El psiquiatra Juan Antonio Durán Otero falleció ayer, lunes, en su casa de Pruvia (Llanera), tras varios años de batalla contra una dura enfermedad respiratoria. Tenía 70 años. Durante un largo periodo ejerció en la sanidad pública –en Langreo y en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)– y también en su consulta privada, en Oviedo. Nacido en Madrid (1950), se licenció en Medicina en la Universidad Complutense e hizo la especialidad de Psiquiatría en Estados Unidos. En 1979 se casó con la traductora e intérprete norteamericana Priscilla Chase, con quien se afincó en Asturias. El matrimonio tiene dos hijos, Jessica y Andrés.

“Era muy amante de su familia, vivió discretamente y ha muerto del mismo modo, con una paz inmensa que nos da ejemplo y nos llena de serenidad a todos”, explicó Priscilla Chase, quien llevaba años compaginando su trabajo con el cuidado de su marido. Con su proverbial extroversión y simpatía, Chase era el complemento perfecto de la timidez de Juan Durán. “El doctor Durán tenía una formación excelente. Era de los que te encontrabas en las salas de congresos escuchando y anotando cosas, sin dejar nunca de aprender”, destaca su colega Manuel Bousoño. “Era un gran hombre, honesto y sencillo, poco dado a excesos verbales y prudente. Sumamente cuidadoso y entregado a sus pacientes”, añade el doctor Bousoño.

Practicaba técnicas psicológicas como el EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares), poco habituales en su especialidad. La psicóloga Matilde Bousoño define a Juan Antonio Durán como “una gran persona y mi maestro en la técnica de EMDR, que sigo aplicando en mi práctica profesional”. Juan Durán trabajó largo tiempo en el área sanitaria de Langreo. “Era discreto, con convicciones fuertes e interés en los aspectos profundos de la mente. Tímido, austero, compasivo y con gran interés por las personas y su bienestar”, subraya Celso Iglesias, responsable de Salud Mental del área del Nalón. “En el tiempo que trabajó con nosotros, nos aportó su saber y la experiencia que había adquirido en Estados Unidos. Siempre fue un excelente compañero y con su traslado al área de Oviedo dejó una sensación de orfandad a no pocos pacientes, lo que le hacía volver a pasar su consulta privada en el sanatorio Adaro una vez a la semana”, relata Celso Iglesias, quien lamenta “la pérdida de un amigo que siempre contó con mi admiración y cariño”. Elisa Seijo, presidenta de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría, define a Juan Antonio Durán como una persona “afectuosa y muy cercana, con una faceta humana que estaba incluso por encima de su excelente trayectoria profesional”.