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Ángel se despierta de la tercera ola: “El trato de los sanitarios es espectacular”

Crónica de tres horas de sonrisas y lágrimas con los profesionales, pacientes y familiares de la UCI del HUCA | “Aguantamos porque estamos todos a una, pero nos decepciona ver que en la calle hay gente que no responde”, dicen los sanitarios

"Estamos motivados pero muy cansados": el latido de la UCI del HUCA en la tercera ola de la pandemia Irma Collín/ Amor Domínguez

–Les llamamos de la UCI del HUCA. Pueden venir esta tarde a ver a Ángel.

Esta conversación telefónica tuvo lugar al mediodía de anteayer, viernes. Ángel está infectado de covid. Pocas horas más tarde, un hermano y un cuñado suyos están al pie de su cama ataviados de mascarilla, bata y guantes. Después de una semana intubado, acaban de retirarle el respirador. Poco a poco, recobra la consciencia y la orientación.

Ángel se despierta de la tercera ola: “El trato de los sanitarios es espectacular”

–Lo bueno es que vas a salir pronto de aquí, que esto es cosa pasajera. Lo has pasado mal –le dice su hermano Agustín.

El enfermo y su familia se muestran emocionados.

–No nos esperábamos poder verle tan pronto.

Ángel Francisco Suárez Valdés, ovetense de 49 años, ya tiene fuerzas para protestar porque quieren endosarle 50. Está de buen humor. Le comunican que en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) está un equipo de LA NUEVA ESPAÑA.

–Quiero decirles algo –transmite a la jefa de la UCI, la doctora Dolores Escudero.

Y habla para este periódico, casi entre sollozos:

–Lo que quiero decir es que el trato que recibimos aquí es espectacular. Por encima de lo profesional, se nos da un trato humano espectacular, de apoyo y de soporte constantes. Espectacular, desde el primero hasta el último. Lo mismo un médico que cualquier otro profesional.

Dolores Escudero (jefa de la UCI) y los médicos residentes Silvia Viñas y Salvador Balboa. | Irma Collín

Ángel Francisco ingresó en el HUCA a principios de la semana pasada. Pocos días después, el jueves, fue trasladado a la UCI. Según todos los indicios, tras unos días muy complejos, con ventilación asistida, ha superado el match-ball que le planteó el virus.

–Su situación es buena. Seguramente pasará a planta este fin de semana o el lunes, en planta estará unos días más y después se irá a casa –indica la doctora Escudero.

Su hermano y su cuñado, Ignacio Miranda, se muestran agradecidos y muy contentos.

–El encuentro ha sido increíble después de una semana muy complicada. Pero además hay que decir que los profesionales que nos hemos encontrado aquí también son increíbles. El trato humano, el cariño y la profesionalidad son una auténtica pasada. Estamos superagradecidos. Piensas que venir aquí va a resultar desagradable, y es todo lo contrario –enfatiza Agustín Suárez Valdés.

Las enfermeras Lucía Rodríguez y Clara Mourelo | Irma Collín

Allí cerca está María Jesús Romero, una de las supervisoras de la UCI:

–Estas visitas son muy positivas, tanto para los pacientes como para los familiares. No es lo mismo la información que podemos darles por teléfono que el hecho de que puedan verse.

Una reflexión de la supervisora constituye un aviso dirigido al conjunto de la sociedad:

–Si la gente viera esto, tomarían más conciencia de la necesidad de respetar las medidas de prevención.

La visita de LA NUEVA ESPAÑA a la UCI del HUCA comienza a las 15.00 horas del viernes. Por delante, un fin de semana que se presume intenso, dado el creciente número de enfermos que requieren ingreso. Silvia Viñas, médico residente de cuarto año, recibe una llamada que le habla de tres pacientes con covid: uno al que van a bajar desde planta a la UCI porque ha empeorado, otro que va a seguir en planta pero requiere vigilancia y un tercero al que envían ya intubado desde el Hospital Álvarez-Buylla, de Mieres.

Ahora mismo tenemos 45 enfermos de covid en las unidades de críticos del HUCA; en la segunda ola llegamos a 92, el 12 de noviembre –señala Dolores Escudero.

Por el momento, la mitad. Una comparativa que no debe dar idea de relax, porque además de enfermos de coronavirus hay otros con patologías muy diversas. Y porque nadie sabe hasta qué punto esta tercera ola pandémica va a atornillar a las cuatro UCI de los hospitales públicos de Asturias, que sobre el papel totalizan 323 plazas de las que anteayer –dato más reciente– 92 estaban ocupadas por enfermos de covid (el tope fueron 150 el 18 de noviembre). También conviene tener en cuenta que instalar camas de UCI resulta costoso, pero mucho más complejo es dotarlas de enfermeras, profesionales que escasean de forma preocupante.

Ante la presión que ejerce el virus, los médicos residentes han tenido que hacerse mayores en poco tiempo. Lo corrobora Salvador Balboa, MIR de quinto año, uno de los sanitarios que el pasado mes de octubre subió al escenario a recibir el Premio Princesa de Asturias otorgado a los profesionales sanitarios de toda España por su brava pelea contra la pandemia:

–Estamos todo el día sin parar, y a veces hasta puedes perder de vista que detrás de cada paciente hay unas familias y unas historias, que a veces son dramáticas. Luego, en casa, ya reflexionas. Los ánimos a veces decaen, pero le echamos garra y estamos dispuestos a afrontar lo que venga.

