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La misa de Reyes de los millonarios

El Niño convirtió en ricos en 1993 a los vecinos de San Antolín de Ibias, que pedían una carretera y ganaron como para un aeropuerto

Varios de los multimillonarios, como Antonio Barrero, segundo por la derecha, en la misa de Reyes. | Jorge Jardón | | NACHO OREJAS

Varios de los multimillonarios, como Antonio Barrero, segundo por la derecha, en la misa de Reyes. | Jorge Jardón | | NACHO OREJAS

La madrugada del 7 de enero de 1993 hubo verbena en San Antolín de Ibias y pasodobles al ritmo chunda-chunda de una orquesta de Ferrol. Todo el pueblo bailó, bien apretado por el frío, “Paquito Chocolatero” en la plaza. La localidad había resultado agraciada horas antes con el primer premio del sorteo del Niño, que repartió 10.000 millones de las antiguas pesetas en Cangas del Narcea e Ibias. El reguero de cava llegaba hasta el Connio. Y de vino recio.

Cuando, a primera hora de la tarde, plumilla y fotógrafo arribaron desde Oviedo a la capital ibiense, el jolgorio ya llevaba desatado desde el mediodía. Los mozos paseaban por las calles una imagen de San Pancracio en la pala de una excavadora y las campanas de la iglesia no dejaban de repicar, como en día de boda. Al santo, de factura rudimentaria, lo había acercado a la capital un vecino de Cecos, Gonzalo Barcia, empleado del Ayuntamiento de Ibias, que también había cosechado esa mañana el pellizco de un décimo. Hay quien sacó a bailar a San Pancracio. Y quien se empeñó en la divertida blasfemia de hacerle beber, en curiosa manera de santificar la comunal cogorza, bien justificada.

Antonio Barrero, propietario del bar La Peña, había repartido décimos por la localidad, de manera que el “gordo” del Niño había entrado casi en cada casa. Había agraciados de 24 millones de pesetas, de 48, de 72 y algún “cienmillonario”, como el citado Barrero, que se embolsó 250 kilos de los de entonces, que no eran moco de pavo, prácticamente un millón y medio de euros de los de ahora, pero al nivel de vida de hace casi tres décadas. La capital del concejo, que llevaba años reclamando la carretera entre Cecos y Larón, ebria de pingüe capital, se puso farruca ante los micrófonos: “Si no nos hacen la carretera, con este pastizal construimos un aeropuerto”. Con un par. La relación de premiados incluía al alcalde, José María Cancio, que militaba en los estertores del Centro Democrático y Social, aunque su décimo era compartido: 12 milloncejos a la buchaca del recordado mandatario municipal.

Gonzalo Barcia, a la derecha, con su San Pancracio en brazos.

Para que se hagan una idea de lo que ese aguacero de millones de 1993 supuso para ambos concejos del suroccidente asturiano podría decirse que el dineral cangués obtenido en el Niño podría financiar la quema de cuatrocientas Descargas al precio destinado el año anterior para la compra del material pirotécnico que se quema en la principal festiva de la localidad. En Ibias, los 5.000 millones de pesetas acumulados en décimos con premio habrían permitido contratar a la misma orquesta de Vigo todos los días durante veinticinco años, tal que la verbena de la noche del 6 de enero podría haber tenido continuidad casi hasta anteayer.

Al mediodía del 7 de enero, sin haberle entregado apenas un par de horas o tres al sueño, los premiados de San Antolín asistieron a la misa del día de Reyes, en la iglesia parroquial, designada a la advocación de Santa María. En uno de los primeros bancos ocuparon asiento, ojerosos y víctimas aún de la resaca, cinco multimillonarios, que juntos sumaban un capital superior a los 700 millones de pesetas. A la acción de gracias se sumó el sacerdote oficiante, y párroco de la localidad, don Horacio, de edad próxima a la jubilación, y recién salido de un infarto. El cura también estaba bendito: disponía de un décimo premiado.

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