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El “noviembre negro” acerca Asturias a las peores tasas de fallecidos de Madrid

Solo Castilla-La Mancha, Castilla y León, La Rioja y la comunidad madrileña sufrieron picos de mortalidad más elevados que el Principado

Personal que atiende el autocovid instalado en el polideportivo del Quirinal, en Avilés.

Personal que atiende el autocovid instalado en el polideportivo del Quirinal, en Avilés. | Mara Villamuza

El “noviembre negro” hace a Asturias encabezar, por primera vez, la estadística mensual de muertes por covid en el país. Las 538 defunciones acumuladas en el pasado mes por la región –fruto del agudo incremento en las semanas anteriores de las cifras de contagio y luego de los ingresos en los hospitales y sus UCI– aúpan al Principado a lo más alto de un triste ranking: a su tasa de 52,6 fallecidos por cada 100.000 habitantes solo se aproximó Aragón, con 47,22.

Pero esa cifra (52,6) da para más análisis, pues se puede comparar con los peores picos de mortalidad que sufrieron el resto de comunidades hasta ahora. La mayoría de regiones –al igual que el país en su conjunto– sufrieron el embate más mortífero del coronavirus en la primera oleada, en marzo y abril, y no en la segunda como el Principado. En la tendencia inversa a la mayoritaria se encuentran además Aragón, Murcia, Andalucía, Ceuta y Melilla. Sin embargo, entre ellas, solo el golpe de la enfermedad a Aragón es comparable con el sufrido por Asturias.

La peor tasa de fallecidos en un mes del Principado se acerca peligrosamente a la sufrida por la Comunidad de Madrid en marzo y abril, cuando la capital española era el epicentro de la incipiente pandemia y se sucedían las trágicas imágenes en un Palacio de Hielo convertido en morgue. Madrid tuvo en esos meses una tasa por cada 100.000 habitantes de 58,7 y 55,2 fallecidos, respectivamente. Si bien es cierto que mantuvo esa elevada cifra dos meses seguidos y en el caso de Asturias una tasa de ese nivel (52,6) solo se ha dado por ahora en noviembre. La siguiente peor cifra en la región, mucho más baja, se registró en abril: 18,67 muertos por cada 100.000 habitantes. Justo cuando Madrid estaba pasando por su peor trance. Con el “noviembre negro” asturiano se ha dado la situación a la inversa: la tasa asturiana de muertes de 52,60 es más de seis veces superior a la de la comunidad madrileña en el mes pasado, de 8,07. Se trata esta de una tónica generalizada: quienes se llevaron el zarpazo más mortal del virus en la primera oleada no han sufrido tanto castigo en esta segunda ola, y viceversa.

Sin embargo, ni la incidencia de muertes en Madrid de marzo y abril ni la de Asturias en su trágico noviembre son las más altas registradas hasta ahora. Esas cifras, tremendamente terribles ya de por sí, se quedan lejos de los peores momentos que han tenido que pasar las “dos Castillas” y La Rioja. En Castilla-La Mancha registraron 74,3 defunciones por covid por cada 100.000 habitantes en abril, mismo mes en el que La Rioja y Castilla y León alcanzaron tasas de mortalidad de 70,7 y 67,4, respectivamente.

Especialmente preocupantes han sido las estadísticas de fallecimientos en la comunidad castellano-leonesa. La región vecina, la segunda más envejecida de España por detrás de Asturias, sufrió, como la mayoría de territorios, una peor primera oleada que segunda. Pese a ello, Castilla y León ha sido la tercera comunidad con peor tasa de defunciones en noviembre (33,5) y tuvo la peor de entre todas las comunidades en octubre (25,2). Así, están pasando por una segunda ola de covid dramática, aunque la primera fuese todavía mas dura. Algo parecido les ha sucedido a Navarra y La Rioja. Igualmente, en Aragón ambas olas han azotado con fuerza a la región, aunque sin alcanzar el pico de fallecimientos de Castilla y León y, en su caso, con algo más de fuerza en el actual embate del virus respecto al primero.

Tanto Asturias como Castilla y León presentan peores tasas de mortalidad que las otras dos comunidades autónomas del Noroeste, Galicia y Cantabria, que son, a su vez, las siguientes en el ranking de territorios más envejecidos. Tanto la región gallega como la cántabra tuvieron su mayor pico de defunciones en abril, durante la primera ola, pero con una tasa –23,6 en el caso de Cantabria y 15,9 en el de Galicia– mucho más contenida que las mayores registradas por Asturias y Castilla y León. Asimismo, tuvieron una tasa de muertes cinco veces inferior a la asturiana en el recién acabado mes de noviembre.

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