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Enfado en la hostelería por “las incertidumbres que genera el Gobierno”

Profesionales y clientes se quejan de la improvisación de unas medidas que ahogan al sector y de la insuficiencia de las ayudas del Principado

Los hosteleros asturianos claman contra el cierre del interior de los bares: "Rezaremos para que no llueva" Amor Domínguez

Malestar y enfado en la hostelería, desde la patronal OTEA hasta los responsables y clientes de distintos negocios de Asturias, por “las incertidumbres que genera el Gobierno regional” sobre medidas que todavía desconocían con detalle y precisión anoche.

“No nos corresponde discutir las medidas sanitarias, ni si el confinamiento perimetral por concejos es o no útil, pero sí queremos decir, de forma enérgica, que esta no es la forma de adoptarlas”, denunció Hostelería y Turismo de Asturias en un comunicado que hizo público a las ocho y cuarto de la noche, hora a la que aún desconocía el alcance de las medidas de la Consejería de Salud para hacer frente a la tercera ola del coronavirus.

Ángel Gutiérrez sirve una caña a David y a Paloma Galán, en Langreo.

“¿Es posible que no sepamos aún el alcance de las medidas que se han anunciado? Es imposible mantener una actividad mínimamente estable con estas incertidumbres que genera el Gobierno del Principado”, planteó la patronal de la hostelería y el turismo.

José Antonio Martínez y su pareja, Aurora Arbás, salieron a comer por la zona de Gascona, en Oviedo, por si acaso no podían hacerlo hoy. Él, que trabaja en hostelería, tiene muy claro que cerrar los bares es un grave error. “Nos están metiendo demasiado miedo en el cuerpo y eso acabará con muchos empleos. Las sidrerías, las cafeterías y los restaurantes son sitios seguros siempre que se respeten las normas de seguridad, algo que se cumple a rajatabla en la mayoría de establecimientos”, mantenía José Antonio Martínez.

José Permuy, en su café de Mieres, La Consistorial.

José Permuy, en su café de Mieres, La Consistorial.

En Gijón, Zahida Pérez ocupa la última mesa de la sidrería El Saúco. A la mujer, de 36 años, no le hace falta ver la carta para saber qué es lo que sirven en el establecimiento de Pumarín. Hasta hace no mucho tiempo fue una de las camareras del local. No está sola, porque la acompaña Cristina del Rosal, una gijonesa de 40 años que trabaja en una frutería en el mismo barrio. De fondo, el ajetreo es constante. Camareros de aquí para allá escancian culetes con alegría. Las dos mujeres pedirán cachopo. Será de los últimos que puedan degustar dentro de un restaurante, tras las últimas medidas del Principado. Unas medidas que les generan, como las anteriores, dudas. “Son una barbaridad”, afirman.

Un hostelero ofrece un culete de sidra a una clienta en la sidrería El Saúco, en Gijón.

Un hostelero ofrece un culete de sidra a una clienta en la sidrería El Saúco, en Gijón.

Protesta en Gijón

La hostelería gijonesa echa hoy el cierre en señal de protesta por las nuevas medidas adoptadas por el Principado para frenar la tercera ola de contagios. La asociación Asturias Suma y la plataforma Hostelería con Conciencia temen disposiciones más duras a la vez que denuncian la tardanza en las ayudas. Por ello, las dos entidades, nacidas a finales del año pasado, protestarán juntas por primera vez desde que arrancó la pandemia. Convocan una huelga, que tendrá su momento álgido a las 17.00 horas en el paseo de Begoña, en Gijón. Para esa hora está fijada una concentración, la primera durante la tercera ola de contagios.

El disgusto de Laura Menéndez Sánchez del Río con las nuevas restricciones ordenadas por el presidente del Principado, Adrián Barbón, es enorme. “No tienen sentido”. Menéndez apura la última botella de sidra en una mesa del salón de Casa Marisa: sabe de sobra que mañana tiene que salir a la terraza si quiere relacionarse con las amistades. “Quiero dejar claro: en este bar nos cuidan mucho y nos cuidamos mucho”, apunta. Marisa García García es la dueña y una de las cocineras de Casa Marisa: “Mañana [por hoy] voy a cerrar”, afirma. “No puedo tener un empleado para cuatro mesas de terraza que tengo”, recalca.

Javier Castrosín sirve unas consumiciones a Carmen Fernández –a la izquierda– y a Raquel Álvarez, en la cafetería de Cangas del Narcea que abrió hace un mes.

Javier Castrosín sirve unas consumiciones a Carmen Fernández –a la izquierda– y a Raquel Álvarez, en la cafetería de Cangas del Narcea que abrió hace un mes.

La mayoría de los locales hosteleros de Castrillón cierran hoy al no poder asumir las nuevas medidas exigidas por el Principado al sector: cierre de interiores y solo atender a clientes en terraza con mesas separadas dos metros y prohibición de fumar. “Debería dimitir el Gobierno asturiano en pleno. Quisiera saber si algún Consejero podría vivir con 409 euros al mes teniendo tres hijos y cuatro trabajadores”, señaló Carlos Graña, propietario de El Ventolín de Piedras Blancas desde hace más de 30 años.

Ángel Gutiérrez no se hace muchas ilusiones sobre la duración de las nuevas restricciones. “No hago cálculos. Lo único que espero es que todo esto pase lo más pronto posible”. Tiene tres establecimientos en La Felguera y dos de ellos –una cafetería y un bar de copas– llevan cerrados desde marzo. El tercero, una cervecería, tira de todos ellos. “En este caso tengo la suerte de que reparto comida a domicilio y me está sirviendo para pagar las facturas de los tres establecimientos”, confiesa.

Carlos Graña, detrás de la barra clausurada para los clientes en El Ventolín de Piedras Blancas.

Carlos Graña, detrás de la barra clausurada para los clientes en El Ventolín de Piedras Blancas.

José Luis Díaz Permuy es uno de los hosteleros más reconocidos de Mieres. Como el resto del sector, ayer pasó el día pendiente de noticias sobre el cese de la actividad: “Llevamos veinte años ofertando potaje los martes. ¿Alguien nos dice que hacemos? Una cocina requiere de cierta previsión”. Apoyado en la barra de La Consistorial, se muestra crítico con la gestión de la crisis: “La incertidumbre es lo peor para el negocio. La improvisación nos está matando, ya que puede ser incluso peor que el propio cierre”. El debate en el interior de los bares de Lugones (Siero) iba de futuro inmediato. De si hoy la escena podría repetirse. Sebastián Melero servía unos vinos a Benigno Cabal, y Víctor García, en la cervecería Nueva Planta y reflexionaba: “Abriré aunque sea con la terraza”. Sus motivos son simples y claros, “si gano 20 euros es lo que tenemos para comer yo y mis hijos, no me queda más”, espetaba, dejando claro que “mal voy si tengo que esperar a que me den ayudas”.

La hostelería de Cangas del Narcea vivió con incertidumbre a la espera de saber si el concejo tendría que endurecer las medidas de seguridad para hacer frente a los contagios de covid-19, lo que supondría el cierre del interior de sus locales, entre otros requisitos. “Esta tarde (por ayer) pensé que tendría que decirles a los empleados que mañana (por hoy) no tenían que venir, ahora vamos hasta el jueves y a ver qué pasa”, explica Javier Castrosín, que junto a su socio abrió una cafetería en Cangas del Narcea hace un mes, un local grande pero que no tiene opción de instalar una terraza. Por lo que si se endurecen las medidas su única opción es realizar pedidos para llevar, para poder mantener la actividad.

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