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La “ola monstruo” amenaza a España

La coincidencia en las subidas de la tercera onda de la pandemia en todas las comunidades convierte los contagios del covid-19 en un asunto de Estado que trasciende a las autonomías

Un sanitario toma una muestra para una PCR en Grado, esta semana. | Luisma Murias

Un sanitario toma una muestra para una PCR en Grado, esta semana. | Luisma Murias

Las llamadas “olas gigante” u “olas monstruo” aún generan muchas incógnitas en la comunidad científica. ¿Por qué, de pronto, se produce una enorme ola en mitad del océano, con una altura de hasta tres o cuatro veces mayor que la media de las ondulaciones de la superficie marina? En su día se consideraron un mito, pero la ciencia las considera un fenómeno natural y menos infrecuente de lo que parece. Pocas veces se relatan sus efectos, pero surcan, silenciosas y letales, los océanos.

La tercera ola de la pandemia de covid-19 en España va camino de convertirse en una espantosa “ola monstruo”. No es una situación excepcional, porque sigue un comportamiento que se está registrando en el conjunto de Europa. Tal es la situación que se han avivado las reclamaciones por parte de las comunidades autónomas para que sea el Ministerio de Sanidad el que tome las riendas, decretando bien un confinamiento domiciliario global (más suave y matizado que el de marzo) o cambiando las restricciones establecidas en el decreto de alarma, para permitir a las comunidades autónomas establecer un toque de queda más estricto.

Incidencia acumulada

Un nuevo paradigma

El paradigma ha cambiado claramente respecto a la segunda ola. Mientras que después del verano, en España, la pandemia se desarrolló a ritmos distintos en cada comunidad autónoma, esta tercera ola ha impulsado los contagios en un imparable “todos a una” que convierte al conjunto del país en un peligroso foco. ¿Qué hay diferente en esta tercera fase de la enfermedad respecto a la segunda? Un hecho diferencial: las Navidades.

La tercera ola nace, sin riesgo de dudas, de un escenario de alta transmisión como han sido los encuentros familiares y sociales asociados a las fechas navideñas. Ese hecho ha sido común a todas las comunidades autónomas y ha supuesto un disparo en la carrera del virus por contagiar al máximo de personas posibles. Esa situación no se producía en la segunda ola. Cada comunidad autónoma salía homogéneamente del confinamiento decretado por el Gobierno de España, pero lo hacía en condiciones diversas. Por ejemplo, la incidencia en Madrid era mucho mayor que en Asturias. Eso hizo que Madrid (por poner un ejemplo) presentase una segunda ola más anticipada que la asturiana.

Utilizando un símil en acústica, las ondas de las diferentes comunidades autónomas están en fase; es decir, ocurren de manera sincronizada, elevando el parámetro medio que supone la incidencia en el conjunto del país. El Gobierno central se vio favorecido en la segunda ola por el hecho de que la subida y bajada de los contagios fuese una montaña rusa en los diferentes territorios. Cuando algunos subían, otros aún permanecían bajos o estaban en descenso, por lo que la media del conjunto del país se mantenía más estable. Eso no sucede en esta situación: el unánime comportamiento en todos los territorios convierte la pandemia en una situación global, de ahí que las comunidades autónomas exijan al ministro Salvador Illa una respuesta también global.

¿Es inestable? A eso se aferra Illa

La discusión científica sobre las “olas monstruo” marinas resulta sumamente interesante. Existen muchas hipótesis, pero aún ninguna está ciertamente verificada. Por ejemplo, algunos científicos suponen que el perfil de fondo marino puede hacer que las olas habituales entren en fase formando una enorme ola al sumar la altura de sus crestas. Otros consideran que se produce un proceso no lineal a partir de la suma de energías de pequeñas olas hasta formar un enorme muro inestable que rápidamente se desmorona.

Parece que a esa teoría se aferra el ministro Salvador Illa, confiado aún en que las medidas restrictivas de las comunidades autónomas puedan atenuar el impacto de la pandemia postnavideña en sus territorios, de modo que alivie los datos nacionales. Ayer mismo, el Ministro volvió a recalcar que un confinamiento nacional aún no está sobre la mesa y aseguró que las medidas paliativas (una cadena de restricciones que las comunidades autónomas han activado en cadena a lo largo de la semana) puedan tener su efecto. Así las cosas, España ha vuelto a convertirse en una babel de restricciones, más basadas en las sensaciones de temor de cada gobierno que en parámetros objetivos.

