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Los ancianos de las residencias estarán inmunizados a mediados de febrero

La vacuna, de dos dosis, empezará a aplicarse después de Reyes | Salud prevé que a finales de 2021 esté protegido el 60% de los asturianos

Un sanitario con la vacuna de Pfizer en una clínica de Londres. Reuters

No es que sea una luz, sino un auténtico fogonazo al final del túnel. La vacuna del coronavirus comenzará a aplicarse en Asturias justo después de Reyes, en la segunda semana de enero. Y los primeros inmunizados serán las aproximadamente 14.000 personas mayores y con discapacidad que viven en residencias, las más vulnerables ante la pandemia de covid-19, y el personal sanitario y sociosanitario que las atiende.

Dado que la vacuna consta de dos dosis que han de ser administradas con un intervalo de tres semanas, y que la protección comienza a ser efectiva una semana después de la segunda dosis, todo hace indicar que –siempre que no surjan contratiempos reseñables– los asturianos que residen en estos centros estarán protegidos frente al covid-19 entre mediados y finales de febrero.

Según el cronograma avanzado ayer por la Consejería de Salud del Principado, una vez aplicada a este colectivo prioritario, la vacuna se administrará a otro grupo de importancia muy estratégica: el personal sanitario de primera línea. ¿Plazos? Hay posibilidades fundadas de que empiecen a ser vacunados a finales de febrero.

Quizá para entonces –finales de febrero– puedan estar conviviendo ya dos tipos de vacuna. Por una parte, la del laboratorio Pfizer, británica, que será la que esté disponible desde el inicio y que, al requerir una temperatura de 70 grados bajo cero, ha obligado al Principado a adquirir un ultracongelador con capacidad para 200.000 dosis para su almacenaje. “Este equipo permitirá, además de la conservación óptima de la profilaxis, su distribución a las áreas sanitarias, que dispondrán de cinco días para administrar las vacunas”, señaló ayer Salud. Unas semanas más tarde que las inglesas está previsto que lleguen a Asturias las vacunas estadounidenses del laboratorio Moderna, cuyo manejo es mucho más sencillo debido a su resistencia a temperaturas mucho más moderadas.

Después de los trabajadores de la salud de primera línea irán, por este orden, los otros dos colectivos a los que se otorgará preferencia: los que llevan los epígrafes de “otro personal sanitario y sociosanitario” (no situados en el frente mismo de la batalla antivirus) y “personas con discapacidad que requieren intensas medidas de apoyo para desarrollar su vida (grandes dependientes no institucionalizados)”.

Y después –probablemente a partir de marzo– llegará el turno de la población general. Según la Consejería, “al menos el 60 por ciento de la población asturiana estará vacunada frente al covid-19 en 2021”. Otras fuentes un poco más optimistas ven viable este objetivo para después del verano. ¿Por qué el 60 por ciento? Porque la vacunación será voluntaria y se da por sentado que habrá un porcentaje de la ciudadanía que la rechace. Eso preocupa a las autoridades sanitarias, pero la mayor fuente de inquietud es que puedan negarse profesionales sanitarios y sociosanitarios.

En los ambientes médicos se subraya que las vacunas ocasionarán algunas molestias –menores y locales, como leves hinchazones en la zona del pinchazo– que pueden echar para atrás a algunos. “Es necesario informar muy bien a la población para que nadie se alarme sin motivo”, declaró a este periódico uno de los diseñadores del programa de vacunación, muy similar al aplicado para la inmunización de la gripe.

El consejero de Salud, Pablo Fernández Muñiz, presidió ayer una reunión telemática del Comité Asesor de Vacunaciones del Principado, a cuyos integrantes se expusieron la estrategia de inmunización y el protocolo del Ministerio de Sanidad. Este documento admite que las primeras vacunas frente al covid-19 estarán disponibles “en cantidad limitada, e irán aumentando progresivamente”.

Tanto la de Pfizer como la de Moderna son vacunas genéticas elaboradas con una tecnología considerada “revolucionaria”, basada en el ARN mensajero. La mayor virtud de este producto radica en que contiene las "instrucciones" para que el propio cuerpo produzca, en grandes cantidades, proteínas propias del coronavirus cuando el organismo entre en contacto con el patógeno. De esta manera, y al creerse inundado de enemigos, el sistema inmunitario genera una potente respuesta defensiva frente al coronavirus.

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