres, pero se refieren a asuntos delicados, algunos se han retrasado y les han hecho correr, porque hay que tener en cuenta que entre la recepción y la publicación media un trabajo –variable según la extensión o la complejidad del escrito y de si contiene o no gráficos o tablas– que consume unas dos horas, de modo que si la demora es excesiva, a veces ha habido dudas y apuros para llegar a la web antes de las doce.

Está de un lado el área de registro; del otro, los maquetadores y correctores, de acuerdo con las fases de un proceso necesario para dar validez legal a muchos anuncios, resoluciones u otros actos administrativos que afectan a particulares y empresas

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He ahí la porción del gran cambio de la pandemia que le ha tocado lidiar a la plantilla de empleados del BOPA, estructurada en dos áreas separadas físicamente dentro del mismo edificio que el servicio comparte en Oviedo con el Instituto de Administración Pública Adolfo Posada. Está de un lado el área de registro; del otro, los maquetadores y correctores, de acuerdo con las fases de un proceso en el que cada escrito de una administración, de un particular, empresa o instancia judicial sobre actos que deben ser publicados para tener validez legal primero pasa por la comprobación y registro y a continuación se transfiere al equipo de maquetación para que haga legible el texto y le dé el estilo corporativo del boletín. Finalmente, pasa una fase de corrección de posibles errores previa a su publicación efectiva. La complejidad varía según el trabajo, nada que ver los centenares de páginas del presupuesto del Principado –habitualmente lo último que se publica en el año– con el anuncio de un solo párrafo de la petición de una licencia para una industria.

Lo que sí es inmutable e irreversible es que aquí ya no se imprime nada. Aquellos tomos del BOPA que se distribuían en mano son parte de la historia, pero la pandemia, además, haciendo de la necesidad virtud, ha conseguido eliminar el papel también en el proceso de confección del boletín. Hasta el primer estado de alarma, los correctores imprimían todavía cada disposición maquetada para comprobar sobre la hoja que todo estuviera correcto. Desde mayo, sin embargo, el confinamiento digitalizó por completo la cadena de montaje de cada edición, eliminando el papel para que los correctores pudiesen trabajar a distancia y solo con el sistema informático. Ya no se imprime el boletín, y los archivadores donde se acumulaban y organizaban los folios por fecha de publicación ahora también están vacíos.

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