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Noreña, una isla mínima confinada

El concejo más pequeño, aislado respecto a Siero: “Si paro a tomar un café podría ser ilegal”, dice un noreñense con negocio en El Berrón

Miguel Ángel Fuente y José Berdayes, a la salida de Noreña, ayer. | Luisma Murias

Miguel Ángel Fuente y José Berdayes, a la salida de Noreña, ayer. | Luisma Murias

El concejo más pequeño y con mayor densidad de población de Asturias, una isla mínima en medio del gigante Siero, será cerrado perimetralmente la medianoche de hoy viernes a mañana sábado. En Noreña ya se sabía y en sus habitantes se intuían ayer especiales ganas de aprovechar los últimos momentos antes de que sus fronteras se sellen. “Esto de riesgo 4 plus suena a teléfono móvil”, comentaban, sobre la terminología que ha dado el Principado a las poblaciones con peores datos, en el interior de una cafetería, casi cuando regresaba a la Villa Condal José Berdayes, biomecánico de ciclismo que vive en la localidad pero tiene su tienda en El Berrón (Siero). “A partir del sábado, salvo que lo consideren pausa laboral, será ilegal que me tome un café mientras trabajo”, bromeaba paseando junto al cronista oficial, Miguel Ángel Fuente.

“Lo considero una estupidez”, contestaba este al profesional del ajuste de bicicletas: “¿Cómo puedes ir a trabajar y no poder llevarte algo del supermercado?”. Cuando subía hacia la frontera con Siero para pisar fuera de Noreña una última vez, pasaba la Guardia Civil. Justo un instante antes de que Fuente cruzara. “El sábado te detendrían”, bromeaba Berdayes.

Al cronista le gusta pasear y Noreña, de poco más de cinco kilómetros cuadrados de municipio, se le queda corto. “Pero no tengo pasaporte diplomático, aún siendo cronista”, bromeaba al respecto. Algo parecido le pasaba a Berdayes en las primeras fases de la desescalada: “Entreno en bici a diario y tenía que dar vueltas por aquí. Menos mal que ahora estando federado me dejan”.

Para él, el cierre perimetral es un fastidio, sobre todo por el tiempo que le hace perder: “Tengo que estar haciendo papeles a mis clientes para que puedan venir, porque son todos de fuera y, encima, la mayoría quieren venir a partir de las seis y media y un estudio biomecánico me lleva dos horas”, explicaba.

A pocos metros de donde charlaban Fuente y Berdayes, en la fronteriza localidad sierense de Argüelles, Loli Prendes esperaba: “Aunque di negativo estoy de confinamiento por un contacto estrecho”. Ella va “mucho” por Noreña, como los vecinos de Anes, o los de Los Campones, como Pedro González, que no perdona “ir a comer un par de sabadiegos a la semana”.

Esa es otra de las peculiaridades del concejo más pequeño de Asturias, que muchos sierenses acuden a sus servicios, al ser el núcleo urbano más cercano a sus domicilios. Además, también se da el caso contrario al de Berdayes: personas que trabajan en Noreña y viven en el por ahora no perimetrado Siero.

Ellos pueden acudir y luego escapar, no así los noreñenses, que no solo verán cerrar el interior de sus queridos bares, sino que tampoco podrán ir a los de El Berrón o la Pola, a dos y cinco kilómetros respectivamente, donde sí se podrá tomar cañas bajo techo. Además, el propio Ayuntamiento ha decidido cerrar el telecentro, el gimnasio, la pista de pádel, los parques infantiles, la zona de gerontogimnasia, la pista de skate y suspender el mercadillo de los sábados. Todo responde a las preocupantes cifras de la localidad, por encima de los 800 casos por cada cien mil habitantes. El miedo y la rumorología llevan disparados durante la última semana. No se habla de otra cosa. “La gente se mira con recelo y se especula mucho sobre dónde se originaron los positivos”, reconocen en privado varios vecinos. El propio Principado está encontrando complicado rastrear los brotes y, con preocupación, deja a la isla mínima de Noreña confinada.

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