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ME QUEDO EN EL PUEBLO | PERLORA (CARREÑO)

Natalia, la joven "saturada" en su empresa que se marchó al pueblo para coser

Natalia Castro estudió Turismo pero siempre le gustó coser: en enero presenta su primera colección de ropa diseñada en el taller de su casa

Natalia Castro Tojeiro muestra una de sus faldas en el taller que ha habilitado en su casa en Perlora (Carreño). | | ANA PAZ PAREDES

Natalia Castro Tojeiro se muestra muy ilusionada con su primera colección de faldas, corbatas y sombreros que el próximo mes de enero verá la luz con su empresa de diseño textil “Llunar”, una realidad que se gestó en el hogar en el que vive junto a su marido y sus dos hijas en Perlora (Carreño). Hace dos años decidió, tras “saturarse”, como ella explica, dejar de trabajar en la empresa que tiene junto a su marido en Gijón y dar un paso adelante para hacer realidad algo que siempre le gustó: coser. “Mi abuela y mi madre siempre cosieron y yo iba con mi madre a corte y confección. Siempre hice cosinas para mí, de hecho a los 18 años hice un curso de patronaje en Gijón, pero luego lo dejé para estudiar la carrera de Turismo en Oviedo”, explica.

Al realizar hace un año y medio un curso en Gijón sobre sostenibilidad tanto en la confección como en la compra de textil, descubrió cuánto tiene que ver con la contaminación que genera esta industria: “Quedé asombrada al ver lo que contamina el tema textil, yo pensé que esto sólo pasaba fuera, pero la cuestión va mucho más allá. Por eso pensé: voy a darle una vuelta a esto y voy a hacer prendas que sean más sostenibles. Sostenibilidad no es sólo que compres telas orgánicas sino también aprovechar aquellas que tienes y sacarle todo su potencial haciendo prendas que duren más. Yo lo hago con mis faldas reversibles y modulares”, explica.

“Aparte del sector primario, hay muchas cosas que se pueden hacer en el pueblo”, opina

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Un gran espaldarazo a esta emprendedora rural es su reconocimiento, por parte de EDP este año, con uno de los ocho premios “Entama”, donde financian con 85.000 euro en total ocho iniciativas en el medio rural en concejos en el entorno de las centrales de generación en Asturias: Carreño, Ribera de Arriba, Somiedo, Caso, Teverga y Sobrescobio. “Cuando supe lo del premio me emocioné mucho y no sólo porque el aporte económico es una ayuda para sacarlo adelante, también porque durante un tiempo eres tú el que cree en tu idea. Pero luego cuando alguien lo valora como han hecho ellos, entonces te dices ¡anda, pues es verdad que gusta, que es una buena idea! La verdad es que es un empujón anímico tremendo, estoy muy agradecida”, señala.

En una esquina del salón de su casa, con unas vistas preciosas al mar y al campo, esta diseñadora textil se muestra muy ilusionada con la salida al mercado, el mes que viene, de su primera colección que llamará con toda probabilidad “Agatel”: “Es por mis hijas, pues la mayor se llama Ágata y la pequeña Telma”, explica. Su prenda estrella son las faldas. “Hice muchos patrones de faldas hasta que di con estas, que son reversibles y no tienen tallaje porque abrocha con corchetes disimulados en el interior. Yo soy antitallas. Me encantan los topos, los lunares, por eso protagonizan mi primera colección, y además el hacerlas reversibles tiene su lógica: por un lado es una falda de mucho vestir, que puedes llevar a una cena o cualquier celebración y luego, ¿qué quieres algo más sencillo pero al tiempo elegante para ir a trabajar? Pues le das la vuelta a la falda y más informal. También estoy incorporando a esa primera colección corbatas y sombreros”, explica.

Natalia Soto se siente muy apoyada por toda su familia y sobre todo por su marido y sus hijas en su emprendimiento donde, con el nombre de su empresa recién nacida, “Llunar”, rinde un tributo a su abuela y a su madre. Explica que son prendas “con corazón”, que tienen alma y donde tanto importa lo que se diseña, como su uso, el respeto al medio ambiente, la belleza y la sostenibilidad. Ella cree que se pueden hacer muchas cosas viviendo en el entorno rural. “Es cierto que el sector primario es indispensable, pero hay otras muchas cosas que también se pueden hacer viviendo en un pueblo. Es cierto que es importante estar bien comunicado, tanto a nivel de carreteras como a nivel de redes para vender tu producto, Yo llevo viviendo en La Rodada 15 años y estoy encantada, es un sitio precioso, me considero una persona afortunada por vivir aquí”.

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