Los turnos de la UCI son muy exigentes. Silvia Viñas y Salvador Balboa están inmersos en un fin de semana con 54 horas de trabajo: de ocho de la mañana del viernes a dos de la tarde del sábado, y de ocho de la mañana del domingo a ocho de la mañana del lunes.

Control de enfermería de uno de los módulos de UCI_del HUCA. | Irma Collín

Dolores Escudero matiza lo relativo al cansancio:

–Esto es un esfuerzo colectivo. Los sanitarios estamos obligados a hacer nuestro trabajo, pero además toda la sociedad tiene que cumplir las medidas recomendadas. Nosotros estamos cansados después de tantos meses, pero el equipo está con mucha motivación.

El pasado día 11, unos 300 profesionales de la UCI del HUCA recibieron la primera dosis de la vacuna del covid. Si todo va bien, a principios de esta próxima semana recibirán la segunda. Siete días después, estarán protegidos frente al coronavirus, al menos sobre el papel. Ese momento se espera con ilusión. Amparo Rodríguez Díaz, auxiliar de enfermería, es una de las grandes veteranas de la UCI del HUCA, donde trabaja desde 1990. Sus padres tienen 88 y 86 años:

–Decidí autoconfinarme. Voy a casa de mis padres y no me quito la mascarilla. El día de Nochebuena, mi madre preparó la comida y yo me llevé mi túper para casa.

Lucía Rodríguez, enfermera, se muestra tajante, y se queda con ganas de serlo más:

–Aguantamos y trabajamos muy bien porque somos un equipo en el que estamos todos a una. Pero al salir a la calle te llevas una gran decepción al ver que hay gente que no responde en lo que está de su mano. Pero evidentemente trabajar para salvar vidas es un privilegio.

La auxiliar de enfermería Amparo Rodríguez | Irma Collín

Clara Mourelo, también enfermera, refuerza el mensaje:

–A los pacientes, que se han visto tan mal, les emociona salir adelante. Es como un regalo para ellos, y muchos se marchan llorando.

Como llorando de alegría se marchará a planta, hoy o mañana, Ángel Francisco Suárez Valdés.

Son las 18.00 horas. La batalla contra la tercera ola sigue su curso en la UCI del HUCA.

La supervisora María Jesús Romero. | Irma Collín

Ocho profesionales para dar un giro perfecto al paciente con respirador

Ha llegado la hora. Al paciente hay que darle la vuelta en su cama de la UCI del HUCA. Tiene una envergadura considerable. Puede rondar los cien kilos. Avisan a médicos, enfermeras, auxiliares y celadores. Hasta ocho profesionales intervienen en una maniobra que, mal ejecutada, puede incluso comprometer la supervivencia del enfermo. ¿Principal peligro? Que se le desprenda alguno de los tubos, vías y cables que le ayudan a mantenerse con vida. La parte más sensible es el tubo que va a la tráquea y al pulmón.

La palabra técnica es “pronar”: poner boca abajo, en posición de nadador, a un paciente con severas dificultades respiratorias, síntoma frecuente de los enfermos infectados por el covid. ¿Por qué se le prona?

–Porque mejora mucho la ventilación, la respiración. Se le colocan varias almohadas debajo como forro. El peso del corazón no cae sobre el pulmón izquierdo –explica Dolores Escudero, jefa de la unidad de cuidados intensivos del HUCA.

Una vez boca abajo, al enfermo hay que girarle la cabeza y los brazos cada tres o cuatro horas. A veces, también es necesario aspirarle secreciones.

¿Y por qué se le desprona (o supina)?

–Porque en posición de prono no pueden estar mucho tiempo. Están habitualmente 16 horas pronados y 8 horas supinados (boca arriba). Y, si hace falta, se repite el proceso.

Ha llegado la hora de despronar. El personal de la UCI rodea la cama del enfermo. Como si estuvieran envolviendo un caramelo, atan entre sí, por las esquinas y por otras zonas, la sábana que le cubre y la sábana sobre la que descansa. El enfermo tiene un tubo endotraqueal, un catéter venoso, una sonda vesical, una sonda nasogástrica... Y todo eso se puede desplazar en el momento de la maniobra:

–Tienen que actuar como un ballet, en perfecta sincronización. Y hacer esto a un paciente de 140 kilos no es fácil –precisa la doctora Escudero.

La maniobra se realiza en dos fases: en la primera se le deja apoyado sobre el costado, mientras se recolocan tubos y vías; en la segunda, se completa el giro y ya queda boca arriba.

–Uno, dos y tres –dirige la doctora Silvia Viñas.

Maniobra perfecta. La vida continúa.

Ocho profesionales de la UCI lo giran hasta ponerlo boca arriba. En la maniobra intervienen la médico Silvia Viñas; las enfermeras Carmen Péliz, Andrea Nieto y María Luisa Campillo; los auxiliares Alejandra Álvarez, Margarita Tejón y Juan Carlos Iglesias; y la celadora Ana Alonso. | Irma Collín

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