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La Virgen de Covadonga barrunta brotes verdes y estrena atrevido modelo de manto "verde prau", obra de una modista ovetense

Marisa Antequera, extremeña afincada en Oviedo, dona un manto nuevo para la Virgen de Covadonga y ya cose otro morado para Semana Santa

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El vistoso manto que estrenó la Santina Eva San Román

Está confeccionado con tres metros de terciopelo verde y forro de gasa con encaje e incontables horas de puntadas de devoción y gratitud. Marisa Antequera ha bordado, y donado, el manto más reciente que luce la Virgen de Covadonga, “en verde prau”, con detalles de flores perfectas “en rosita y crudo” que costó recortar a la modista “más de una hora cada una de ellas”. El manto es “totalmente distinto” a los que la Santina conserva en su ajuar, reconoce la modista, ya jubilada.

El pasado domingo, cuando en la santa cueva había desaparecido el bullicio de visitantes u fieles, “al caer la tarde, casi en la entrada de la noche” y con “el recogimiento que merece el acto”, las religiosas de la congregación Carmelitas Mensajeras del Espíritu Santo, junto al sacristán Tomás Camblor, “cambiamos el atuendo a nuestra Madre”, explica la hermana Fabiola Pereira. Se trata de un ritual del que se hacen cargo “cada cierto tiempo” desde hace tres años las monjas de esta orden.

El manto, en detalle.

La donación que Marisa ha hecho a la Santina no es la primera, ni tampoco será la última. “Estoy cosiendo un manto morado para que lo luzca en Semana Santa, es precioso”, adelanta. Y espera que la crisis sanitaria amaine para poder llevarlo personalmente a la santa cueva y entregarlo en mano. Esos eran los planes cuando bordó y cosió el manto verde “y otro azul y rojo” que finalmente acabó remitiendo a Covadonga por mensajería. “Los tenía hechos y los íbamos a llevar cuando comenzó la pandemia”, lamenta. En el Real Sitio, las religiosas los recibieron con el mismo cariño con que habían sido enviados. “Escogimos el verde porque es el color que se puede poner en tiempo ordinario”, explica Fabiola Pereira. “Porque cada momento litúrgico tiene su color” y, aunque todos son bonitos, “este es muy especial”.

Las monjas Aretuza Capelari y Fabiola Pereira junto a las fieles Begoña Camino y Andrea García, ayer, en la Santa Cueva.

Marisa Antequera nació en Cáceres y, aunque se casó con un tevergano y vive en Oviedo, aún conserva su acento extremeño. Su idilio de fe con la Santina comenzó “hace muchísimos años”, pero su devoción, que comparte con la Virgen de la Montaña, “la de mi tierra”, se vio incrementada cuando llevó a cabo su primera donación textil.

Ocurrió hace casi cuatro años: “Una de mis hijas gemelas no se quedaba embarazada. Después de probar todo acabó desistiendo y asumiendo que, si no podía ser, no sería. Pero a ella le gustaban mucho los niños y pensé en hacer una donación y coserle un manto a mis Vírgenes, a la de la Montaña y a la de Covadonga. Un día que fuimos al santuario entré en La Casina, donde había unas monjas, y les pedí por favor el patrón. Después, fui a mi tienda de siempre, “Telas José Ramón”, de Oviedo, y comencé la labor. Ahora, por desgracia, la tienda ya ha cerrado, una pena porque sus telas eran una verdadera preciosidad”, lamenta. La donación se llevó a cabo y, “aunque no fue inmediato, el caso es que un tiempo después mi hija tuvo una niña, y ya disfrutamos de una nieta de 2 años, que se llama Berta”, explica orgullosa.

Después se le ocurrió tejer a la Virgen un manto verde “porque me parecía diferente. Yo le pongo fantasía a los mantos, no me ciño a la pasamanería dorada habitual, ni tengo un diseño previo, voy trabajando y viendo cómo completar según avanzo” . reconoce que ser consturera de la Santina le quita el sueño. “Muchas noches no duermo dándole vueltas a cómo puede quedar mejor, soy muy perfeccionista y me tiene que gustar a mí para entregarlo después”, reconoce. “Los hago iguales para la Virgen de la Montaña y para la de Covadonga, para que no se celen una de la otra, porque curiosamente les sirve el mismo manto y puedo usar el mismo patrón. El delantal, eso sí, es distinto”. Porque aunque aparentemente solo se vea un manto, la donación incluye un rostrillo para la cara, una puntilla y un delantal.

Marisa no sabría calcular cuántas horas invierte en la confección de cada manto, “los cojo y los sueltos, pero ¿horas? muchísimas, aunque no me importa, yo disfruto mucho haciéndolos” y ahora los fieles viéndolo. Ayer, a primera hora de la tarde, Andrea García y Begoña Camino acudían desde Cangas de Onís atraídas por la imagen del nuevo manto de la Virgen difundida por las redes sociales. “Es muy especial, por sus detalles; para mí, de los más bonitos que le he visto”, reconocía Andrea. Begoña prefiere verlo más “como un verde esperanza, que nos hace mucha falta”.

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