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Candidato a rector de la Universidad de Oviedo

Santiago García Granda: “Puede que algunos alumnos estén molestos, pero es imposible contentar a todos”

“Las decisiones de la pandemia fueron consensuadas” l “Urge reorganizar los campus, sobre todo en Oviedo” l “La Universidad es segura, no admitiré que toda la actividad académica sea online”

Santiago García Granda, candidato a rector de la Universidad de Oviedo: "Todas las decisiones que se tomaron durante la pandemia fueron consensuadas" Amor Domínguez/ Irma Collín

Aún con doble mascarilla –una negra con el símbolo de la Universidad de Oviedo y otra quirúrgica–, la sonrisa de Santiago García Granda se ve perfectamente. Cada poco se le achinan los ojos. Está eufórico. Porque ayer inició su carrera al rectorado, la segunda en su trayectoria académica, con un acto telemático en la Facultad de Ciencias, con “200 personas” virtuales. A juzgar por ese gesto en los ojos, la pandemia no le ha hecho ninguna mella. El catedrático de Química Física (Gozón, 1955) atiende a LA NUEVA ESPAÑA en el despacho institucional del Rectorado, ese que solo usa para “los invitados”, y en el que espera seguir recibiendo visitas otros cuatro años más.

–Ha vivido la pandemia de lleno. ¿Cómo ha sido gestionar la crisis sanitaria dentro de la Universidad de Oviedo?

–Tengo la impresión de que estamos haciendo historia cada día, porque esto jamás sucedió, al menos en los tiempos modernos. Al principio estás como en shock, pero después van saliendo las cosas y ya hasta te acostumbras. Empezar este curso fue una cosa como muy normal. No obstante, cada decisión fue una polémica. Siempre hay alguien a quien no le gusta la decisión que tomas, porque, claro, son unas circunstancias que nunca se han vivido y la gente reacciona de forma diferente. Tuvimos, por ejemplo, muchos problemas con los exámenes online, que decían que no se podrían hacer, y ahora tuvimos el problema inverso con las pruebas presenciales. En definitiva, ojalá nunca hubiese ocurrido, pero ya que ocurrió me parece un episodio –el del covid– muy importante en mi vida.

–Habla de decisiones polémicas como consecuencia del virus. ¿Cree que esas decisiones le pasarán factura en las urnas?

–Yo creo que no. Creo que las decisiones que se tomaron tienen un alto consenso en la Universidad. Pongo el ejemplo de los centros. Las facultades y escuelas tenían toda la información antes de yo hiciera cualquier resolución. Ahora bien, ¿que hay descontento entre el estudiantado? Sí, creo que puede haber malestar y se puede traducir en: yo a este rector no le voto porque me sentí mal. Y a lo mejor la culpa no es del rector, pero yo represento a la Universidad... De todas formas, una mayoría de personas, quizá el 50%, siente que se cumplieron los objetivos. Así que es un equilibrio, no puedes contentar a todos, eso es imposible. Y a quien está en el poder siempre le van a criticar por todo. Si tienes un rival no te va a decir que lo hiciste bien. Pero los mensajes que me han llegado a mí directamente de críticas son mínimos.

–Ha dicho en más de una ocasión, mismamente este miércoles, que su mandato ha aportado calma a la institución. ¿A qué se refiere?

–Puedo poner un ejemplo. El Consejo de Gobierno de la Universidad suele ser un órgano conflictivo, es en donde se debaten las decisiones y en esas decisiones siempre hay posiciones encontradas. A pesar de que lo abrí a todos los directores de departamento y de centro y se pasó de 50 a 80 personas, nunca, en estos cuatro años, llevamos un tema que fuese rechazado y un tanto por ciento elevadísimo de las decisiones se tomaron por asentimiento. Pero lo mismo ocurrió en el claustro: nunca hubo ningún tipo de follón. Tampoco se crearon conflictos especiales –hay conflictos, claro, pero muy pocos–. Los alumnos tienen derecho a huelga. ¿Y cuándo lo utilizaron? Solo una vez, el 8 de marzo, el día de la Mujer, porque querían manifestarse por una causa general. Pudieron usarlo para los exámenes presenciales y no lo hicieron.

–Con la evaluación presencial también hubo polémica con el Principado. Salud prohibió las pruebas en el aula, generando sorpresa en la Universidad.

¿Eso denota que no hay una buena relación entre el Principado y el Rectorado?–Fue la única vez que no estuvimos plenamente informados, sino más bien estábamos informados de lo contrario. Nosotros no esperábamos que saliera eso, fue una decisión de última hora que no sabemos muy bien por qué se produjo. Pero en el resto de las ocasiones, tuve un contacto directo con el Consejero por teléfono y por Whatsapp. Y lo mismo con el Presidente. Yo siempre tuve claro que las cuestiones académicas entran dentro de la autonomía universitaria, y las cuestiones sanitarias corresponden al Gobierno. De forma que si hubiesen incluido en la suspensión las prácticas de laboratorio, también las hubiera permitido. Porque tengo el convencimiento de que las universidades son los lugares más seguros comparados a cualquier otro. Con un supermercado o un instituto de educación secundaria, por ejemplo. Tú en un supermercado no te sientas a dos metros y cuando sales, sales ordenado. Por tanto, la Universidad es muy segura, pero hay gente que por la razón que sea siente que nosotros deberíamos hacerlo todo online. Y eso no puedo admitirlo. Yo no puedo admitir que se permitan ir a 300 personas a un campo de fútbol, sin controlar cómo van y cómo vienen, y no hacer pruebas presenciales con 100 en la Universidad. Otra cosa es que ahora quisiésemos dar clases presenciales en la situación que estamos; eso sería una irresponsabilidad por mi parte. Pero si se trata de una práctica en un laboratorio, sí lo permito.

