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Me quedo en el pueblo | Vegadeo

A la espera de los peregrinos

Lilian de Campos lleva dos años al frente del albergue, donde promociona el Camino y elabora dulces: “Viajo a través de los que pasan por aquí”

Lilian de Campos, junto a su perra “Lana”, en el interior del albergue de Vegadeo.  | Ana Paz Paredes

Lilian de Campos, junto a su perra “Lana”, en el interior del albergue de Vegadeo. | Ana Paz Paredes

“Se puede vivir en el medio rural, pero siendo consciente de que tienes que adaptarte a tus necesidades y no al consumismo. Ganas menos porque hay menos trabajo, pero también gastas menos. Tener huerta propia te permite tener tus productos. En el albergue intentamos que las cenas se preparen con productos de cercanía. Vivir en un pueblo te permite, además, estar en contacto con la naturaleza, algo que es muy importante en mi vida”, dice Lilian de Campos, natural de Brasil y quien desde 2018 dirige el albergue de peregrinos de Vegadeo, muy bien acompañada siempre por su perra “Lana”. También muy pendiente de cuantos peregrinos llegan y, aún más, cuando lo hacen con perros.

Ella ya realizó el Camino en 2016 y 2017 junto a su hija, que por aquel entonces contaba con 12 y 13 años, una experiencia que recomienda a nivel familiar. “Los niños aprenden a respetar el espacio, el tiempo de cada uno”, afirma esta mujer, viajera incansable primero por su país, del que conoce numerosos lugares, llegando a vivir también en Argentina antes de venir a España, donde lleva diez años. “Durante un tiempo viví en Trevías con mi hija y cuando me surgió una oferta de trabajo en Vegadeo nos vinimos, pues mi hija además tenía que ir al instituto y yo no tengo coche. Llevo mucho tiempo haciendo repostería ecológica y participaba en grupos de consumo. Poco después surgió la propuesta del albergue. Yo presenté mi proyecto, lo aprobaron y aquí estoy hace dos años, al frente de “Mar y Montaña”, lo llamé así porque los que llegan se despiden del mar en la etapa anterior para empezar luego a caminar por el interior, por la montaña”, explica. El albergue tiene dos habitaciones con 24 plazas y dos baños, uno con tres duchas o otro con dos, además de una habitación adaptada para personas con discapacidad.

Peregrinos a su paso por la iglesia de Abres (Vegadeo).

El perfil del peregrino que se aloja está claro. “Por aquí han pasado gente de muchos países. Es un tramo histórico que estamos recuperando. Muchos caminan solos, son peregrinos silenciosos. Desde La Caridad hasta aquí hay unos 25 kilómetros, luego siguen Vegadeo-Trabada y Trabada-Mondoñedo”, explica Lilian, que lleva tiempo con el albergue cerrado siguiendo las directrices sanitarias por el covid-19 pero, sin embargo, no para de hacer cosas junto a sus vecinos, como por ejemplo impartir por internet cursos de cocina fácil o la creación de mandalas, algo en lo que participaron buena parte de ellos. Ella misma impartió un curso para hacerlos.

“Todo surgió con un peregrino de Isla Reunión. Tenía un esguince en el pie y se quedó tres días. Durante ese tiempo nos propuso hacer un taller de mandalas y de ahí salió una de metro y medio que está siendo tejida por los peregrinos que pasaron por aquí y los que vendrán. Por eso cuando propuse hacer mandalas fue para poner un poco de color en estos días que vivimos y sentirnos unidos en la distancia haciendo cosas en conjunto”, dice ella, que tampoco deja de trabajar, desde el albergue, en la promoción y la recuperación de ese tramo histórico.

Se ha ganado a pulso al cariño de sus vecinos. Afirma por su parte: “Aquí nos acogieron muy bien a mi hija y a mí, estamos muy integradas en Vegadeo. Aquí tienes de todo; una buena biblioteca, un buen auditorio, servicios de todo tipo, pero también a la vez un lugar donde plantar tu comida o bien hacer trueque con algunos amigos que también plantan”, explica esta mujer que también es una experta elaboradora de repostería ecológica.

“Sigo elaborando para la Casa Azul, en Navia, seis o siete variedades de galletas. Me he ido adaptando a lo que pueden consumir: algunas no llevan azúcar, otras son veganas, otras de limón, naranja, en fin, voy variando. Es una forma de contribuir a alimentar a mi familia. Curiosamente este año, con el tema de la pandemia, he tenido mucho más tiempo para estar con mi hija Larissa, de hablar con ella. Yo siempre fui muy viajera por eso ahora, al frente del albergue, lo que hago es viajar a través de los ojos y la vida de las personas que pasan por aquí”.

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