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Galerista de arte

Gema Llamazares González: “Me metí en política por ilusión y fue un desengaño”

“El arte no es de derechas ni es caro, lo pagas en mil veces; la izquierda está más avanzada en arte contemporáneo”

Gemma Llamazares.

Gemma Llamazares.

Gema Llamazares (Santander, 1955) es una de las galeristas de arte de referencia en Asturias. Ahora, tras años de duro trabajo al frente del negocio, ha decidido que es el momento de dejar que su hija Diana, que ha estado a su lado en la galería durante todo ese tiempo, se ponga al frente del negocio. Ella seguirá arrimando el hombro, pero será distinto.

La crisis de 2008 y los mercados internacionales. “Siempre tuvimos clara la estrategia de la galería. La idea era trabajar con arte contemporáneo. La crisis de 2008 tardó mucho en llegar a las galerías, no llegó hasta 2010 o 2011, fue cuando se reajustó el dinero que corría. Nos hizo cambiar y adentrarnos en los mercados internacionales. Nuestra respuesta a esa crisis fue salir de lo sembrado, salir de España. Decidimos acudir a ferias. No es fácil, tienes que enviar tu propuesta y si les gusta te admiten. No vale con pagar. Invertimos mucho esfuerzo y dinero en sacar a artistas fuera para que su obra se revalorizase. La primera feria internacional a la que fuimos era en Miami y no nos entraban las cajas de los cuadros en los aviones, tuvimos que llevarlas en camión hasta Luxemburgo. En Bogotá llevábamos unas urnas de metacrilato que no llegaron y tuvimos que hacerlas nuevas en un país en el que no conocíamos a nadie. Las ferias internacionales son muy complicadas y caras, no te imaginas lo que puede llegar a costar un metro cuadrado. Luego ves los planos y parece que todo está bien, pero llegas allí y no es así. Una vez en Miami di una patada a una pared y dije que me la tirasen. Hemos estado en Lima, Bogotá, México, Miami. En tu galería estás más arropado, pero en las ferias nos ha pasado de todo. Una vez me robaron la cartera. Luego están los montadores que no aparecen. En las ferias es donde realmente se factura. Si nos hubiésemos quedado en Gijón mirando a la calle Instituto, la galería estaría cerrada”.

Los coleccionistas. “Desde el principio hemos apostado por artistas jóvenes, entre otras cosas porque la instituciones compran obra de artistas de hasta 45 años, es la tiranía del mercado. Somos una empresa, pero vendemos emociones y belleza que se revaloriza más que cualquier fondo de inversión. Una galería de arte no es un negocio normal, lo que me ha servido para encontrar muy buenos amigos entre coleccionistas, críticos y artistas. Un momento muy importante de la galería fue cuando la coleccionista Pilar Citoler nos empezó a comprar obra. Es muy importante entrar en colecciones como la de DKV o el Banco de Santander. Nosotros habíamos hecho una apuesta por el arte contemporáneo, por salirnos de la decoración. En una galería tienes que tener la línea muy clara y tener mente empresarial, no puedes salir de ese camino. Es fundamental saber qué quieres conseguir y marcarte un plan para llegar a ello. Nunca lo hubiese conseguido sin mi hija Diana y la buena cabeza de Armando, mi marido. Tener estudios de Historia del Arte te sirve de base, a veces hablas con gente que se supone que son grandes profesionales y tienen unas lagunas enormes. Lo importante es leer mucho y estar al día. También es fundamental el instinto, la intuición, a veces un poco animal, y la experiencia de muchos años de profesión. Cuando tienes conocimiento e intuición puedes crear un concepto y sabes cuando debes apostar por algo. Si no tienes conocimiento no puedes transmitirlo y los profesionales tenemos la responsabilidad de que a la hora que llevamos a exponer a alguien tenemos que saber perfectamente lo que estamos ofreciendo. Si eres fuerte en el terreno que te mueves lo vas a transmitir al coleccionista. El que acaba de dar la lectura de la obra es el coleccionista. El pálpito y la sensación que da la obra es el último camino de la obra. Una pieza puede ser buenísima y morirse en un estudio, pero creo que hay que darla a conocer, es un bien para la sociedad difundir el arte”.

La aventura política. “En un momento determinado me metí en política por idealismo, pero fue un desengaño. Yo sabía de arte, estaba en la Fundación Municipal de Cultura y en la junta rectora del Museo de Bellas Artes. En un momento dado, cuando estaba deprimida por mi trabajo, Pilar Fernández Pardo me propuso ir en las listas para el Senado, le dije que sí y se hizo público, pero el que iba a dar un paso atrás para dejar que Pili Pardo fuese de diputada y yo de senadora no lo dio y me cortaron la cabeza a mí. Luego me pidieron ir en las listas del PP al Ayuntamiento de Gijón y dije que no. Igual hubiese sido buena política, no lo sé, soy demasiado honrada y visceral, pero creo que acerté dedicándome a la empresa. En la Fundación Municipal de Cultura y en el Bellas Artes nunca seguí las directrices de partido (PP), votaba a favor de exposiciones que me parecían buenas aunque el partido dijese que no. El arte no es de derechas. No debería ser de nada, pero en arte contemporáneo está más avanzada la izquierda, aunque en la derecha también hay gente que ha hecho grandes colecciones. He tenido muy buenos clientes socialistas. En Gijón toda la escultura urbana de arte contemporáneo se hizo con gobiernos socialistas”.

La relación con Santander. “Voy poco a Santander. Allí tengo a mi hermana Ana, que es médica y con la que tengo muy buena relación, y algunas amigas, pero estos años he trabajado demasiado, al abrir la galería los sábados se me hacía difícil. Desde que vendimos la casa familiar hay menos vínculo. Hace un año colgué en mis redes sociales una foto en el Centro Botín y escribí: “Jirones de vida que vas dejando”. Fue el día que vendimos la casa. Estaba esperando a Ana para ir al notario y me fui al Botín, miraba a la bahía y me entristecía”.

La pandemia y el futuro. “La pandemia nos ha servido para trabajar en la nueva estrategia, no hemos estado parados. Hemos contratado a una empresa de ‘branding’ y vamos a cambiar el logo, la galería pasará a llamarse Llamazares. Tengo una amiga psiquiatra que dice que lo que no crece decrece, siempre hay que crecer. Las galerías adolecemos de meternos en la burbuja del coleccionismo, y el arte tiene que estar de moda. Tenemos que meternos en el mercado joven, el arte no es caro, lo pagas en mil veces. En Asturias somos periféricos, pero ahora disponemos de muchas herramientas para vender y darnos a conocer en todo el mundo. Lo importante es tener un criterio claro, puedes exponer en Madrid, Londres o Nueva York pero puede que esas galerías sean malas, mucho peores de lo que tienes más cerca. Yo ya pienso en jubilarme, voy a seguir activa, no dejaré de trabajar, pero será otra forma de vivir. Mis pasiones son la familia y el arte y moriré con las botas puestas. Voy a seguir acudiendo a la galería, aunque de otra forma, dejaré paso a Diana. Ya acude sola a ferias internacionales, es más completa que yo, domina idiomas y las nuevas tecnologías. Yo siempre estaré echando una mano, pero me encanta dejar paso libre. El pasado año era el 15.º aniversario de la galería y no lo pudimos celebrar. Hicimos un vídeo con amigos y fue emocionante. Hemos logrado lo que queríamos, hacer una familia, trascender. No somos una galería más, ni una empresa. Ahora tenemos la obra de Marina Vargas, de la que me enamoré hace muchísimos años. El futuro queda en manos de los jóvenes y estaremos para respaldarlos”.

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