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Candidato a rector de la Universidad de Oviedo

Ignacio Villaverde: “El retraso electoral creo que me ha beneficiado; se han visto las costuras de la falta de gestión de Granda”

“Urge implantar la contabilidad analítica, ya que si no sabemos lo que costamos, no sabemos lo que valemos, y hay que descentralizarse”

El candidato a rector, Ignacio Villaverde, propone revitalizar la Universidad de Oviedo priorizando al personal: estudiantes, profesores, y Administración y servicios Elena Vélez

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El despacho de Ignacio Villaverde Menéndez, candidato a rector de la Universidad de Oviedo, está repleto de libros, de fotografías –muchas de ellas de sus hijas Paula y Nuria y su mujer, Marta–, de figuras... Y también de elementos que recuerdan que la campaña electoral ya está cerca: un trípode, varias pizarras con anotaciones, un libro que recoge su programa, dos cajas cargadas de carteles con su imagen y el eslogan “Queremos Universidad”... Desde allí, desde el campus del Cristo, desde el área de Derecho Constitucional, desarrollará el catedrático gijonés de 55 años el grueso de su campaña telemática. Acomodado en un sofá, vestido con americana y con un broche en la solapa, igual al que el actor David Suchet lleva en la serie de televisión británica “Agatha Christie’s Poirot”, contesta a LA NUEVA ESPAÑA.

–El covid obligó a aplazar hasta en tres ocasiones (o lo que es lo mismo, diez meses) las elecciones presenciales al Rectorado. Finalmente, serán telemáticas. ¿Se podría haber evitado este largo retraso?

–Yo creo que sí, y lo he dicho públicamente en varias ocasiones. Se podían haber tomado las decisiones y las contrataciones oportunas, como hicieron el resto de universidades españolas, para celebrar las votaciones el 1 de diciembre. Y esta no es una crítica a la Junta Electoral, sino al Rectorado.

–¿Hubo momentos de desesperación o desánimo?

–Por nuestra parte desde luego que no. Lo que hizo la pandemia y el confinamiento fue cohesionar más aún nuestra campaña y la plataforma de apoyos. Y creo que el retraso de las elecciones nos ha beneficiado y no perjudicado: se han visto las costuras de la gestión inexistente de Santiago García Granda. Ahora bien, toda esta situación tan extraña ha provocado una sensación de falta de ambiente electoral. Porque, claro, como ya no tenemos ocasión de vernos, de compartir opiniones en los cafés, de cruzarnos en los pasillos, de estar con los estudiantes...

–¿Qué hubiera hecho usted diferente a García Granda durante la gestión de la pandemia?

–Yo creo que, como decía, no ha habido gestión de la crisis sanitaria. Lo que ha hecho Santiago García Granda es eludir su responsabilidad y trasladársela a los centros y departamentos. ¿Qué hubiera hecho yo? Lo contrario: liderar la lucha contra el coronavirus. ¿Y cómo? Hubiera establecido un mecanismo de coordinación con centros y departamentos, porque ellos son los que mejor conocen la situación de cada lugar; aunque también hubiera fijado un marco común de actuación con diferentes escenarios. Hubiera creado un comité de salud, que hiciese de interlocutor con el Principado. Hubiera hecho PCR, cribados aleatorios como medida de control. Hubiera mantenido abiertos los laboratorios para contribuir a la lucha contra el covid...

–¿Se moja en la polémica de los exámenes presenciales?

–Tengo la impresión de que es una polémica que no tiene en cuenta la enorme complejidad y heterogeneidad de la Universidad. Faltó (por parte del Principado) un conocimiento más cercano y exacto de lo que hace la institución. Pero a mí lo que me preocupa de todo esto es que las relaciones entre el Principado y el Rectorado están rotas. Es curioso, porque Santiago dijo en el año 2016 que uno de sus propósitos era tener una relación más cordial con el Gobierno.

Ignacio Villaverde, ayer, en los exteriores de la Facultad de Economía y Empresa. Miki López

–¿Qué debe extraer la Universidad del covid?

