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Armin Laschet, un hijo de la mina

El sucesor de Merkel al frente de la CDU, que apuesta por la industria del carbón, lleva como talismán la chapa de identificación de su padre

Armin Laschet, durante la rueda de prensa del pasado día 25. | Efe

Armin Laschet, durante la rueda de prensa del pasado día 25. | Efe

Armin Laschet (Aquisgrán, 18 de febrero de 1961) es el sucesor de Angela Merkel al frente de la CDU, la Unión Democrática Cristiana, el partido que lleva marcando el paso en Alemania durante 32 de los últimos 40 años. Es hijo de minero, apuesta por la industria pesada, incluyendo la del carbón, y partidario de una política migratoria laxa, un defensor de las minorías, lo que le ha valido el mote de “turco Armin”. Los medios de comunicación alemanes coinciden en señalar que su discurso durante el congreso virtual que acabó elevándolo a la presidencia de la CDU fue clave para dar la vuelta a las previsiones iniciales: de los tres candidatos, era el que menos opciones tenía de ganar.

En su intervención, Laschet mezcló política con referencias y valores personales. Unos valores inculcados por su padre, minero en la región de Renania del Norte-Westfalia, cuya presidencia alcanzó Armin Laschet casi por sorpresa también en 2017: “Mi padre era minero, y siempre me decía: ‘Cuando estás bajo tierra, no importa de dónde es tu compañero’”. “Antes de venir aquí”, añadía, “mi padre me dio su chapa de identificación de la mina como talismán”, un amuleto que mostraba a la cámara, orgulloso y emocionado. El nuevo presidente de la CDU se impuso al considerado “Trump” alemán, Friedrich Merz, que partía como favorito a la sucesión y que pretendía dar un giro a la derecha, y al más carismático y moderno en su imagen, Norbert Rottgen.

Según Miguel Otero-Iglesias, investigador principal del Real Instituto Elcano, el “convincente discurso” de Armin Laschet unió “emoción con racionalidad”. Ante la intervención más populista de Merz, afirmó que “polarizar es fácil, lo puede hacer cualquiera. La receta es conocida: tomar el veneno y esparcirlo digitalmente por todos lados”. Lo difícil, aseguró, “es escuchar a los otros, transigir y llegar a acuerdos para lograr cosas. Tenemos que poder integrar, mantener cohesionada a la sociedad y unir en ella a personas muy diferentes. Eso es el trabajo duro”.

El más “merkeliano” de los candidatos a suceder a la canciller, según Otero-Iglesias, fue el primer ministro de Integración dentro de un Estado alemán (el equivalente a las comunidades autónomas españolas). Valedor de la diversidad cultural, lo que le acarreó críticas en su propio partido, también fue diputado en el Bundestag (Congreso de los Diputados), perdió elecciones, llegó a eurodiputado y, cuando su carrera política parecía estancada, presidente de Renania del Norte-Westfalia, el Estado germano más populoso: 18 millones de habitantes, feudo histórico del socialismo de la SPD y en el que nadie daba un duro por su victoria cuando se presentó.

En la vertiente económica, Laschet defiende la industria del carbón. Durante su mandato ha impulsado la apertura de una central térmica, y quiere ampliar la principal mina a cielo abierto de lignito que queda abierta en el país, la de Garzweiler, lo que le ha supuesto fuertes ataques desde el movimiento ecologista (los verdes son la cuarta fuerza política del país). Greenpeace, de hecho, lo denomina “asesino climático” por su apoyo al gigante del carbón RWE. También es cierto que, pese a estas simpatías, el último pozo (mina interior) de hulla que quedaba en Alemania, en Bochum, se cerró bajo su mandato.

De carácter afable, conciliador y paciente, Laschet es un habitual de los Carnavales de Aquisgrán, la fiesta anual más importante de su ciudad, en la que participa en su equivalente a las chirigotas gaditanas: grupos que se suben al escenario a cantar y comentar con humor la actualidad política y social. “¿Quién será la próxima mamá de Alemania?”, cantaba en la última edición de la fiesta, haciendo referencia al mote por el que es conocida Angela Merkel, “mutti”, mamá en alemán. Alabado por su gestión inicial de la crisis sanitaria, tomando medidas restrictivas antes que otros estados, también cometió errores por la precipitada desescalada.

Su próximo objetivo parece ser el de la candidatura a la cancillería germana: no siempre el presidente del partido es el aspirante a la Presidencia. Aquí también tendrá que dar, otra vez, la sorpresa, porque entre los propios electores de la CDU prefieren a aspirantes con otra imagen. Pero, como dijo en su propio discurso del congreso del partido, “tal vez no sea el hombre de la escenificación perfecta, pero soy Armin Laschet, y en ello pueden confiar”.

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