–Una de las consecuencias del coronavirus fue el retraso en tres ocasiones de las elecciones a rector. ¿Se podría haber evitado?

–Yo creo que no. Convocamos las elecciones en plazo. El problema es que el 14 de marzo hubo que parar todo, no solo las elecciones. Y a partir de ahí, el proceso quedó en manos de la Junta Electoral Central.

–¿Y de forma telemática, como ahora?

–Podíamos haber previsto que las elecciones iban a ser telemáticas como otras tantas cosas. Pero, en primer lugar, no hubo consenso. Hubo manifestaciones, y esto lo sabe la Junta Electoral, contrarias a un proceso telemático porque decían que el equipo rectoral podía manejarlo y, por tanto, no se quería. Nosotros llevamos al Consejo de Gobierno la modificación del reglamento para incluir el voto telemático. Y todo esto no es una decisión del rector, de hecho, hubo discusión también con el sistema de doble autenticación. Hubo que contratar también a una empresa, que supone un desembolso, que al final es lo de menos. Así que llegamos a las votaciones telemáticas con la ventaja de que ya hay experiencias en España.

–¿Cómo planteará su campaña telemática?

–Yo creo que es una campaña distinta en la forma, pero la misma en el fondo. Yo hubiera ido hoy (por ayer) a la Facultad de Ciencias y hubiera tenido 50, 60, 25 personas, las que fueran, escuchando. Tuve 200 online, que no solo eran de ciencias, sino de otros centros. Los participantes incluso perdieron menos tiempo: se incorporaron cuando quisieron y marcharon cuando tenían que empezar una clase. Los procesos telemáticos han venido para quedarse porque tienen muchas ventajas.

–¿Cuáles son las líneas maestras de su programa?

–Yo diría que las fundamentales son tres. La primera: las personas. Es decir, tenemos que hacer que la Universidad sea atractiva para el trabajo de las personas, incluido el estudiantado. Después, es muy importante que la Universidad influya en el entorno. Me explico: que la institución aporte a Asturias. Y eso tiene que ver con las relaciones con el Gobierno, pero, sobre todo, con el tejido social y empresarial. Y la última pata es cómo nos ven desde fuera y cómo crecemos y nos comparamos con otras universidades.

–Si sale elegido de nuevo rector, ¿qué medidas urge acometer?

–En mi caso, sería seguir acometiendo. Lo más urgente es mejorar nuestras infraestructuras. Necesitamos hacer esa reorganización de campus y hacerlo cuanto antes con los problemas que hay en Llamaquique. No obstante, sabemos que no es para mañana. Por otro lado, se nos acerca seguramente un sexenio de docencia a través del programa “Docentia”, que hemos recuperado después de catorce años. Y también es muy urgente cambiar la ley del Consejo Social.

–¿Por qué?

–Somos unas de las pocas universidades que tenemos intervención previa. Eso significa que no podemos mover un dedo sin que nos fiscalicen y eso es un gran inconveniente. Estamos amordazados. Lo lógico sería tener una intervención a posteriori como pasa en otras universidades.

–¿La reestructuración de campus en Oviedo supondría la eliminación de Llamaquique?

–Solo mantendríamos para usos universitarios la Facultad de Geología. Pero todo eso depende de la cesión de terrenos del Cristo. Querríamos hacer una gran facultad de Ciencia, como tenemos proyectado en nuestro plan. El Milán se mantendría, aunque necesitaría un colegio mayor cercano. De todas formas, estamos hablando de planes a largo plazo. Mientras tanto, colaboraremos con la iniciativa privada, como hemos hecho con Caja Rural, para buscar algún espacio, donde podamos dar un poco de aire al campus de Llamaquique.

–Otra polémica en su recta final del mandato fue el retraso en la subida salarial de un grupo de investigadores predoctorales. ¿Cuándo recibirán el dinero?

–Es difícil decirlo, porque no depende de nosotros. Lo teníamos presupuestado y lo queríamos haber hecho en octubre pero no fue posible. Nos lo paró Intervención por sentencias contrarias en Cataluña. Y ahora estamos haciendo todo para intentar realizar las subidas en febrero o en marzo. Mientras tanto, hay un conflicto colectivo de CC OO, del que pronto saldrá la sentencia. A lo mejor tenemos que pagar y me encantaría pagar. Quiero encontrar una vía para ello. En cualquier caso, no es una situación única en España, sucede en otras comunidades.

–¿Ya tiene en la cabeza quién formaría su equipo? ¿Repetiría algún vicerrector/a?

–Bueno, alguno seguro que repitirá. Yo estoy muy contento con el equipo que tengo pero los equipos se desgastan –hablo en el sentido amplio, también de los directores de área–. Dentro de él, nunca hubo ningún tipo de conflicto grave más allá de los debates. A mí me gusta debatir y en los consejos se debate mucho. Seguiría con todos, pero hay que hacer cambios. Algunos ya están pensados y otros no.

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