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Grado, contra el estigma del covid: “De esta vamos a salir todos juntos, ya hubo suficiente desgracia en la primera ola”

La sociedad civil suma fuerzas para poder volver a “levantarse” ante el segundo mazazo de la crisis sanitaria tras la tragedia del año pasado, que se llevó la vida de treinta personas en la residencia de ancianos

El autocovid instalado en la zona del mercado de ganados de la villa el pasado 14 de enero.  | LUISMA MURIAS

El autocovid instalado en la zona del mercado de ganados de la villa el pasado 14 de enero. | LUISMA MURIAS

Es sábado, el del pasado 16 de enero. Un día no lectivo, pero durante el que los responsables de los centros educativos de Grado no están, ni mucho menos, de descanso. La tercera ola del covid golpea con dureza al municipio y el miedo ante la propagación del virus invade a toda la población. Hay que determinar si en la semana que está a punto de comenzar habrá o no que acudir presencialmente a las aulas. La preocupación y el nerviosismo entre quienes tienen niños o jóvenes en edad escolar es enorme. Ya entrada la tarde, sobre las siete, los padres y madres de alumnos del Virgen del Fresno reciben, vía teléfono móvil, una comunicación del colegio. Abrirá el lunes, 18 de enero, por indicación de la Consejería de Educación. Pero se da también la opción de mantener la docencia vía telemática. Así, la decisión última será cosa de los progenitores.

El mensaje que reciben simboliza el momento en el que la comunidad educativa, apoyada por la mayor parte de las familias y de la ciudadanía, decide tomar las riendas de la situación. “Ante la nula respuesta de las administraciones solo queda la cuarentena voluntaria. Está en vuestras manos, teniendo en cuenta que para aquellos que no puedan conciliar, o no quieran, el colegio permanecerá abierto en horario escolar, sea virtual o presencialmente (…) El Ayuntamiento, el Claustro y el Consejo Escolar que os representan no han tenido la fuerza suficiente para intentar atajar la preocupante situación del concejo. Solo queda lugar para las decisiones personales que cada uno de nosotros tomemos. Entendemos todas las posturas y estamos a vuestra entera disposición”, reza el texto que se remite a los padres y madres.

El lunes, de los cerca de cuatrocientos alumnos que tiene el centro solo acuden presencialmente 29. El martes lo hará alguno más, 60. Pero la mayoría de las familias optan por dejar a sus hijos en casa a lo largo de la semana. La población “lo ha tenido claro”, se “ha creado estos días la conciencia de que teníamos que actuar nosotros, porque no ha habido más que decisiones erráticas y sin sentido por parte del Principado, que no entendió el alcance de la situación y no supo reaccionar correctamente”, explica un matrimonio con dos niños en el colegio.

La posición del centro fue respaldada por el Ayuntamiento, muy crítico con la Administración autonómica. El gobierno local mostró su malestar con la Consejería de Educación por no haber contactado con los responsables municipales en plena crisis y auge de la alarma social en el concejo. Y, además, Salud descartó la petición de un cribado más amplio.

Cribado insuficiente

El 14 de enero se instaló en el recinto del mercado de ganados la infraestructura para realizar pruebas PCR entre alumnos y profesores de los institutos de Enseñanza Secundaria César Rodríguez y Ramón Areces. Pero se dejó fuera a los centros de Primaria, para los que también se reclamaba desde todas las instancias locales. Incluso los grupos con representación municipal se unieron para remitir un escrito al Principado planteando la necesidad de ampliar el cribado.

Dos operarios municipales, desinfectando los aledaños del Ayuntamiento el pasado 7 de enero. | LUISMA MURIAS

De poco sirvió esta vez la unanimidad política, porque la petición no fue atendida. Tampoco pese a los repetidos llamamientos desde los propios colegios. “La situación es muy seria para ningunearnos de este modo. Queremos trabajar, de forma presencial, pero en este preciso momento toca cribar a la población para que no nos arrastre esta ola. Con la primera ya hubo suficiente desgracia y tristeza”, dice otro de los mensajes que se intercambiaron entre miembros de la comunidad educativa los días previos a la reanudación de la actividad lectiva.

La referencia a la tragedia que vivió Grado en marzo del año pasado está presente en las palabras de casi todos los moscones, que ahora lamentan el nuevo embate del coronavirus. Lo sucedido entonces ha marcado para siempre a la localidad: la primera ola se llevó por delante treinta vidas en la residencia de ancianos de la villa. Un drama que jamás se olvidará en el concejo y que situó entonces a Grado como epicentro de aquella etapa inicial de la pandemia en Asturias.

