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La historia tras la vacuna: un gijonés que perdió a su hijo de 25 años durante la pandemia acude a la Mixta de Gijón para presenciar el fin de la pesadilla

Salvador Perea, que vio morir a un hijo con cáncer tras suspenderse su cirugía por la pandemia, acudió a la llegada del convoy a Gijón

Salvador Perea, ayer, ante la puerta de la Residencia Mixta.

Pasan pocos minutos de las diez de la mañana y, salvo medios de comunicación y algún despistado –“¿qué pasó? ¿hubo un brote?”, preguntan– pocos están al tanto de que en la Residencia Mixta de Gijón se está haciendo historia: la primera asturiana que se pone la vacuna contra el coronavirus está a punto de recibir su pinchazo. Solo una persona se ha acercado a contemplar en primera persona la maniobra, un despliegue de coches de la Policía Nacional, el furgón encargado de transportar las primeras dosis y una ambulancia lista para actuar, se supone que por si se produce alguna indisposición.

Es Salvador Perea, un vecino que vive cerca, y que “estaba escuchando por la radio cómo estaban vacunando a Araceli en Guadalajara. Decían que había allí mucha gente para ser testigos de un momento muy importante, algunos incluso desde anoche, así que decidí acercarme dando un paseo para ver cómo se hacía aquí. Pero no hay gente y me sorprende, porque es un hito que marcará un antes y un después en la pandemia”, explicaba.

A él, además, le movía un motivo especial. Él más que nadie alberga la esperanza de que empiece el final del covid-19 porque a la pandemia le arrebató un hijo esta primavera. “Mi hijo falleció de cáncer con 25 años, no pudo ser operado ni tratado como estaba previsto por el coronavirus”, relata con admirable entereza. La familia estaba esperando una compleja operación para atajar su sarcoma de Ewing en el Hospital Ramón y Cajal, pero el cirujano que lo tenía que intervenir se contagió dos veces, la segunda tras ser destinado al hospital de Ifema; las uci se saturaron, Madrid estaba cerrado y el traslado en ambulancia no fue posible.

“Sufro por las personas que necesitan atención sanitaria y no la tienen”, cuenta el gijonés

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En medio de tanta angustia, la familia gijonesa decidió aislarse y “no saber de las noticias”. Pero esa tensión que vivieron con el covid, “sin llegar a padecer la enfermedad”, es “un daño colateral que hemos sufrido y que sufren muchas personas”. Porque “no nos damos cuenta de que cada vez que un paciente con covid ocupa una cama de uci, es una cama menos para otro paciente que la estaba necesitando”. Su hijo padeció una enfermedad “muy agresiva, muy destructiva y que hay que tratar muy rápido”, pero las circunstancias hicieron que, tras volver de unas vacaciones, fuera diagnosticado y “solo estuvo ocho meses más con nosotros”, lamenta su padre con lágrimas en los ojos.

Se llamaba Rubén, fue un alumno brillante de Derecho y Administración de Empresas que consiguió numerosas becas internacionales y al que le esperaba un futuro brillante en Europa a través del despacho de Garrigues, y “hoy está aquí conmigo, sigo sufriendo por las personas que necesitan esa atención sanitaria y no la tienen, y esto es importante”, afirmaba Salvador. Porque, aun con todo su dolor a cuestas, “hoy (por ayer) es un día de celebración, debemos estar contentos, nos jugamos muchos como especie humana; si esto sale bien saldremos adelante. Hay que hacerlo bien, tenemos que vacunarnos”, advertía “sin rabia, pero con pena por la ignorancia de muchos que piensan que les toca a los demás, y no a ellos. Yo también pensaba así”.

Una acción necesaria, la de vacunarse, por su hijo “y por tantos otros que se han quedado en el camino”.

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