El asturiano Daniel López Acuña, epidemiólogo que fue director de acción sanitaria en crisis de la OMS durante la gripe A, es una de las voces que con mayor énfasis reclaman medidas de confinamiento domiciliario para combatir la “ola monstruo” de este tercer capítulo del covid-19 en España. Ayer mismo afirmó que el clamor de las comunidades autónomas debería llevar al gobierno central a plantear medidas para el conjunto de país. “Ya son cuatro los gobiernos que han pedido el confinamiento domiciliario; otros están señalando la importancia del autoconfinamiento, han cerrado perimetralmente todos los municipios además de la propia comunidad, están adoptando medidas más restrictivas con la hostelería...”, dijo ayer en una emisora de radio. A su juicio “resulta más que claro que hay que enmendar el rumbo”. “El coste político depende de la interpretación y ahora mismo el mayor coste es la inacción”, aseguró.

Hechos: los números de las estadísticas se triplican

Los datos hablan por sí solos. En lo que va de año la incidencia del virus se ha disparado en el conjunto del país, duplicándose en algunos territorios. En los pocos días que van del año 2021 se han producido más de 300.000 nuevos contagios y se han registrado 2.477 fallecimientos. La contundencia de la tercera ola, con su evolución sincronizada en toda España, es difícilmente rebatible. En aproximadamente un mes (desde que el pasado 14 de diciembre el Ministerio de Sanidad reportase un repunte de la incidencia acumulada), los datos de contagio se han triplicado. Han pasado de los 193 casos por cada 100.000 habitantes en 14 días a mediados de diciembre a los 575 actuales. Los números se han triplicado.

Los expertos señalan, pese a todo, que los datos probablemente no estén recogiendo aún todo el impacto que han tenido en la transmisión del virus las reuniones sociales y la movilidad a causa de las celebraciones navideñas.

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias sanitarias, Fernando Simón, lo reconoció: “Creo que todos somos conscientes de que en Navidades se recomendara lo que se recomendara, la gente, siento decirlo, quizás nos reunimos y lo pasamos mejor de lo que debíamos haberlo pasado (...) Sabemos que esto iba a ocurrir”, afirmó.

Los cálculos de Sanidad pasan por la estimación de que el alza en los contagios aún se prolongue. “Si la población no es suficientemente sensata para aplicar las medidas de control” el aumento se prolongará por otras dos semanas.

Un ojo en la ocupación hospitalaria

El verdadero corazón del problema de la pandemia de covid-19 está en el riesgo de saturación en las plantas de los hospitales y las UCI. Todas las medidas que adoptan los gobiernos van, en realidad, encaminadas a evitar el colapso sanitario. La realidad es que las cifras de los hospitales españoles, que aumentan con cierto retraso respecto a los repuntes de contagios, han empeorado en lo que va de año. Se han incorporado ocho mil pacientes más, hasta alcanzar una cifra de 19.657 en el conjunto de España, lo que supone una ocupación del 15,96 por ciento. En las UCIs, que en conjunto se encuentran al 30 por ciento de su ocupación, se ha sumado un millar de enfermos, lo que suma un total de casi tres mil. Los sanitarios prevén dos o tres semanas en las que la presión asistencial se recrudezca, por lo que algunas comunidades autónomas están reprogramando cirugías no urgentes.

Ganar tiempo para la vacuna

En realidad, el combate de la tercera ola no es más que una batalla contra el reloj. Mientras la escalada de contagios crece, las autoridades intentan como sea frenarla en la confianza de que la vacunación pueda suponer un aliado que atenúe las consecuencias médicas de la infección. Mientras que las comunidades autónomas creen que no pueden colocar ya más diques de contención, por lo que piden la intervención del Estado, el ministerio de Sanidad confía en capear el temporal hasta que los efectos de la vacuna puedan resultar relevantes.

“Ola gigante”, evidencia clara

Pese a que resulta sencillo entender el mecanismo que lleva a la creación de “olas gigantes” en alta mar, estas han sido esquivas. La primera evidencia científica confirmada de una monstruosa ola se produjo en 1995, la denominada “ola Draupner”, en el Mar del Norte. Poco después, ese mismo año, el capitán del RMS Queen Elizabeth 2, refirió que en plena tormenta en el Atlántico Norte se encontró con un enorme muro de agua de unos 29 metros de altura que “surgió de la oscuridad” y que se asemajaba a “los acantilados blancos de Dover”.

No hay que irse tan lejos: el 24 de enero de 2009, la boya Augusto González de Linares, situada mar adentro en el Cantábrico frente a la ciudad de Santander, registró una ola de más de 26 metros de altura durante un temporal. Más próximamente, en 2014, la red de boyas de Aguas Profundas de Puertos del Estado constató la formación de una ola de 27,81 metros de altura en Cabo Vilano, en las costas gallegas, durante los duros temporales del invierno de ese año.

¿Estamos ante una “tercera ola gigante”? No hay duda, basta contemplar el horizonte que muestran los datos del covid en España y en las distintas autonomías. Nunca la incidencia alcanzó cotas tan elevadas, al mismo tiempo y en todas partes. La tercera embestida del virus es monstruosa.

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