Ahora, por segunda vez, el covid se ceba con el pueblo. La primera, “cuando entró en la residencia, fue por mala suerte, pero ahora fue por la mala cabeza de unos pocos”, reflexiona un autónomo de la villa, que prefiere el anonimato “para no buscar problemas”.

Persiste el “cabreo” por el origen de los actuales brotes en el concejo, relacionados con la actividad de ocio de algunos jóvenes e incluso con encuentros en domicilios privados que pudieron haberse producido en las últimas fiestas navideñas y de Fin de Año. Pero el enfado se ha dejado a un lado para dar paso a la solidaridad entre la población, a la unión de un pueblo que describe con emoción que ha decidido sumar esfuerzos y aunar voluntades “para ponernos de pie, levantar el nombre de Grado y salir de esta todos juntos porque no queda otra”, resume un hostelero.

A comienzos de enero, la indignación en la villa por el comportamiento de “cuatro irresponsables” a los que se atribuyen las situaciones que dieron origen a los contagios, era muy notable. El ambiente se enrareció: los negocios que defendían haber cumplido a rajatabla toda la normativa sanitaria clamaban ante la sospecha de que podrían volver a cerrarles sin “tener culpa ninguna de nada”. “Esta vez va a ser muy gorda, el brote va a ser criminal”, lamentaban muchos. Y lo fue. Sus temores se confirmaron.

“Ya se advirtió”

“No será porque no se dijo; todo el mundo sabía quién había andado haciendo lo que no debía y se les veía igual por la calle, haciendo vida normal, como si no pudieran contagiar a otros. Lo llevaron además a sus casas, hay familias con varios miembros contagiados, y de ahí en adelante suma y sigue. Si se rompe la cadena de prevención y de aislamientos, las cosas se desbocan, como ha pasado”, señala el dueño de un establecimiento comercial.

Grado, concejo fantasma por el brote que ha obligado a su cierre perimetral Miki López

Pero la gravedad del número de contagios –266 casos en lo que va de año– y lo que la ciudadanía consideró una falta de respuesta adecuada por parte de la Administración autonómica cambió hace unos días el estado de ánimo y el clima emocional en la villa: la población decidió centrarse en contribuir a poner freno a la propagación del virus y, en cierto modo, tomó el timón para redirigir el rumbo de la situación.

Las medidas de algunos centros educativos estuvieron avaladas por el Ayuntamiento y por los padres y las madres de alumnos. Incluso por gran parte de la ciudadanía, que las aplaudió. Asociaciones y colectivos también las apoyaron, del mismo modo que hicieron ante las restricciones acordadas desde el ámbito municipal. Hubo “comunicación” y “solidaridad”, una “idea de pueblo, de actuar como tal, con unidad”, dice el responsable de uno de los colectivos sociales del concejo.

Las redes sociales han sido un buen termómetro del sentir de los moscones a lo largo de todos estos días. “No es el momento de señalarnos unos a otros por la calle, sino de echarnos una mano para salir adelante”. “El pueblo de Grado somos todos uno, de esta salimos sí o sí”. “Cuando nos hacen daño, nos unimos y remamos todos en la misma dirección”. “Ejemplo de unidad política y ciudadanía. Puxa Grao, lo conseguiremos”. Son solo algunos de las decenas de mensajes que hicieron públicos los vecinos y que visibilizaron el sentimiento de un pueblo que por segunda vez se ve señalado como uno de los epicentros de los contagios en Asturias.

“Estamos muy golpeados y hay que evitar en todo lo que esté en nuestra mano que esto se propague más y tengamos que lamentar pérdida de vidas. Gracias, maestros, por vuestro empeño y vuestra responsabilidad. Gracias al personal sanitario por todo lo que están haciendo. Gracias a todo el pueblo de Grado, que está poniendo todo su empeño en frenar esto. En este barco vamos todos y nuestro fin es salir a flote”, explica Sagra Fernández, la presidenta del colectivo de comerciantes Agora Grao acerca de cómo se está viviendo la situación en una villa en la que la actividad económica, centrada en el comercio y la hostelería, está ya muy tocada por los efectos de la crisis sanitaria.

Evolución de la pandemia en Grado en lo que va de año

Con pena, pero con la conciencia de que había que adoptar medidas por el bien de todos, también actuaron desde el Mosconia. “Hemos tenido que tomar decisiones con dolor, tristeza, con mucha impotencia, con una mezcla de todo”, explica Mónica Fernández, presidenta del club de fútbol, que optó por suspender actividad y entrenamientos antes incluso de que se manifestaran los brotes con la gravedad de los últimos días.