–Lo primero de todo que somos una gran Universidad. Porque, a pesar de esa falta de gobierno, la institución ha seguido funcionando y muy bien, por lo que debemos sentirnos orgullosos. Por otro lado, tenemos que aprender a estar presentes en el ciberespacio. Esta es una Universidad presencial y no tiene que dejar de serlo, pero, sin duda, tenemos que aprender que las herramientas digitales nos pueden hacer mejores y estar más presentes en la sociedad y más cerca de nuestros estudiantes. Y otra enseñanza del coronavirus es la importancia que tiene la Universidad desde el punto de vista social: podemos transmitir tranquilidad y conocimiento. Podemos ser ese faro en la tormenta.

–La campaña electoral empieza mañana. ¿Cómo la plantea? ¿Será online?

–Será una campaña rara, como viene siendo todo este periodo. Evidentemente, la situación epidemiológica no nos permitirá hacerla presencial, como nos hubiera gustado. Será, por tanto, una campaña muy apoyada en las redes sociales y en las plataformas digitales. No obstante, y siempre con un escrupuloso respeto de las medidas sanitarias, intentaremos tener un mínimo de presencialidad.

–¿Cree que las elecciones telemáticas aumentarán la participación de todos los colectivos?

–Yo creo que sí. En el momento en que uno confía en el sistema, que debemos hacerlo, la operación de votar es sencilla y se puede hacer desde cualquier sitio y desde cualquier dispositivo. Ya no tienes que desplazarte, ya no tienes que ir a una mesa, evitas riesgos... Todo eso desaparece. Tú te levantas por la mañana y con el primer café puedes votar en tres minutos.

–Resuma los grandes ejes de su programa.

–Lo que buscamos es reinventar la Universidad, orientándola hacia objetivos. La institución tiene que saber hacia dónde va, porque de esta forma seremos más eficaces en la gestión. Tenemos también que reorganizar la Universidad desde el punto de vista estructural y personal. Tenemos que desburocratizar la institución para que recupere su espontaneidad. Y a partir de ahí, de esas ideas nucleares, queremos construir una Universidad pública, igualitaria, sostenible, eficiente, responsable y que rinda cuentas.

–¿Cuáles son esos objetivos hacia los que debe caminar la Universidad?

–Son cuatro grandes focos estratégicos, en los que somos buenos. Yo creo que las universidades ganan fuerza si se singularizan, no si se especializan. Es decir, no se trata de saber mucho de pocas cosas, sino de saber mucho pero de forma distinta a como lo hacen otros. Esos cuatro grandes ámbitos del saber, que además son transversales y en los que todos tenemos sitio, son: salud, sociedad digital, patrimonio cultural-histórico y transformación verde.

–A nivel económico, insiste en que no hay que pedir más, sino gestionar mejor.

–No podemos pedirle más a la sociedad asturiana, porque en este momento hay que atender otras urgencias. La Universidad debe dar ejemplo y poner todo su ánimo en gestionar mejor lo que tiene. Para eso necesitamos varias herramientas que ahora mismo no tenemos. La primera, implantar la contabilidad analítica. Ese esfuerzo hay que hacerlo, por muy ímprobo que sea, porque si no sabemos lo que costamos, no sabemos lo que valemos. También necesitamos reorganizarnos; tenemos una estructura muy ineficiente, porque está obsoleta y no atiende a las necesidades de la comunidad universitaria. Tenemos que ir hacia una estructura presupuestaria más descentralizada, que refuerce las economías de centros y departamentos.

–¿Ya tiene pensados los nombres de las personas que compondrían su equipo rectoral si gana las elecciones?

–Sí, ya tengo la estructura del equipo de gobierno, a la cual hemos dedicado mucho tiempo de reflexión, porque eso también forma parte de nuestro ánimo de modernizar la institución. Tenemos el equipo muy avanzado, pero permítame que, de momento, sea discreto y no avance nombres.

–¿En ese equipo habrá representación de todos los campus?

–Hemos buscado perfiles, no cuotas. Personas con una cierta juventud, que sean reconocidas dentro de la comunidad universitaria, que tengan una gran sensibilidad para la enorme diversidad de esta Universidad, que sean empáticas... Porque queremos una Universidad amable; hay que responder al teléfono, hay que contestar a los emails, hay que tener una sonrisa para mejorar el estado anímico de nuestra comunidad. Por eso, me hace gracia cuando Santiago habla de cuatro años de paz. Creo que confunde paz con su propia indolencia: como no hemos hecho nada, claro, todo está pacífico. Y dentro de esos perfiles también hemos buscado algo de experiencia en gestión.

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