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Los testigos asturianos de la explosión en el centro de Madrid: “Movió toda la casa, creí que caía abajo”

El actor mierense David Carrio: “Fue como un atentado” | El cangués Antonio García: “Nos destrozó una ventana de la sidrería”

Vídeo: Los testigos asturianos de la explosión en el centro de Madrid: “Movió toda la casa, creí que caía abajo” A.D.

“La explosión fue descomunal, espectacular, movió toda la casa, creí que se venía abajo. Hasta se me cayó un cuadro al suelo con la onda expansiva”, relataba, horas después de la deflagración, aún impactado, el actor mierense David Carrio, que vive a unos cien metros del edifico que voló por los aires en la calle Toledo de Madrid. “Me cogió entrando al baño después de comer. Fue como un atentado, no me explico cómo puede haber gente que pueda vivir en una zona de guerra con esas explosiones”, añadió este actor que se puso en la piel de Pelayo en la recreación de la monarquía asturiana que se celebra en Cangas de Onís.

“Cuando me asomé ya vi los cascotes por todas partes y a los bomberos, que tienen el parque en la esquina, corriendo hacia el edificio. Pudo ser muchísimo peor, porque está al lado del colegio de los Salesianos. En el edificio viven sacerdotes y seminaristas y al lado hay un centro de día.

Otro que se quedó impactado fue Antonio García Pérez, dueño de la sidrería Aviseo, situada a unos cuarenta metros del lugar de la explosión. García Pérez, que emigró a Madrid hace cuarenta años –cuando tenía 16– desde Linares del Acebo, en Cangas del Narcea, estaba dando las comidas en su establecimiento cuando se produjo la deflagración. “Fue horrible. Yo estoy al lado y la explosión sacudió toda la casa, hasta se llevó por delante una de las ventanas del comedor del segundo piso, que cayó a la calle”, explicó.

Evacuación

“Un policía entró en la sidrería y nos dijo que teníamos que desalojarla de inmediato, que había peligro de más explosiones. No me dio tiempo a apagar las luces y una plancha que tenía encendida”, aseguró. “Todo el mundo se marchó sin comer, y también sin pagar”, añadió. Unas horas después le dejaron atravesar el cordón policial para volver a entrar y poner en orden el local. “Todavía hay una llama saliendo del edificio”, indicó a eso de las ocho y media de la tarde. “La explosión fue en la casa donde viven los curas, al lado de la residencia, son clientes de aquí”, comentó.

Al menos tres muertos en la explosión de un edificio en el centro de Madrid Agencia ATLAS | Foto: EP

Y resaltó la suerte de que los escolares no estuviesen en el patio del “colegio de La Paloma, donde estudió mi hijo. No quiero pensar qué hubiese ocurrido si llegan a estar ahí los niños, pero no había por la nieve”. Dicho sea de paso, este asturiano aún sigue regresando a Asturias. Lo hizo este septiembre y tuvo que quedarse todo el mes, confinado, después de cogiese el coronavirus. “Lo pillamos mi padre y yo, pero no tuvimos ningún problema”, comentó.

La calle quedó literalmente cubierta de escombros. Dos de los fallecidos fueron alcanzado por los cascotes empujados por la deflagración, que cayó desde los pisos superiores destrozando coches y mobiliario.

El horror de los vecinos: “¡Dios bendito! ¿Qué ha pasado?”

Nada más registrarse la explosión, el hostelero cangués Antonio García Pérez hizo desde su local unas escalofriantes grabaciones en las que se aprecia todo el horror de la situación vivida en la calle Toledo. En una de ellas se ve a un hombre, en mitad de la humareda, llevándose la mano a la cabeza, tras ser golpeado por los cascotes, y repitiendo: “¡Dios bendito! ¿Qué ha pasado?”. Otra de las grabaciones recoge cómo las trabajadoras de la residencia contigua salen aterrorizadas del edificio, situado junto al bloque donde se produjo la explosión. Las imágenes recogen escenas propias de los brutales atentados que vivió la capital de España en los peores momentos del terrorismo etarra: confusión de sirenas, voces de horror y el movimiento caótico de los supervivientes, incapaces de comprender aún lo ocurrido. En la grabación se aprecia cómo sale un denso hubo del edificio donde se produjo la espantosa explosión, situada apenas a cuarenta metros de distancia de la sidrería que regenta desde hace cuarenta años el cangués Antonio Pérez.

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