“Veíamos ya que había cosas que no se estaban haciendo bien y estábamos muy pendientes, porque una vez que los jugadores entran por las puertas de nuestro club, ya es responsabilidad nuestra. Fuimos viendo cosas que sabíamos que si no frenábamos iban afectar muy en serio al club y, siempre pensando en los jugadores, decidimos cerrar. Con mucha pena. Hubiéramos abierto en Navidades, porque queríamos que fuese un regalo para que los chavales disfrutaran un poco del deporte, teníamos cosas preparadas. Pero hubo que cancelarlo todo. Lo primero es la salud y ahí nadie dudamos, pero duele que siempre pagan los niños y los mayores. Duele la gente que lo hizo bien, hostelería y negocios de todo tipo y que ahora se ven como se ven. Pero tenemos que tirarnos arriba, ayudarnos entre todos. Todos juntos y levantar a Grao donde estaba. Estoy segura de que lo conseguiremos, eso sí, todos unidos”, añade.

Visto ya con cierta perspectiva, la directora del colegio público Virgen del Fresno, Paraíso Álvarez, reflexiona sobre lo que acordó hacer el centro a comienzos de esta semana. “Dada la complicada situación en la villa, desde el colegio Virgen del Fresno y desde el Ayuntamiento se insistió en la necesidad de que el cribado se hiciera extensivo a los centros de Educación Infantil y Primaria. Al ser excluidos, se propuso a las familias hacer una cuarentena o confinamiento voluntario para evitar posibles contagios. Una decisión arriesgada pero que considerábamos necesaria para contribuir a frenar la expansión del virus. La respuesta fue masiva y un 80 por ciento de las familias apoyaron la medida, siguiendo en este caso el alumnado las clases de forma telemática”, explica.

“Ya finalizando este tiempo de confinamiento hemos constatado que, efectivamente, han salido positivos en el centro, pero de esta forma no han podido contagiar a nadie más. Agradecemos infinitamente el apoyo incondicional de las familias, a las que esta situación les ha supuesto un sobreesfuerzo personal para poder conciliar laboral y familiarmente, así como al Ayuntamiento y a muchísimas personas ajenas al centro que nos han respaldado y aplaudido. A partir de ahora consideramos que, dado el escaso apoyo y consenso de las distintas administraciones, debemos retomar la normalidad reanudando las clases de forma presencial, aprendiendo a convivir de la mejor manera posible con el covid y adoptando todas las medidas de prevención que durante el primer trimestre nos han dado buenos resultados”, añade.

“Ver un poco de luz”

El Ayuntamiento ha decidido pagar las PCR del personal de la escuela de 0 a 3 que se ubica en la zona del colegio del Virgen del Fresno. El alcalde, José Luis Trabanco, está de acuerdo en la capacidad de unirse y trabajar en común del municipio. En el concejo “sumamos todos”, afirma. Y, “si estamos en el barro, habrá que darnos la mano unos a otros para salir”, apunta. Deseando que la gravedad de la situación remita, concluye: “A ver si esta semana que entra vemos un poco la luz”.

Controles por el cierre perimetral en Grado.

Los pocos rayos de sol que ofrece este crudo invierno se aprovechan en la residencia de ancianos de Grado. Salir al patio a tomarlos es uno de los pocos momentos en los que los mayores que allí viven tienen ahora contacto con el exterior. El centro, esta vez sin casos, está “blindado”, explica su director, Carlos Briansó.

No poder recibir visitas tiene impacto sobre los mayores, aunque les alivia algo la salida al recinto delantero, cercado y alejado de cualquier relación con otras personas que no sean sus propios compañeros. A veces, aunque sea a lo lejos, pueden saludar desde la distancia a familiares o conocidos. Es suficiente, de momento, y, además, nadie se queja. La dureza de lo que vivieron en marzo de 2020 les ha hecho “fuertes” para soportar casi todo.

“Nos arreglamos con las llamadas o videollamadas. Te sorprende cómo ellos mismos avisan a las familias para que no vengan a verlos y les dicen que estén tranquilos. No sé si es que ya están hechos a la idea, pero son de una dureza encomiable”, valora el director del centro.

Esta vez la ola golpea fuera, no dentro. Pero los mayores perciben la crudeza de la situación en la villa y se solidarizan con los que sufren. Saben de la desolación por los cierres, la desesperación de los propietarios de negocios. El miedo a la enfermedad y al contagio, que tan bien conocen en el centro. “Aunque vivamos en una especie de búnker, claro que lo notamos, el vacío de las calles, que Grado es un páramo”, dice Briansó. Y solo cabe cuidarse y esperar, desear “todo pase cuanto antes” en un pueblo que ya tuvo “más que suficiente”.

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